Pablo Manavella es investigador de Conicet y profesor en la UNL, conduce un grupo de investigadores en la ciudad de Santa Fe que descubrió una proteína clave en las plantas y su corazón siempre será de River Plate.
Quizá parezcan datos inconexos, pero no lo son. Manavella y su equipo hicieron un hallazgo trascendente que contribuirá a la adaptación de las especies vegetales a distintos ambientes y características. Y su corazón de riverplatense hizo que se le ocurriera una idea: de ahora en más, el mundo conocerá a esa proteína como CARP9.
Los papers científicos oficiales dirán que ese nombre significa en inglés "Constitutive Alterations in the Small RNAs Pathways 9 (CARP9) -Alteraciones Constitutivas en las Vías de los Pequeños RNAs 9-, pero Manavella y su equipo saben que, en realidad, se trata de un nombre creado para que coincida en español con Club Atlético River Plate. ¿Y el 9?... Es el número del uruguayo Enzo Francescoli, ídolo del club.
Enzo Francescolli en persona se comunicó con Manavella para agradecerle el gesto y ya coordinaron que, cuando pase la pandemia, se encontrarán cara a cara. Seguramente, hablarán más de fútbol que de agrobiotecnología.
Un dato más: al conocer la noticia, Enzo Francescolli en persona se comunicó con Manavella para agradecerle el gesto y ya coordinaron que, cuando pase la pandemia, se encontrarán cara a cara. Seguramente, hablarán más de fútbol que de agrobiotecnología.
En el programa Creo, que conduce José Curiotto en Aire de Santa Fe, Manavella explicó la importancia de este hallazgo de científicos santafesinos. Y también reveló detalles de cómo pensaron en ese nombre para la proteína encontrada.
"Se trata del fruto de años de trabajo y de investigaciones. Y a partir de ahora se abren numerosas posibilidades de continuar en la búsqueda y avanzar en aplicaciones prácticas", dijo Manavella.
Para lograr estos cambios, las plantas necesitan modificar rápidamente la expresión de ciertos genes, es decir la cantidad y el tipo de proteínas que se producen en respuesta al nuevo entorno. A través de un proceso denominado “silenciamiento génico” las plantas logran apagar genes de una forma extremadamente rápida y así adaptarse, ya sea variando su forma, tamaño, número de órganos y tasa de crecimiento, entre otras.
Las conclusiones de la investigación fueron aceptadas para su publicación en la prestigiosa Plant Physiology, una revista internacional dedicada a la fisiología, bioquímica, biología celular y molecular y genética de plantas.
“En el IAL estudiamos distintos aspectos de la biología de plantas, en mi laboratorio centramos nuestros estudios en las moléculas de ARN (ácido ribonucleico). En particular estudiamos los mecanismos de silenciamiento génico, donde cientos de genes son “apagados” en respuesta a una señal ambiental. Las plantas tienen la particularidad de que no se pueden mover cuando sufren cualquier tipo de estrés climático, para adaptarse prenden y apagan genes todo el tiempo. El ser humano si hace frío se abriga o busca un lugar que le de calor, las plantas no pueden”, comentó Manavella.
Las conclusiones de la investigación fueron aceptadas para su publicación en la prestigiosa Plant Physiology, una revista internacional dedicada a la fisiología, bioquímica, biología celular y molecular y genética de plantas, bajo el título “The intrinsically disordered protein CARP9 bridges HYL1 to AGO1 in the nucleus to promote miRNA activity”.
Sobre el trabajo
En el Laboratorio de Biología se estudian pequeñas moléculas llamadas micro ARNs. En las plantas estas moléculas se encargan de reconocer y “silenciar” genes que se expresan en el lugar o momento no deseado, permitiendo que la planta se adapte rápidamente a los cambios del entorno.
En particular CARP9 actúa como un armazón que permite ensamblar a su alrededor un complejo proteico que posibilita que los miARNs actúen de manera adecuada.
“En este proyecto buscábamos proteínas desconocidas que participaran en el proceso de silenciamiento génico. Para esto realizamos un screening genético y así descubrimos la proteína CARP9 que funciona como un puente anclando diferentes proteínas de la vía de silenciamiento permitiendo su correcta función. Si esta proteína no está ese complejo no se forma, las proteínas no se pueden juntar entre ellas y la planta se muere”, explica Manavella.
Los científicos saben que la comprensión profunda de los mecanismos moleculares de silenciamiento génico son esenciales a la hora de pensar en aplicaciones tecnológicas.
Los científicos saben que la comprensión profunda de los mecanismos moleculares de silenciamiento génico son esenciales a la hora de pensar en aplicaciones tecnológicas. Actualmente tecnologías basadas en silenciamiento génico son ampliamente utilizadas en distintas ramas de la agrobiotecnología, desde la eliminación de toxinas y alérgenos hasta la lucha contra plagas de insectos, virus y hongos. En este contexto poder manipular la vía, por ejemplo al controlar la actividad de CARP9, son hitos fundamentales para el mejoramiento de cualquiera de estas tecnologías.
River Plate y el eterno Enzo Francescoli
El nombre de esta proteína fue elegida por Pablo Manavella y tiene una motivación futbolística. “Al ser una proteína nunca antes descripta tuvimos la posibilidad de bautizarla y así surgió Constitutive Alterations in the Small RNAs Pathways 9 cuya sigla (CARP9), fue pensada como homenaje al Club Atlético River Plate y a Enzo Francescoli por su gloriosa trayectoria usando la camiseta número 9”, relata el director.
Por su parte, Francescoli no dudó en comunicarse con Manavella para agradecerle el gesto de haber nombrado el descubrimiento en su honor, y expresó que se siente “muy honrado y lleno de orgullo”. Luego lo invitó -poscuarentena- para encontrarse en Buenos Aires y charlar en persona. Asimismo el investigador, oriundo de Justiniano Posse (pueblo situado en el departamento Unión, al sudeste de la provincia de Córdoba), lo invitó a conocer el laboratorio y el ex jugador millonario aceptó entusiasmado.
Quienes colaboraron en la realización del trabajo fueron los becarios Ariel H. Tomassi; Facundo Romani y Lucía Gonzalo e investigadores del CONICET, docentes de la FBCB-UNL y miembros del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, UNL-CONICET: Delfina A. Re; Damián A. Cambiagno; Javier E. Moreno y Agustín L. Arce.
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