domingo 10 de octubre de 2021
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A 98 años de la pelea del siglo: la histórica batalla entre Dempsey y Firpo en New York

Hoy se cumplen 98 años del combate entre Jack Dempsey y Luis Ángel Firpo en el Polo Grounds de Nueva York. Luego del mismo, la presión popular provocó que se levantara la prohibición que regía sobre la práctica del pugilismo en la Argentina y el 14 de septiembre fue instituido como el Día del Boxeador.

En 1923, fue presentada por la prensa estadounidense como La Pelea del Siglo y, en 1998, la revista especializada Boxing Digest International la calificó como la mejor de todos los tiempos. ¿Cómo desmentir tamañas afirmaciones si, en los 237 segundos que duró, hubo sobre el ring un cóctel que resumió el alma misma del boxeo? En menos de un round y medio, la receta incluyó altísimas dosis de drama y gloria; alegría y tristeza; dolor y alivio; justicia e injusticia; furia a raudales, coraje ilimitado y cataratas de adrenalina.

Jack Dempsey, El Matador de Manassa, era el campeón mundial pesado y, Luis Ángel Firpo, El Toro Salvaje de las Pampas –tal como lo bautizara el periodista estadounidense Damon Runyon, quien también apodó Mauler al campeón y que, en slang, el lenguaje coloquial e informal del idioma inglés, definía así a este boxeador debido a su fama alcanzada por golpear muy duro a sus rivales–, sostuvieron un combate con el título en juego que, 98 años después, aún hace erizar la piel de quienes observan las imágenes de este pleito, que se disputó en el Polo Grounds de Nueva York el viernes 14 de septiembre de 1923.

Nadie la olvida, como tampoco a Jack Gallagher, el tercer hombre sobre el ring, un oscuro personaje quien, con mala fe, impidió una legítima victoria de Firpo y que, años después –ya prisionero del alcohol y con una profunda crisis depresiva–, se suicidó en la habitación de un hotel de mala muerte en La Gran Manzana.

William Harrison Dempsey nació en Manassa, Colorado, el 24 de junio de 1895. Fue el quinto hijo varón de los 11 que tuvieron Hyrum –un inmigrante irlandés con algo de sangre judía– y Celia, una joven de ascendencia irlandesa-escocesa por parte de padre y, medio india cherokee, por parte de su madre. En 1915, ya boxeador y, cuando entrenaba a las órdenes de su hermano Bernie, el futuro rey pesado cambió, en honor a Jack El Incomparable Dempsey –un gran campeón mediano de fines del siglo XIX–, el nombre William de nacimiento por el Jack de admiración. El 4 de julio de 1919, trituró en tres rounds a Jess Willard en Toledo, Ohio, y se consagró campeón mundial pesado. El 2 de julio de 1921 y, en su cuarta defensa, noqueó al francés Georges Carpentier en Jersey City, en la que fue la primera pelea de la historia cuya recaudación quebró la barrera del millón de dólares: ese día, 80.183 espectadores dejaron en las boleterías 1.789.238 verdes.

Luis Ángel Firpo nació en Junín, provincia de Buenos Aires, el jueves 11 de octubre de 1894. Fue el segundo hijo (y primer varón) de Agustín, un inmigrante italiano que llegó al país en 1887 y trabajaba en una zapatería, y de la española Ana Larrosa. El 10 de diciembre de 1917 realizó su primera pelea (que finalizó sin decisión en 6 rounds) ante el australiano Frank Hagney, quien era profesional. El 30 de abril de 1920, le GKO 1 al estadounidense Dave Mills en Santiago de Chile y se coronó campeón sudamericano pesado. Debutó en los Estados Unidos el 20 de marzo de 1922 (le GKO 7 al local Tom Maxed, en Newark) y, tras noquear en ocho rounds a Jess Willard en Jersey City el 12 de julio de 1923, tuvo su chance titular.

Luis Ángel Firpo, padre del pugilismo nacional.

Luego de que Dempsey retuviera su corona ante Carpentier, el promotor Tex Rickard le propuso a Jack Kearns, manager del campeón, combatir con Firpo y, en menos de dos semanas, se cerró el acuerdo. Pero, una parte muy importante de esta historia, se escribiría dos días antes del combate en el consultorio del doctor Aaron Walker, el médico de la Comisión Atlética del estado de Nueva York. Cuando éste revisó a Firpo, no lo podía creer: ¡tenía su húmero izquierdo fracturado! Cuando le dijo que así no podría pelear, Luis le respondió que la decisión de hacerlo era de su exclusiva responsabilidad, a lo que el facultativo, aún incrédulo, le recordó –como si hiciera falta– que combatiría en inferioridad de condiciones.

“I know” (“Lo sé”), cerró la charla Firpo quien, años después, fundamentaría el hecho de haber aceptado igual la pelea: “Dempsey no me habría dado otra oportunidad”, aseguró. Asimismo, William Muldoom, presidente de la Comisión, dijo que no aceptaría reclamos de ninguna de las partes tras el combate. Si hubiera imaginado lo que pasaría después, quizás habría hecho justicia y habría proclamado campeón mundial al oriundo de Junín…

Desde las 16, en un ex campo de polo llamado Polo Grounds, en la parte alta de Manhattan, una multitud se agolpó en la entrada: nadie quería perderse un combate que, como la mayoría imaginaba, sería durísimo, ya que chocarían dos trenes expresos. Dempsey tenía 28 años, dos meses y 21 días cuando enfrentó a Firpo, quien era casi nueve meses mayor (28 años, 11 meses y tres días). El Matador medía 1,83 metro, su pecho expandido llegaba a los 117 centímetros y, su peso oficial, fue de 87,300 kilos (hoy sería un crucero). Por su parte, el Toro Salvaje de las Pampas medía 1,94 metro (era 11 centímetros más alto que Dempsey), acusó en la báscula 98,200 kilos y, su tórax, se expandía hasta los 125 centímetros.

El legendario combate se disputó en el Polo Grounds de Nueva York el viernes 14 de septiembre de 1923. Fue la quinta defensa del título por parte de Dempsey, que se había coronado en 1919.

Poco después de las 19 –una hora antes del inicio de la velada que, incluida la estelar, contó con cinco peleas– el estadio estaba repleto. Las entradas más caras costaban 60 dólares; las más baratas, 3,30, incluidos 30 centavos de impuestos y, con una concurrencia de casi 86.000 espectadores, la recaudación fue de 1.188.603 dólares. La bolsa del campeón fue de 509.000 dólares, y Firpo cobró 156.250 de la misma moneda aunque, el promotor Tex Rickard, le había asegurado una suma “no menor” de 300.000 dólares.

En el ringside, entre otras personalidades, estaban el ex presidente Theodore Roosevelt, el periodista Joseph Pulitzer y el actor Tom Mix. Hubo 1.000 periodistas acreditados: 300 a la vera del cuadrilátero (los que precisaban mayor celeridad en la emisión y publicación de las noticias) y 700 en las tribunas (que trabajaban en medios que cerraban más tarde). Cubierto por una larga bata a cuadros amarillos y negros, que le llegaba a los tobillos y, con un pantalón violeta oscuro, Firpo subió al ring a las 21.55; poco después lo hizo Dempsey –con una bata y un pantalón blancos– y, la pelea, la primera de la historia en la que un boxeador argentino disputó un título mundial, comenzó a las 22.03.

Sin dudas, fue una batalla brutal y en la que nadie dio –ni pidió– cuartel. Dempsey, uno de los más sólidos campeones pesados de la historia, era un demonio imparable sobre el ring y, sobre todo, absolutamente letal en la corta distancia. En el primer round, Firpo cayó siete veces y, otras tantas, se levantó. En 1923, no existía la cuenta de protección de ocho segundos; tampoco, tres caídas en un mismo asalto determinaban el nocaut automático y, además, quien derribaba a su rival, no se iba a un rincón neutral, como en la actualidad: esperaba al lado de su adversario el cual, apenas se levantaba –incluso semiagazapado–, recibía una nueva andanada de golpes.

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Eso fue lo que soportó Firpo quien, pese a pelear con una sola mano –vale recordarlo– y haber besado la lona en siete ocasiones, atacó a Dempsey con una furia propia de su apodo. A puro coraje embistió al campeón, lo puso contra las cuerdas (muy cerca del propio rincón del retador) y, finalmente, lo conectó con una derecha devastadora que lo arrojó fuera del ring. Ante el asombro de todos, el Matador aterrizó aparatosamente sobre la mesa del neoyorquino Billy Kid McPartland, uno de los jueces del combate.

En el pasaje Barolo de Buenos Aires, se había montado un sistema de luces para conocer el resultado del choque. Si Firpo ganaba, se encendería una blanca y, si perdía, una roja. Al llegar la noticia de que Dempsey cayó del ring, el diario La Prensa hizo sonar su sirena, anunciando la victoria del Toro. Todo era alegría y festejos…

La aparatosa caída del campeón pesado fuera del ring, se produjo en el 1º round de la primera pelea en la que un boxeador argentino disputó un título mundial.

Pero, en forma maliciosa, el árbitro Jack Gallagher efectuó una cuenta muy lenta, mientras en el ringside ayudaban a Dempsey a reincorporarse y subir al cuadrilátero. Para reanimarlo, entre el comentarista Jack Lawrence y Perry Grogan, operador de la Western Union, le clavaron una estilográfica en el glúteo derecho al Matador quien, años después, al recordar el durísimo derechazo que recibió, afirmó con sinceridad: “Vi 12 Firpos”. El campeón estuvo 17 segundos fuera del ring –los 17 segundos de gloria del argentino–, mientras Gallagher no sabía más qué hacer para no llegar a diez y consagrar la victoria del Toro Salvaje de las Pampas, lo que debió haber hecho. Pero Dempsey finalmente subió al cuadrilátero y, la campana, dio por finalizado el dramático primer round.

En el segundo asalto, Firpo sufrió dos caídas más y, a los 57”, llegó el nocaut. “Es el mejor peleador con quien luché hasta ahora; me pegó más fuerte que ningún otro. Antes de la pelea me preguntaba si Firpo era un rival calificado… Sin duda, sí”, reconoció el campeón tras la batalla.

La pelea finalizó a los 57” del 2° asalto y, el campeón, retuvo su corona por nocaut. En total, Firpo cayó nueve veces: siete en el round inicial, y dos en el siguiente.

Todo pasó en menos de un round y medio: fueron 237 segundos electrizantes, que se convertirían en leyenda, al punto tal que, en su crónica de la pelea, el periodista Harry Newman, del Chicago Daily Tribune, describió: “Si en Marte hay habitantes, anoche habrán descubierto con sus telescopios una gran conmoción en la Tierra, justo donde está el Polo Grounds”.

El 23 de septiembre de 1926, Dempsey PPP 10 (unánime) ante su compatriota Genne Tunney, en el Sesquicentennial Stadium de Filadelfia y, su reinado, duró siete años, dos meses y 19 días. Intentó recuperar la corona en el Soldiers Field de Chicago el 22 de septiembre del año siguiente pero, Tunney, volvió a GPP 10 (unánime). Ésta fue la última pelea del Matador, quien se retiró con un récord de 66-6-11 (51 ko). Abrió un restaurante en Broadway, que cerró en 1973, y falleció en Nueva York el 31 de mayo de 1983, a los 87 años, cuando le faltaban 24 días para cumplir los 88. Fue sepultado en el Southampton Cemetery de Nueva York y, en su lápida, se lo recuerda como “A gentle man and a gentleman” (“Un hombre amable y un caballero”).

Por su parte, Firpo había dado por terminada su carrera en 1926 pero, diez años más tarde, decidió regresar. El 11 de julio de 1936, en su última pelea rentada y, tras ser derribado seis veces, PAb 3 con el chileno Arturo Godoy en el Luna Park. Por ello, anunció su retiro definitivo del boxeo y, a los 41 años, colgó los guantes con un registro de 31-6-0-2 S/D (26 ko). Luego se dedicó a sus negocios en el campo y, durante años, fue el representante en nuestro país de la Stutz Motor Company, un fabricante estadounidense de automóviles de lujo. El Toro Salvaje de las Pampas murió de un infarto el domingo 7 de agosto de 1960, a los 65.

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Ese mismo día, Carlos Monzón –el más grande boxeador profesional de nuestra historia– cumplió 18 años, pero nunca se conocieron. Los restos del juninense descansan en el cementerio de La Recoleta, en la Capital Federal y, en su bóveda, hay una estatua erigida en su honor, obra del escultor Luis Perlotti.

Los restos del Toro Salvaje de las Pampas descansan en el cementerio de La Recoleta, en la ciudad de Buenos Aires y, en su bóveda, se erigió una estatua en su honor, obra del escultor Luis Perlotti.

El lunes 5 de septiembre de 1892 se organizó un festival de boxeo en el Teatro de La Zarzuela, sito en Mitre 1445, de la Capital Federal. Hubo tres peleas y, en la de fondo, combatieron el londinense Tom Bull y el galés Alexander Gibb, oriundo de Glasgow. Según La Nación del martes 6 de septiembre, en primera plana y bajo el título “Asaltos a puñetazos”, el cronista que presenció el mismo fue durísimo con sus críticas.

“No puede darse nada más repelente para un teatro o cualquier sitio. El interés está en relación directa con la inhumanidad. En suma, una función que merece tener pocas análogas si el público de Buenos Aires quiere no presentarse reñido con el buen gusto”, escribió. La respuesta del Concejo Deliberante fue instantánea: el miércoles 7 de septiembre (al otro día de la publicación del artículo), prohibió la actividad en toda la ciudad. Pero, como en nuestro país muchas veces fuimos a contramano de la historia –así nos fue y nos va–, esa misma noche y, en New Orleans, James J. Corbett le GKO 21 a John L. Sullivan y logró el título mundial pesado, en la primera pelea con esa corona en juego donde los boxeadores utilizaron guantes (la anterior había sido a puño limpio en 1889). Años después, se pudieron realizar algunos festivales con permiso especial y, el 23 de marzo de 1920, se fundó la Federación Argentina de Box (FAB).

Tras Firpo-Dempsey, la presión popular fue tan grande que, el 3 de enero de 1924, se dispuso la creación de la Comisión Municipal de Box de la Capital Federal, que regularía la actividad en 30 días y, así, comenzó la era del boxeo moderno y “controlado” en nuestro país. En abril del mismo año, siete meses después de su derrota ante el oriundo de Manassa, la FAB le otorgó a Firpo la licencia profesional Nº 1 y lo proclamó campeón argentino pesado. El Toro Salvaje de las Pampas es el padre del pugilismo nacional y, años después, en honor a su épico choque con Dempsey, se instituyó al 14 de septiembre como el Día del Boxeador.

En septiembre de 1954, el Matador visitó Buenos Aires. Como no la conocía, hubo alguien que lo acompañó hasta el cementerio de La Recoleta a depositar una ofrenda floral en la tumba de María Eva Duarte de Perón; le mostró numerosos atractivos de la ciudad y hasta le hizo degustar un auténtico asado criollo. Ese guía fue Luis Ángel Firpo, su ilustre vencido 31 años atrás.

Y, si todavía alguien no cree en esta historia, sólo debe visitar el Whitney Museum of American Art en Mahattan, Nueva York, y observar una obra del reconocido artista local George Wesley Bellows, el más aclamado de su generación, pintada al óleo entre 1923 y 1924, y en la que Jack Dempsey sigue –y así seguirá– volando fuera del ring por toda la eternidad.

La obra “Dempsey and Firpo”, del artista local George Wesley Bellows, se exhibe en el Whitney Museum of Art de Manhattan, Nueva York. Fue pintada al óleo entre 1923 y 1924 y, también, se la conoce como “Dempsey through the ropes” (“Dempsey a través de las cuerdas”).

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