Lucero Corrales es guardaparques, nació y estudió en Córdoba, pero desde hace un tiempo, tiene un trabajo muy particular: seguir los rastros de los apenas 20 ejemplares de yaguaretés o “tigre americano” que, se estima, habitan los 6 millones de hectáreas que conforman el Gran Chaco argentino, un ecosistema enorme y biodiverso que cubre porciones de las provincias de Salta, Formosa, Santiago del Estero y el Chaco.
Para eso montó, junto a otros integrantes del Proyecto Yaguareté, un sistema particular: una red de más de 150 personas que habitan o transitan ese territorio (campesinos, baqueanos, docentes, pequeños productores, investigadores, policías) que funcionan como “informantes” si detectan rastros del gran felino americano, en serio peligro de extinción en una región que supo ser su reino.
Proyecto Yaguareté
Desde hace 15 años, un grupo de investigadores y voluntarios del Proyecto Yaguareté (un trabajo conjunto Ceibas + Conicet) transitan las provincias del Gran Chaco a la búsqueda de las huellas del mayor felino de América. “El proyecto trabaja sobre tres dimensiones: la investigación, la conservación y la educación. Para eso, el contacto con los habitantes es clave para ampliar las posibilidades de detectar ejemplares de la especie” explica Lucero a la vera del riacho Bermejito, en el norte chaqueño, donde un grupo de periodistas entre quienes estaba esta cronista llegaron junto a un equipo de Greenpeace Argentina.
El sello del proyecto es lo que la guardaparque llama la “ciencia colaborativa y participativa”, donde los habitantes se convierten en actores fundamentales para aportar datos que ayuden a establecer la presencia de algún animal: huellas, arañazos, excrementos, pelos en alambrados, rugidos, avistajes…todo ayuda a armar un rompecabezas difícil por lo extenso del territorio y los recursos, más bien escasos.
Para eso, el primer paso es la educación, ya que casi todos los pobladores temen al animal: “al principio nos encontramos con mucha reticencia, la gente le tiene un miedo infundado al yaguareté, así que lo primero que hacemos con mucho respeto y paciencia es desmitificar eso con información científica” cuenta Lucero, quien recorrió junto a voluntarios más de 5 mil kilómetros durante 2021 en siete campañas de campo de entre 2 y 24 días de duración. “Es un trabajo artesanal porque lo primero es generar vínculos con las personas, una relación de confianza. Son datos muy guardados” agrega con tonada cordobesa.
El gran felino americano
El yaguareté (Panthera onca) es el felino más grande de América, y el tercero del mundo, luego del tigre asiático y del león. Mide entre 150 y 180 centímetros de largo, alcanza una altura de entre 65 y 80 centímetros y su peso ronda los 70 a 90 kilos. Tiene un rol clave en la cadena ecosistémica, ya que es el predador más importante de la región. En sus recorridos diarios, que pueden llegar hasta los 11 kilómetros de longitud, busca casi cualquier especie que habite en su territorio como tapires, pecaríes, corzuelas, carpinchos, yacarés, armadillos, serpientes, tortugas, aves y monos.
El corrimiento de la frontera agrícola y los cambios en el uso del suelo (deforestación de vegetación nativa para hacer ganadería y/o agricultura) afectaron su hábitat natural y la propia preservación de la especie, ya que para poder alimentarse y reproducirse los yaguaretés o jaguares precisan territorios de bosques continuos muy grandes (400 a 2.900 kilómetros cuadrados), según Greenpeace. “Es un predador tope que regula toda la cadena alimentaria. Ecológicamente está casi extinto en esta región, en peligro muy crítico. Hay tan pocos que ya dejó de cumplir su rol biológico, y eso tiene consecuencias imprevisibles sobre todo el sistema” explica Lucero mientras muestra folletos y un boletín (“El tronco donde se rasca el tigre”) que distribuyen entre los habitantes para mantenerlos informados.
Deforestación y caza, las mayores amenazas
El desmonte es la principal razón de la gravísima amenaza para la naturaleza en esta parte del país, que según datos de Greenpeace concentró el 75% de la deforestación argentina de los últimos 25 años. “La pérdida de su hábitat por el avance de la frontera agropecuaria es la principal amenaza para la especie, porque le quita espacio vital y además provoca que tengan menos disponibilidad de comida” grafica la guardaparque, que agrega que otro factor de presión histórico fue la caza.
“Históricamente fue un animal muy apreciado por los cazadores por su piel, pero también por cierta idea de honor, de hazaña o de valentía de matar un animal de ese porte. Otro ingrediente que incitaba a su caza es el temor que le tienen los pobladores, que lo mataban por prevención o para que no atacara” explica Lucero, quien aclara que desde hace varios años su caza está prohibida por ley y es un delito penal con duros castigos.
Juega la Corte Suprema
En 2019 Greenpeace presentó un amparo en defensa del yaguareté como especie ante la Corte Suprema de Justicia de Argentina para pedir deforestación cero en las provincias de Salta, Santiago del Estero, Chaco y Formosa al considerar que violan la Ley de Bosques porque permiten deforestación en zonas que deberían estar protegidas.
Fue la primera vez en la historia jurídica del país que se realizó una presentación en nombre de una especie y de los derechos de la naturaleza. A mediados de este año, la organización ambientalista fue convocada por la Corte para participar de una audiencia pública sobre el tema.
La ONG busca que la Corte, en primera instancia, saque una medida cautelar prohibiendo el desmonte en esa región mientras trabaja en la elaboración del fallo, que puede tardar años.




