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Actualidad Juan Pablo II |

Lo que contó el médico de Juan Pablo II sobre el atentado y la muerte del pontífice

Eran las 21:37 horas en Roma cuando el corazón del Papa Juan Pablo II dejó de latir. Quienes estaban con él, relataron en reiteradas ocasiones cómo fueron los últimos minutos del Santo Padre, el más carismático de la historia.

Renato Buzzonetti fue el médico personal del Papa Juan Pablo II, hoy santo de la Iglesia Católica. El profesional, que atendió a tres Papas, falleció en el 2017. “Nunca supe por qué me eligió precisamente a mí”, dijo Buzzonetti en una oportunidad. El profesional fue presentado a Juan Pablo II inmediatamente después de la primera bendición pública desde el balcón de la Basílica de San Pedro.

El médico contó que fue una experiencia importante a nivel tanto humano como profesional, rica de recuerdos imborrables. “Era un enfermo obediente", recordó en una entrevista en “A Sua Immagine”, pero apenas notaba síntomas de mejoría, el Papa "no dudaba en levantarse de la cama y en refugiarse en su capilla”, reveló.

Juan Pablo II
Juan Pablo II fue alcanzado por cuatro balas, dos de las cuales se alojaron en su estómago, otra le alcanzó en el brazo derecho y la última en la mano izquierda.

Juan Pablo II fue alcanzado por cuatro balas, dos de las cuales se alojaron en su estómago, otra le alcanzó en el brazo derecho y la última en la mano izquierda.

En sus palabras, citadas por el sitio Aleteia, Buzzonetti habló del día en que Juan Pablo II sufrió un atentado. Fue un miércoles 13 de mayo de 1981, en la plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano. Mehmet Ali Agca disparó contra el Papa cuatro veces mientras este entraba en la plaza.

“Nunca supe por qué me eligió precisamente a mí”, dijo Renato Buzzonetti.

A causa de los graves disparos, el pontífice perdió bastante sangre y tuvo que ser hospitalizado.

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El atacante de Juan Pablo II, el ciudadano turco Mehmet Ali Agca, fue detenido inmediatamente tras haberle disparado al pontífice y sentenciado a cadena perpetua. Luego de recuperarse, el Papa perdonó a Agca por haber intentado asesinarlo y le consiguió un indulto.

El atacante de Juan Pablo II, el ciudadano turco Mehmet Ali Agca, fue detenido inmediatamente tras haberle disparado al pontífice y sentenciado a cadena perpetua. Luego de recuperarse, el Papa perdonó a Agca por haber intentado asesinarlo y le consiguió un indulto.

“En la ambulancia rezó sin parar, repitiendo en polaco ‘Jesús mío, María madre mía’, hasta llegar al Gemelli, cuando después perdió la conciencia y se durmió tras suministrarle fármacos para la intervención quirúrgica”, contó el médico. “Ese hombre quería conocer el tercer secreto de Fátima con la fuerza”, dijo aludiendo a Alí Agca.

“En la ambulancia rezó sin parar, repitiendo en polaco ‘Jesús mío, María madre mía’", contó el médico personal del Papa.

El doctor Buzzonetti estuvo al lado del Papa hasta el último suspiro, que ocurrió en el 2005, cuando el mundo despidió al Sumo Pontífice más carismático de la historia. El profesional tomó de la mano al Santo Padre hasta sus últimos instantes: “Para el médico cristiano, a menudo desconocido ‘cireneo’, la agonía de una persona es el icono de la agonía de Jesús. La de Juan Pablo II fue la muerte de un hombre ya despojado de todo, que había combatido ‘la buena batalla’ y que había llegado al encuentro con su Señor. Cantamos el Te Deum, himno de alabanza y de acción de gracias que se fundía con la oración unánime de los fieles en la Plaza de San Pedro”, dijo en una ocasión Buzzonetti.

Juan Pablo II falleció el 2 de abril del 2005.
Juan Pablo II falleció el 2 de abril del 2005.

Juan Pablo II falleció el 2 de abril del 2005.

En un determinado momento, con un tono de voz debilísimo, apenas perceptible, Juan Pablo II dijo: "Dejadme ir con el Señor’", contó el cardenal Stanislao Dziwisz en su libro "Una vida con Karol". Y recibió algunas gotas de "la sangre preciosísima de Jesús", según escribió. "Eran las 21:37. Ya nos habíamos dado cuenta de que el Santo Padre había dejado de respirar. Pero solo en ese preciso instante ‘vimos’ en el monitor que su gran corazón, después de latir un poco más, se había parado. El doctor Buzzonetti se inclinó sobre él y, sin levantar apenas la mirada, murmuró: ‘Ha pasado a la casa del Señor'", relató Dziwisz.