martes 14 de junio de 2022
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A 35 años del levantamiento Carapintada y el fantasma del golpe de Estado

Esta sublevación militar les dio la ley de Obediencia Debida, asegurando años de impunidad a policías, agentes y oficiales involucrados directamente en el genocidio.

El 16 de abril de 1987 comenzó el ahora conocido como “levantamiento carapintada de Semana Santa ”. Ocurrió durante la presidencia de Raúl Alfonsín y trajo a la memoria de los argentinos el fantasma de un posible golpe de Estado. Para 1987, el Congreso Nacional había aprobado la ley de Punto Final, declarando prescriptas las causas por delitos de lesa humanidad que no se hubieran iniciado para 1986. Sin embargo, para gran parte de los militares eso no era suficiente. Su objetivo era desactivar del todo los innumerables procesos judiciales por violaciones a los derechos humanos que se habían puesto en marcha luego de la vuelta a la democracia en 1983.

La toma comenzó cuando el mayor represor del ejército, Ernesto Barreiro, fue detenido. Este se negó a declarar ante la Cámara Federal de Córdoba por los delitos de tortura y asesinato de los cuales estaba acusado. El personal de comando se negó a entregarlo a las autoridades y se acuarteló, junto a otros 130 militares que se amotinaron en el Comando de Infantería de Córdoba, dando comienzo al primero de una serie de levantamientos carapintadas. Se los llamó de esta forma porque los militares se habían pintado la cara como era costumbre hacerlo al ir a la guerra.

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Aldo Rico en el levantamiento de Semana Santa

Aldo Rico en el levantamiento de Semana Santa

Durante más de cien horas, los subordinados del teniente coronel Aldo Rico mantuvieron en vilo al país reclamando “solución política” para los cientos de citaciones judiciales contra oficiales por las graves violaciones a los derechos humanos de los que se los acusaba. Estas violaciones habían tenido lugar durante la dictadura cívico-militar que había concluido cuatro años antes. Los amotinados demandaban, además, el alejamiento del generalato, buscando despegarse de la responsabilidad de la represión e invocaban su condición de excombatientes en la Guerra de Malvinas.

Las demandas militares fueron recibidas con un amplio rechazo en la ciudadanía, que salió a las calles en forma espontánea para apoyar al sistema democrático. Marchas diarias se llevaron a cabo empezando el Jueves Santo, que tuvieron su clímax el Domingo de Pascua en Plaza de Mayo. Fue ese domingo, al mediodía, cuando el presidente Raúl Alfonsín firmó lo que se llamó el Acta de Compromiso Democrático en la Casa de Gobierno. El presidente se trasladó a Campo de Mayo para reunirse con los rebeldes, que exigían esto como condición de rendición.

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Miles de argentinos apoyando la democracia en Plaza de Mayo

Miles de argentinos apoyando la democracia en Plaza de Mayo

A las 18:07 de ese día, el presidente dio su famoso discurso desde el balcón de la Casa Rosada: “Para evitar derramamientos de sangre di instrucciones a los mandos del Ejército para que no se procediera a la represión. Y hoy podemos dar todos gracias a Dios. La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina”.