Del encierro al mercado laboral
En sus inicios, la cooperativa se conformó dentro del penal con talleres y capacitaciones sobre cooperativismo, dictados por profesionales de distintas áreas. El objetivo: comprender que cada integrante es socia y dueña, con derechos, pero también con obligaciones. “Nosotras competimos en el mercado como cualquier empresa: pagamos alquiler, servicios y nos sostenemos con nuestro trabajo”, explicó Sandra Valdés, presidenta de Manos Libres.
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Hoy son diez integrantes, en su mayoría mujeres de entre 45 y 55 años, que trabajan en blanqueamiento, desmanchado y planchado de prendas y mantelería, además de ofrecer servicios especiales para camisas y textiles delicados. Mantienen una rutina de trabajo organizada, con roles definidos y un fuerte compromiso por cuidar las herramientas y el espacio que comparten.
Apoyo institucional y proyección
El proyecto cuenta con el respaldo del Programa de Economía Social y Solidaria de la UNL, que acompañó la formación de la cooperativa, y con el aporte de organismos como el Conicet, el Ministerio de Ciencia y el Banco Credicoop. Estas alianzas permitieron incorporar equipamiento y mejorar las condiciones laborales.
Además de su actividad principal, la cooperativa apuesta por la conciencia ambiental: recicla aceite usado para elaborar jabones y controla el uso de agua en sus procesos. También participa en intercambios culturales y ha recibido reconocimiento de la Cámara de Diputados como “mujeres destacadas” por su aporte a la inclusión social.
Manos Libres no descarta ampliar sus servicios y abrir sucursales, con el objetivo de generar más puestos de trabajo y seguir demostrando que la reinserción laboral es posible cuando hay organización, acompañamiento y esfuerzo colectivo.