El lado invisible de la contaminación doméstica
Los actos cotidianos, repetidos por millones, terminan contaminando cursos de agua, napas y ecosistemas completos. A continuación, los hábitos más críticos:
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Tirar aceite por el desagüe. Un solo litro de aceite usado puede contaminar hasta 1.000 litros de agua, según la UBA. En Argentina se generan 124 millones de litros al año, pero menos de la mitad se recicla. Al llegar a ríos o lagunas, forma una película que impide la oxigenación y daña el ecosistema acuático.
Descartar medicamentos en inodoros o basura. El Servicio Geológico de EE.UU. encontró fármacos en el 80% de los cursos de agua. Los compuestos alteran la química del agua y afectan la fauna y, potencialmente, la salud humana.
Verter productos químicos sin tratamiento. Pinturas, fertilizantes o pesticidas mal eliminados contaminan aguas superficiales y subterráneas. Según la EPA, un galón de aceite de motor (3,7 litros) puede arruinar hasta un millón de galones de agua.
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Uso y descarte de plásticos de un solo uso. Apenas el 8% se recicla, advierte la FAO. Microplásticos ya fueron detectados en alimentos, tejidos humanos y agua embotellada.
Lavar autos o veredas con manguera. Este hábito desperdicia cientos de litros. Algunos municipios ya regulan su uso, pero aún es común en barrios y espacios públicos.
Dejar correr el agua durante la higiene. Al ducharse o cepillarse, se pierden entre 10 y 20 litros por minuto. La investigadora María Victoria Periago, del CONICET, recomienda cerrar la canilla entre pasos y abrir solo para enjuagar.
Tirar restos de comida o productos de limpieza por la pileta. Estos desechos alteran el funcionamiento de plantas potabilizadoras y agravan el problema en zonas sin infraestructura adecuada.
Agua bajo presión: consumo y desigualdad
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que cada persona dispone de 580 metros cúbicos de agua dulce al año. Pero la distribución es desigual: el 69% se usa en agricultura, el 21% en la industria y apenas el 10% en los hogares. En América Latina, esa proporción doméstica baja al 8%.
Mientras tanto, más de 2.000 millones de personas no tienen acceso a agua potable, según la OMS. La contaminación por escorrentía agrícola e industrial es una de las principales causas.
La crisis se agrava por amenazas invisibles como los microplásticos y residuos farmacéuticos, que no solo afectan a la biodiversidad sino también a la calidad del agua para consumo humano.