Todos los ojos están puestos desde hace dos semanas en Qatar, pequeñísima monarquía ubicada en la península arábica que ha organizado, según la propaganda oficial gubernamental y la de la FIFA, el Mundial de fútbol más sustentable de la historia. Ubicado en el medio del desierto, este diminuto país de apenas 11.500 kilómetros cuadrados de superficie y 2,5 millones de habitantes que busca avanzar en gestión de residuos, desalinización de agua de mar y desarrollo de energía solar, se focalizó en la construcción de estadios sustentables, con el estadio llamado “974” como su máximo exponente.
Para organizaciones ambientalistas globales como Greenpeace o Carbon Market, todo es marketing verde o “greenwashing”, algo así como una gigantesca operación de lavado de cara para una nación que es la segunda exportadora del mundo de gas natural licuado o GNL (106,1 miles de millones de metros cúbicos en 2020, según datos de Greenpeace), uno de los combustibles fósiles cuya explotación y uso explica en buena parte el calentamiento del planeta.
Estrategia de la FIFA
Muy cuestionada y salpicada por escándalos de corrupción relacionados con pago de sobornos para inclinarse por Qatar como sede, desde la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA) lanzaron un documento que cuenta la estrategia de sustentabilidad de la organización del Mundial, presentado como el más “eco-friendly” de la historia.
Desde la FIFA comunicaron que, a tono con lo que proponen los ODS (Objetivos de Desarrollo Sustentable) de Naciones Unidas, Qatar 2022 obtuvo la certificación ISO 20121, una norma internacional que establece los criterios para que evento pueda ser catalogado como sustentable. La base de todo es el documento “Sustainability Strategy”, que explica que se trata de un torneo “totalmente carbono neutro” y que es “un punto de referencia para la gestión ambiental”.
Para eso, la construcción de los estadios se hizo a partir de criterios de sustentabilidad como el uso de energías renovables -como la iluminación solar en los estacionamientos- y el montaje de un sistema de monitoreo de la calidad del aire. También se instalaron sistemas de riego con agua reutilizada en los parques que rodean a las nuevas construcciones, y se priorizó a la vegetación local para tener un “paisajismo sustentable”.
“Gracias a nuestra planificación de conservación del paisaje, el consumo de agua en los estadios operativos es un 40% inferior a los requisitos internacionales”, dice el documento, que agrega que tanto los nuevos campos de entrenamiento como la infraestructura de transporte público “fueron construidos según estándares internacionales de construcción sostenible”. Finalmente, a todo eso se sumó campañas de reciclaje y separación de residuos en todo el país.
También se destaca que en Qatar 2022, los 64 partidos del torneo se desarrollan en 8 estadios que están a apenas 55 kilómetros de distancia, lo que reduce al máximo la huella de carbono del transporte.
Un estadio reciclable
El estadio 974 es el máximo exponente de la propaganda de sustentabilidad de este Mundial. Tiene una capacidad para 40 mil espectadores y es el primer estadio cubierto desmontable y reutilizable por completo, al haber sido construido con contenedores y acero. Fue diseñado por la firma Fenwick Iribarren y está ubicado en la zona portuaria de Doha.
Su nombre, 974, es el código internacional telefónico de Qatar, y también el número exacto de contenedores marítimos que fueron utilizados para su construcción, a modo de un juego de Rasti o legos gigantes. “Decidimos hacer un estadio que desaparezca después del Mundial, que se pueda transportar, que se pueda desmontar y montar en el siguiente Mundial. Y, obviamente, la pieza de transporte mundial es el contenedor marítimo, es como el ladrillo del transporte, es como un Lego”, dijo Mark Fenwick, del estudio Fenwick Iribarren Architects (FIA).
Para los ambientalistas es greenwashing
Algunas organizaciones ambientalistas globales como Carbon Market Watch o Greenpeace han desmontado la propaganda verde de la FIFA y del gobierno de Qatar y exponen el tema desde otro ángulo: por un lado, denunciaron que Qatar adquirió créditos verdes de baja calidad para limpiar su imagen. “Es un enorme “greenwashing” y nada más, porque si bien el eslogan es que se trata de un mundial carbono neutral, la realidad es que es un evento muy intensivo en carbono”, dijeron desde la organización Periodistas Por el Planeta (PxP).
Desde Carbon Market Watch cuestionaron la contabilidad de emisiones que están haciendo la FIFA y Qatar y aseguraron que "no están basadas en ningún mecanismo probado o científico".
"Los cálculos utilizados para hacer que el evento parezca neutro en carbono ignoran algunas de las principales fuentes de emisiones, y los créditos que se están comprando actualmente para compensarlos tienen un bajo nivel de integridad ambiental, lo que significa que es poco probable que beneficien al clima", afirmó la organización.
Uno de los puntos que se discuten es que el país tuvo que construir toda la infraestructura necesaria para un evento como el Mundial, ya que carecía de casi todo lo necesario tanto por su pequeño tamaño como por su total y absoluta falta de cultura o tradición futbolera. “La construcción de los estadios requirió mucha energía proveniente del petróleo y además todos tienen aire acondicionado, que gastan muchísima energía”, agregaron desde PxP.
¿La fiesta de quién?
Qatar es el segundo exportador del mundo de gas natural licuado o GNL (106,1 miles de millones de metros cúbicos en 2020, según datos de Greenpeace) y la quema de combustibles fósiles es la principal razón del calentamiento del planeta.
“Los combustibles fósiles nos están llevando a la crisis climática y energética, no podemos dejar que países que viven casi completamente de ello se laven la cara y se presenten al mundo como socialmente aceptables. Necesitamos regulación que no permita el lavado verde y que fomente eventos deportivos que muestren al mundo que pueden ser 100% renovables” señalaron desde esa organización global.
Greenpeace también subrayó que las afirmaciones sobre la neutralidad del carbono del Mundial “son erróneas y engañosas” y representan “un ejemplo de lavado verde o greenwashing”.
Pero además de lo estrictamente ambiental, también existen muchos cuestionamientos a la falta de cumplimiento de leyes sociales y laborales mínimas en ese país: según The Guardian, más de 6500 trabajadores inmigrantes murieron en Qatar en la construcción de los estadios, desde que ese país resultó elegido como sede de la copa mundial de la FIFA en 2010.
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