Este lunes 9 de noviembre se cumplirá un año del "Éxodo Sabalero", la movilización más grande ocurrida hasta el momento de una hinchada argentina hacia el exterior. Esa fecha, pero de 2019, 40.000 hinchas sabaleros coparon Asunción -capital de Paraguay- para ver a Colón jugar la final de la Copa Sudamericana ante Independiente del Valle. El acontecimiento fue de tal magnitud que a pesar de la derrota en los 90 minutos de partido, el Rojinegro se ganó el corazón del mundo que vio con asombro un evento que quedó grabado en la historia de los eventos deportivos.
En el fútbol, así como en la vida, el hincha apela a prácticas mágicas diversas o le reza a cualquier santo y dios para ayudar a su equipo a ganar. Por fortuna para el pueblo Sabalero, el padre Axel Arguinchona estaba de su lado y si el equipo no logró quedarse con la Copa no fue porque el Señor no atendió sus pedidos, sino porque el rival también juega su papel y, tal vez, sus rezos se hicieron oír con mayor fuerza o prometieron más cosas. Pero así como Dios quita, fue sabio al darle a Colón el honor de ser dueño de un acontecimiento que marcó el fútbol santafesino y argentino.
En la Parroquia San Agustín, el padre Axel rememoró con Aire Digital las vivencias que le dejó el viaje a Asunción para presenciar la final de la Sudamericana.
—¿Por qué fue a ver a Colón a Paraguay?
—Colón es un sentimiento muy especial. Tengo 60 años y empecé a ir a la cancha a los 10. Viví muchas cosas con una pasión muy grande, sin perder la cabeza pero con mucha intensidad. Era la primera vez que un equipo de Santa Fe llegaba a una final continental y era un momento particular. Este momento no me lo quería perder. No quería vivirlo a solas, sino con un montón de gente con las que nos identificamos con los colores.
—¿Quedó sorprendido por la gran movilización de gente?
—Colón siempre fue un club del que ni siquiera dependemos de los resultados. Cualesquiera que sean las circunstancias de nuestra vida es una hinchada que siempre está y que acompaña, aún en medio de la adversidad, la gente estuvo. Por eso no me extrañó, fue algo que ocurrió a nivel mundial.
—¿Cuándo tomó la decisión de ir a Asunción?
—En el partido que clasificamos a la final empecé a organizarme para ir. Siempre que Dios lo permita. Gracias a él pude llevarlo adelante.
—¿En qué fue?
—Fui en colectivo, salí el miércoles (6 de noviembre) a la mañana.
—¿Dónde se alojó hasta el día del partido?
—Fui a vivir con los guanellianos a Asunción. Viajé el miércoles a la madrugada y llegué a las 17 del otro día a Asunción. Pude llegar con tranquilidad. Quería ir a conocer una parte del pueblo paraguayo y hacerlo con tiempo, ya que tenía esa posibilidad.
—¿Asunción era una extensión de Santa Fe?
—El viaje fue muy tranquilo, pero desde el jueves, Asunción parecia Santa Fe. El viernes a la noche, el centro de la ciudad, en cualquier lado, era todo rojinegro. Y con mucha alegría, con mucha paz, eso me impresionó. El dia de la final, con esa adrenalina, tuve la posibilidad de ingresar al campo de juego y mirar las tribunas. Pude ver toda la alegría y el canto de un pueblo sabalero que estaba a muchísimos kilómetros de Santa Fe. Ver ese estadio pleno de los colores rojinegros fue una emoción muy fuerte en mi vida.
—¿En qué cambió el padre Axel que se fue con respecto al que volvió?
—Como le pasó a todo el pueblo sabalero, más allá del resultado, volvimos mucho más fuertes y convencidos de lo que significa Colón en nuestras vidas. Por supuesto que queríamos ganar, pero vuelvo mucho más colonista que antes. Más alla del resultado, el pueblo sabalero está diciendo que la historia sigue intacta.
—Se hizo viral un video suyo...
—Un grupo de una peña me pidió que haga un video para que de una bendición para ir hasta alla. Me puse esto (agarra su camiseta de Colón) en la iglesia de Paraguay y el video se viralizó por todos lados. Lo más importante es que la gente identificó los colores.
—Cómo explica que el fútbol pueda movilizar a tanta gente como lo puede hacer una religión
—Es algo muy especial. La pasión no tiene que hacernos perder el equilibrio, el fútbol evidentemente y la pasión por un club no tiene que llevarnos a olvidar por donde pasa lo más importante de nuestras vidas, que el amor al prójimo es lo primero. Un club nunca tiene que ser una diferencia para enfrentarnos.






