Dos historia en una
Existen dos teorías de cómo la también apodada “La Pascualita”, llegó a la calle Libertad, en Chihuahua. La primera apunta a que la dueña la adquirió en Francia, cautivada por la belleza, y por eso mismo muchos la llamaron así. De todas maneras, hay otra versión que indica que mientras que la consiguió en la tienda “El Puerto de Liverpool” mientras compraba telas, azahares, ramas y todo lo necesario para los vestidos de novia, cuando se percató de la misteriosa mirada de un maniquí en la tienda. Intrigada y con miras a decorar las vidrieras y los muestrarios del local, la dueña quiso comprar el maniquí, y ante la extraña petición, los dependientes se negaron. Fuera de sí, con mucha insistencia y como si su vida dependiera de ello, la comerciante amenazó con dejarlo todo y no comprar nada, y para evitar la pérdida de una cliente frecuente y de abultada cuenta, accedieron a vendérsela.
A partir de entonces, y como suele suceder cuando van creciendo historias que terminan en leyendas urbanas, el común de la gente comenzó a llamar al maniquí “La Pascualita”, en parte en honor a su dueña, pero también, y porque hasta entonces pocos lo habían notado, debido al asombroso parecido físico entre la comerciante y el nuevo chiche que exhibía.
Dueña de chichuahuenses
“Tenía un mejor acabado en la cera, sus ojos eran de cristal, su pelo y sus pestañas eran implantes de verdadero pelo y pestañas, y su expresión, a diferencia de las de tantos maniquís de mirada inerte, era viva y reflejaba emociones, cual si estuviese dotada de humanidad”. Una frase que se leyó por años en todo el norte mexicano, describía cabalmente a lo que, para toda una población, no era un simple maniquí. Es que “La Pascualita” literalmente se robó el corazón de los habitantes de la ciudad e incluso fue calificada como “la novia más bonita de Chihuahua”. Aunque inspiraba a muchos, otros se sintieron ofendidos con los rumores de la posibilidad de que estuviera viva y no repararon en quejarse con la comerciante, por la “inmoralidad” y los “actos de transgresión hacia Dios” por tener a una mujer viva y a la vez cautivaba, según expresaban.
Arranca la leyenda
Pese a todas las historias, favorables y de las otras, La Popular se llenó de misterio a partir de la década de los 60, pues en torno al maniquí se generaron una gran cantidad de rumores. Por ejemplo, de mencionaba que la novia que coronaba los mejores diseños de la tienda, estaba viva y era capaz de moverse en la noche cuando el local se encontraba cerrado. Otros, en tanto, afirmaban haber visto cómo el maniquí les sonreía cuando pasaban por la calle, por lo que quedaban extasiados.
De todas maneras, la leyenda le dio paso al mito cuando Pascualita Esparza Perales de Pérez, para muchos la original, falleció en 1967.
Surgen temores
Quienes concurrían por entonces al local y pasaban por la vidriera donde se encontraba “La Pascualita” afirmaban que sentía cómo el maniquí les seguía con la mirada. Otros, en cambio, decian que por unos segundos se le podían ver pequeñas venas rojas en sus bellos ojos.
Relatos de aquellos años aseguran de casos de empleadas que renunciaron al empleo porque la vieron llorar y moverse. Otras se negaban a vestirla con la última colección porque le aparecían venas verdosas en las piernas que luego desaparecían, o se resistían a bañarla con champú como lo exigía su guía de cuidados.
¿Será cierto el rumor?
Aunque las diferentes teorías apelan en todo momento a hechos paranormales, algunos investigadores han señalado que con la muerte de la dueña, su espíritu se adueñó del cuerpo del maniquí para seguir vagando la ciudad. La otra versión, quizá la más popular en Chihuahua, hace mención enfáticamente al fallecimiento de una presunta hija de la comerciante.
En esa segunda mirada, la leyenda cuenta que La Pascualita, dueña de La Popular, sufrió la pérdida de su hija cuando ésta esperaba a su prometido en el altar de la iglesia. Un bicho, escondido entre las flores de la coronita de novia, bajó para darle una mortal picadura en el cuello, que no resistió.
Una segunda versión de esta segunda teoría indica que su hija pudo haber sido asesinada en el altar por un amante celoso, quien llevado a la depresión por la boda de su amor con otro hombre, le arrebató la vida. Llena de dolor, Pascualita decidió embalsamar a su hija, recubrirla de parafina y cera, y vestirla con los más hermosos vestidos. Así, su hija tendría un eterno homenaje en la vidriera de su tienda, recordándola en su momento más bello y plena de felicidad.
Pero hay más versiones. Hay una tercera historia que habla de que la supuesta hija se había enamorado de un taxista pobre y que la madre no estaba contenta con esta relación, la cual quiso acabar por su cuenta y según trascendidos, la suegra mató al yerno y la chica, despechada, se tiró por un barranco. Otros en cambio afirman que la chica se suicidó y que cuando ve un taxi conducido por un joven taxista, se sube al vehículo de alquiler y desaparece.
La contradicción
Generalmente, toda leyenda se suele contraponer con la realidad, y en la historia de La Pascualita, hay un tema que no cierra. Es que los registros oficiales de Chihuahua señalan que el único descendiente de comerciante fue un varón de nombre Enrique, de quien no se tuvo ni noticias.
Crónica
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