Mauricio Maronna murió este jueves en Rosario a los 57 años y dejó un enorme legado para el periodismo político argentino. Con sus entrevistas, sus notas de opinión y, sobre todo, con sus columnas de análisis, que cada domingo y cada jueves se leían con fervor, marcó un camino para las nuevas generaciones de periodistas. El vacío que deja su temprana muerte será muy difícil de llenar.
En los ámbitos del periodismo y de la política, muchos coincidieron con las posiciones de Maronna y mucho otros no, pero todos lo leyeron con devoción, casi como un deber. Por décadas, sus artículos y sus editoriales en el diario La Capital marcaron el pulso del debate político en la provincia, sin eludir nunca la cuestión nacional.
Maronna nació en 1963 en Teodelina, una pequeña localidad del departamento General López que hoy tiene ocho mil habitantes. Muy joven se fue a Rosario a estudiar Derecho “pero veía la carrera como una herramienta para hacer lo que realmente le gustaba y fue su pasión: el periodismo”, tal como recordaron sus compañeros de La Capital.
Sus inicios como periodista fueron en una radio de Teodelina. Ya instalado en Rosario, trabajó en Radio 2 y en Canal 3. En 1993 ingresó al diario La Capital, donde se desempeñó primero en la sección de Internacionales y luego en Política. Desde 1998 dirigía esa sección y además fue uno de los principales editorialistas del matutino rosarino en las últimas dos décadas.
Supo cultivar un estilo llano y a la vez refinado; sus notas de análisis no pretendían cerrarse a un núcleo rígido de lectores del círculo rojo –políticos, empresarios y dirigentes con poder de decisión–, sino que interpelaban a los ciudadanos de a pie, a los laburantes y a todo aquel que buscara interesarse en los debates sobre la cosa pública.
Lejos de la solemnidad de los editorialistas de antaño, introdujo en sus artículos el humor, la acidez, los juegos de palabras y un sinfín de referencias históricas, musicales y literarias que contribuyeron a perfilar un estilo muy particular, muy personal. Expresiones como “pobre Rosario” o “este país funciona de pedo” fueron un sello ineludible de su escritura.
Su profusa obra periodística y sus entrevistas con las principales figuras políticas de la provincia y del país, sumado al peso propio de un medio fundado hace más de 150 años como La Capital, lo posicionaron como un referente a nivel nacional. Él se lo tomaba con sorna y con el mismo tono coloquial podía hablar de música, de temas costumbristas o de sus reuniones mano a mano con presidentes y gobernadores.
Buena parte de sus experiencias periodísticas fueron volcadas en el libro Perro negro, editado este año por la UNR. Allí entrecruza reflexiones sobre el oficio, anécdotas personales, historias breves y comentarios sobre música, literatura y fútbol, sus verdaderas pasiones. Apenas dos días atrás presentó su libro en la universidad. Nadie esperaba este desenlace.
Música, libros y Newell’s
Una semblanza publicada este jueves en La Capital pone énfasis en la activa participación de Maronna en las redes sociales: “Encontró en Twitter un nuevo ámbito donde expresarse. Y donde dar a conocer no solo sus opiniones políticas, sino también su pasión por la música y la literatura. Se convirtió en un verdadero influencer, uno de los rosarinos con mayor número de seguidores en la red social del pajarito”.
En efecto, Maronna fue un periodista inquieto y su labor no se agotó en las páginas de La Capital. Lector fervoroso, fanático de la música y de Newell’s, supo compartir y discutir sus ideas con sus miles de seguidores virtuales. Casi no hubo tópico que le resultara ajeno: para todo tenía una opinión y nunca eludió los debates públicos.
Bohemio de la vieja escuela, pasaba las noches leyendo, escuchando música y escribiendo. Compartía compulsivamente esas experiencias en Twitter, del mismo modo que su mirada siempre ácida y exigente sobre su amado Newell’s. Se podía casi seguir el minuto a minuto de la Lepra a través de los posteos de Maronna.
Sobre el periodismo político
“Creo que es imposible hacer periodismo político de análisis sin tener un grado de cinismo. La política está llena de recovecos, de lugares para el abordaje. Todos los periodistas nacionales reportan a un ejército (macrista, larretista, kirchnerista). Hay medios que se quejan de las fake news y son una fake news. Yo me jacto de ser independiente, no objetivo, porque soy un sujeto”, declaró Maronna hace menos de un mes en una entrevista con la periodista Hinde Pomeraniec.
Estaba entusiasmado con su libro y ya planeaba la segunda parte: “Mi intención de ahora en más es seguir escribiendo. Y leyendo de manera casi compulsiva, como lo hago. Tengo casi terminado el volumen 2 de Perro Negro, pero que no se llamará así”.
A menudo los periodistas políticos se dejan atrapar por el microclima, por las minucias, por las intrigas de palacio. En sus textos Maronna hizo todo lo contrario: buscó tender un puente entre los problemas cotidianos de la gente y los dirigentes con responsabilidades de gestión. Ese acaso sea su mayor legado y representa un desafío para las nuevas generaciones de periodistas políticos.
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