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Triple crimen de Florencio Varela: las claves para entender por qué debería ser investigado como femicidio

Tres abogadas, en diálogo con AIRE, explicaron por qué es importante enmarcar el triple crimen de Florencio Varela en la perspectiva de género y que la investigación considere los asesinatos de Brenda, Lara y Morena como femicidios.

Brenda y Morena tenían 20 años. Lara, 15. Luego de estar desaparecidas por varios días, los cadáveres de las jóvenes fueron encontrados en Florencio Varela. Los tres cuerpos presentaban señales de tortura y, si bien se habla de lazos de este triple crimen con el narcotráfico, una pregunta resuena: ¿fue un triple femicidio?

En un principio, la Fiscalía les atribuyó a los detenidos los delitos de "homicidio calificado" y "encubrimiento agravado". Al respecto, AIRE dialogó con tres abogadas y docentes que pudieran aportar un marco teórico al caso para intentar ver más allá de estos delitos y responder a la pregunta inicial. Si bien el caso aún se encuentra en etapas muy tempranas de investigación, hay algunos detalles que van quedando en claro y que permitirían considerar al caso desde la perspectiva de género.

El triple crimen de Florencio Varela: ¿femicidio o venganza narco?

Patricia Méndez Lissi, abogada especialista en violencia de género, resalta que, antes de intentar dilucidar si estos homicidios pueden encasillarse como femicidios, primero hay que comprender qué entendemos, en Argentina, como tal.

Analía Aucía, abogada, docente e investigadora de la UNR, cita al Código Penal. “El inciso 11 del artículo 80 del Código Penal, que fue un inciso que se incluyó en la reforma del año 2012, señala que habrá reclusión o prisión perpetua al hombre que matare a una mujer mediando contexto de violencia de género (...)”.

Lo que es clave destacar, entonces, es que cuando se habla de violencia de género, de violencia machista, de femicidio, no solo se habla de crímenes cometidos por una pareja o un ex, sino que son los crímenes en los que hay “comportamientos del varón que asesina que no los haría si la víctima fuera otro varón”.

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Analía Aucía. Abogada, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Rosario. Integrante del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM)

De acuerdo a las pruebas que hay hasta el momento se puede asegurar que el triple crimen de Florencio Varela no se trató de un femicidio vincular, ya que no había una relación de pareja entre las víctimas y los presuntos agresores. Sin embargo, esto no significa que no haya sido un femicidio. “El ensañamiento, la crueldad y las torturas aplicadas sobre el cuerpo de las jóvenes, que fueron mutiladas, y la espectacularización que adquirió esa tortura, son elementos más bien ligados a la forma en la que las sociedades tratan a la corporalidad de las mujeres”, continúa Aucía. “El poder se adquiere o se muestra por los bienes, por el territorio, la conquista de territorio y por el capital. Respecto de las mujeres, el dominio se expresa a partir de dominar y conquistar sus cuerpos”.

“Hay relaciones estructurales en la sociedad, en la cultura, que son jerárquicas, que son de desigualdad entre los sexos y esto es conocido, es sabido (…) Esta desigualdad estructural forma parte de la cultura. Hay que tener una mirada con perspectiva de género que implica reconocer estas desigualdades estructurales, que son desigualdades que se evidencian y están presentes en lo doméstico, familiar, en lo político, en lo económico, o en cualquier ámbito en las relaciones afectivas, en cualquier ámbito que nos movamos. Hay relaciones desiguales porque culturalmente hay una desigualdad que no logramos desarmar con las leyes, porque las leyes solas por sí mismas no transforman la estructura social”, explica Aucía.

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Uno de los puntos más terroríficos asociados a este triple crimen es la espectacularización del mismo. Según trascendió en medios de comunicación y redes sociales, la tortura y posterior asesinato de Brenda, Lara y Morena fue emitida a través de (al menos) una red social para un grupo cerrado de unos 40 miembros. Sin aventurarnos en la “razón” detrás del triple femicidio —ya que la investigación está aún en etapas muy tempanas— si podemos asegurar que “el asunto es que esos cuerpos aparecen mutilados, aparecen con signos de enseñanza, de crueldad por la tortura y esto forma parte incluso de la lógica de la espectacularización de los cuerpos de las mujeres que vemos este en cualquier tipo de red social”, dice Analía Aucía.

Paula Spina, docente y abogada de la UNL referencia el Protocolo Modelo Latinoamericano de Investigación de Muertes Violentas de Mujeres por Razones de Género, adoptado por distintos países de la región como guía para el abordaje riguroso de femicidios. Allí, se clasifican las muertes violentas de mujeres en diversos escenarios. Estos son varios pero el que parece ser relevante para el caso en cuestión es el que señala a los femicidios "en contexto de criminalidad organizada o economías ilegales".

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María Paula Spina. Docente de Familia de la Carrera de Abogacía de la UNL. Abogada, especialista en Violencias contra las Mujeres. Diplomada en investigación de femicidios y crímenes sexuales, y en Justicia y Género. Maestranda en Criminología y doctoranda en derecho. Tema de tesis: Sistemas de Protección Integral de las Mujeres.

Este tipo de femicidios tiene rasgos distintivos que el caso de Florencio Varela compartiría son la puesta en escena pública y cruel y la posible intencionalidad disciplinadora, de venganza o de ajuste de cuentas detrás del crimen.

Hablar de la exhibición de la tortura de las tres jóvenes nos lleva a analizar el valor simbólico que tienen los cuerpos de las mujeres en nuestra cultura. “Los cuerpos de las mujeres tienen una diferencia de los cuerpos de los varones, tienen un sentido simbólico diferente en la cultura. Y también tiene que ver con estereotipos de género, con cómo se concibe a las mujeres, a los varones, los femeninos, los masculinos” explica Aucía. Este sentido simbólico-cultural, la espectacularización del crimen, el ensañamiento sufrido por las tres jóvenes y el contexto de vulnerabilidad en el que Brenda, Morena y Lara (que era menor de edad) vivían, nos permiten hablar de un triple femicidio.

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La Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) y el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) enfatizan la obligación del Estado para prevenir, sancionar y reparar los actos de violencia por razón de género contra las mujeres. De esta manera, podemos hablar de una obligación del Estado a investigar estos crímenes en general –y el de Florencio Varela en particular– desde la perspectiva de género, entendiendo "que la motivación de género puede expresarse de múltiples formas, no siempre evidentes ni mediadas por relaciones íntimas, y que su omisión constituye una forma de impunidad estructural", agrega Spina.

Un concepto necesario para analizar este caso es el de interseccionalidad. "La mirada de género permite identificar cómo ciertas lógicas de poder operan sobre los cuerpos de las mujeres de manera diferencial", dice Spina. "Aplicar una perspectiva interseccional también permite comprender que no todas las mujeres son vulneradas de la misma forma ni en el mismo grado. Las adolescentes, las mujeres pobres, racializadas, en situación de prostitución o parte de redes ilícitas, suelen ser más fácilmente desechables para la sociedad, y sus muertes más fácilmente justificadas, silenciadas o estigmatizadas".

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Varios factores contribuyen a que el triple crimen de Florencio Varela pueda considerarse un femicidio.

En esta línea agrega que "frente a estos escenarios, la mirada de género no suaviza el análisis: lo radicaliza. Nos obliga a ir más allá del hecho puntual para entender las lógicas que lo hicieron posible y a poner en el centro de la escena a quienes, muchas veces, fueron expulsadas de todos los márgenes". Así, podemos comprender que aunque este triple femicidio haya tenido elementos eventualmente asociados al narcotráfico y al crimen organizado, también tiene características asociadas primordialmente al femicidio.

Triple crimen en Florencio Varela: la investigación

El sábado 20 de septiembre, por la noche, la madre de Brenda realizó la denuncia de desaparición. Brenda tenía un hijito, y la cantidad de horas que pasó sin comunicarse para preguntar por él hizo que la mujer sospechara que algo malo podía haber ocurrido.

Una vez que se activó el protocolo de búsqueda, la Policía comenzó la investigación, pudiendo confirmar que las tres chicas fueron vistas por última vez el viernes 19 de septiembre en la rotonda de una estación de servicio YPF. Según las imágenes registradas por las cámaras de seguridad, Brenda, Morena y Lara se habían subido a una camioneta blanca. Habían dejado la casa de Morena cerca de las 10 de la noche, supuestamente para ir a una fiesta. Para las tres de la mañana del sábado, los tres celulares de las chicas habían sido apagados de forma simultánea.

Los familiares de las chicas confirmaron que Brenda y Morena eran trabajadores sexuales y las versiones comenzaron a proliferar en las redes sociales. La hipótesis que cobró más fuerza establecía que las chicas habían acordado recibir USD 300 cada una a cambio de un encuentro con un cliente, la persona que supuestamente las había buscado por la YPF. Sin embargo, se supo más tarde que la patente de la camioneta había sido adulterada, por lo que había cada vez más motivos para sospechar de un crimen premeditado.

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Los cuerpos fueron hallados en un pozo ciego en una casa de Florencio Varela, mientras la investigación continúa bajo estricto control judicial.

Los cuerpos de Lara, Brenda y Morena fueron hallados en una casa de Florencio Varela, mientras la investigación continúa bajo estricto control judicial.

El miércoles, a partir del impacto de uno de los tres celulares en una antena de la zona, la Policía Bonaerense encontró los tres cadáveres, a más de 30 kilómetros de donde habían sido vistas por última vez. A medida que la información iba alcanzando los medios y las redes sociales, la realidad de las últimas horas de Brenda, Morena y Lara horrorizó a todos: las tres chicas habían sido torturadas en un crimen premeditado cuya causa aún resultaba incierta.

Cuando la Policía allanó la vivienda, se encontró con un panorama desolador: dos personas -que quedaron detenidas- limpiaban los pisos y paredes con lavandina y la tierra del patio estaba removida. Allí encontraron los restos descuartizados de las chicas.

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Luego de la detención inicial de los dos sujetos que limpiaban la vivienda, los efectivos detuvieron a otra pareja en un hotel alojamiento cercano. Una de estas personas, de nacionalidad peruana, fue vinculada por las autoridades al narcotráfico, lo que sirvió como puntapié para comenzar a dilucidar un supuesto motivo detrás del espantoso crimen.

La hipótesis que comenzó a manejarse entonces hablaba de una supuesta venganza, y las autopsias realizadas a Lara, Morena y Brenda reforzó esta percepción de los hechos: las tres habían sido torturadas y asesinadas por turnos, aportando credibilidad a la posibilidad de que el crimen se haya tratado de un “acto de disciplinamiento”.

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Los primeros detenidos por el triple femicidio en Florencio Varela.

A Lara le amputaron los dedos de la mano izquierda antes de matarla. Además, su cuerpo presentaba marcas de quemaduras compatibles con cigarrillos, una amputación parcial de la oreja izquierda y un corte en el cuello que le seccionó la carótida. Los peritos ubicaron su fallecimiento cerca de las 3 de la mañana del sábado, muchas horas antes de que se la diera por desaparecida.

Brenda Castillo murió a causa de una fractura de cráneo, pero su cuerpo presentaba aplastamiento facial, heridas punzocortantes en el cuello y un corte abdominal postmortem. Morena Verdi tenía una luxación cervical y muchos golpes en el rostro.

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Sin embargo, la crueldad de los homicidios no terminó allí: las torturas y eventuales asesinatos habrían sido transmitidos a través de Instagram para un grupo cerrado, formado por presuntos miembros de un clan narco. Así, se llegó a la conclusión de que el crimen habría sido en venganza, ya que alguna de las tres víctimas le habría robado droga a un miembro del grupo narco. El autor intelectual del crimen habría sido “Pequeño J” o “Julito”, un capo narco originario de Perú.

Este viernes, la Policía Bonaerense realizó un operativo en la villa 21-24, en busca de “Pequeño J”, quien permanece prófugo. Para el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, “Pequeño J” habría usado la tortura y posterior homicidio de Brenda, Morena y Lara para demostrarle a los miembros de su grupo de lo que es capaz, para que sepan lo que le pasa a la gente "que le roba”.

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