La guerra de Los Sin Nadie en la frontera entre Venezuela y Colombia

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Germán de los Santos/Enviado Especial


CÚCUTA, COLOMBIA.-Aparecieron de golpe debajo del puente Simón Bolívar después del mediodía, cuando el sol aniquilaba a cualquier ser viviente en Cúcuta. Estaban transpirados y sucios. Eran unos 150 jóvenes que se habían apostado debajo del viaducto, del lado colombiano en la frontera, preparados para una batalla artesanal, con piedras y bombas molotov.

Sus enemigos, los miembros de paramilitares chavistas -los llaman colectivos-, estaban escondidos detrás de los pilares del puente a 50 metros de distancia. Y según ellos estaban armados, con escopetas y pistolas. Dijeron que de su lado habían muerto dos muchachos pero ninguna fuente oficial lo confirmó.

 

 

De sus enemigos chavistas solo los separaba el río Táchira, que a esta altura del año está seco, porque llueve muy poco en esta época en esta zona. La mayoría de los que querían batirse a piedrazos con los miembros de los colectivos chavistas eran jóvenes menores de 30 años. Pero entre ellos se mezclaban algunos encapuchados que decían que habían formado parte de los servicios de inteligencia del chavismo. En ese lugar nadie sabía quién era quién. Algunos se autoproclamaban como “los sin nadie”. A Guaidó lo acusaban de tibio y a Maduro de dictador.

 

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La revuelta coincidió con el discurso que dio Juan Guaidó en la cumbre del Grupo Lima, en Bogotá, donde anunció que persistirá en su objetivo de que ingrese la ayuda humanitaria a Venezuela. En esa reunión, de la que participó el vicepresidente de Estados Unidos Mike Pence, el presidente encargado dijo que había “llegado la hora de actuar”.

Era imposible confirmar si alguno de los jóvenes venezolanos crispados que estaban debajo del puente respondían a una estrategia política. No parecían organizados, aunque había un par de cabecillas que tenían voz de mando. De lejos estos jóvenes parecían temibles y lo querían demostrar, pero cuando uno se ponía a hablar con ellos no parecían tener una militancia política ni pertenecer a alguna agrupación partidaria. Eran muchachos marginales, que decían que querían volver a su país, pero querían que Nicolás Maduro se fuera.

Lo único que lograron fue llamar la atención de los medios de prensa que siguieron durante medio día las instancias de estos muchachos que pretendían batirse a duelo de piedrazos con los chavistas.

Cuando comenzaba a subir el ánimo de los jóvenes encapuchados, que querían atacar a sus enemigos con las bombas molotov que habían acopiado durante parte del día apareció un dirigente de los voluntarios que los hizo entrar en razón. Les dijo que el chavismo estuvo 20 años en el poder y no iba a caer en tres días.

Los pibes les pedían armas. “No es negocio guerrear con piedras y que contesten con balas”, dijo uno con la cabeza envuelta en una remera amarilla. “Si tuviéramos armas cruzamos y terminamos con esos asesinos”, bramó una joven con un casco de moto en la cabeza.

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“Ahí viene un guardia”, gritó uno que estaba en una loma junto al puente y todos salieron corriendo despavoridos. Era un efectivo de la Guardia Nacional que se había entregado y había cruzado el puente Simón Bolívar. Algunos hacían el rugido de los monos para festejar. Ya se rindieron cerca de 200 policías y militares. 

Del monto que bordea el río aparecieron unos 15 muchachos llenos de tierra y con una bandera venezolana. Estaban apostados en otro punto del límite entre la espesa vegetación. Desde allí tiraban piedras. Cuando salieron entre el cañaveral un joven que llevaba unas antiparras le dijo a uno de los dirigentes de los voluntarios que quería ir a rescatar a su hermano que estaba preso en el lado venezolano desde el sábado pasado.

Con el caer de la tarde se empezó a calmar la tensión. Pero los muchachos seguían ahí, a la espera de empezar la guerra a piedrazos.  

 

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