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De "Kechu" a "Garrafa": la emocionante historia detrás del nombre del perro más querido de la UNL

El perro de la Ciudad Universitaria fue bautizado en honor a un trabajador fallecido en pandemia. Su historia, el dolor de la hija y el adiós de la UNL.

La Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) ya no es la misma. Falta Garrafa, el perro que no solo era la mascota del predio, sino un integrante más de la comunidad académica, cuya muerte en los últimos días —tras un violento ataque— generó una ola de indignación y dolor en Santa Fe.

Un nombre, dos historias

Todos lo conocían como Garrafa (apodado así por su contextura robusta y su pelaje oscuro), para el personal de seguridad de la UNL siempre fue Kechu.

Ese nombre no fue al azar. Según se conoció diálogo con AIRE, el animal llegó al predio en 2018. "Le pusimos Kechu en honor a un compañero nuestro que falleció durante la pandemia. Era morochito, de patitas cortas y gruñón, igual que el perro", recordaron con emoción.

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Sheila, la hija del trabajador homenajeado, participó de la entrevista en el móvil de Juanchi Molina y compartió su conmoción: "Decidieron ponerle así por el parecido físico. Es muy fuerte escuchar que lo llaman por el apodo de mi papá".

Embed - Vecinos denuncian que el dueño del perro que asesinó a Garrafa los entrenaba para atacar

Un estudiante más en las aulas de la UNL

Garrafa no era un perro callejero común, era un perro "universitario". Con más de 5.600 seguidores en su cuenta de Instagram (@garrafa_unl), el canino participaba de las clases, dormía en la garita de seguridad y frecuentaba la cantina, donde alumnos y docentes se encargaban de que nunca le faltara comida.

"Entraba a las clases, se echaba en los pies de los chicos para que lo acaricien. Era el dueño de la facultad", comentó un docente durante la recorrida.

El trágico final que pudo evitarse

El lunes pasado, alrededor de las 8.30, la rutina de la Ciudad Universitaria se rompió. Según testigos y personal de seguridad, un hombre ingresó al predio con dos perros, uno de ellos raza Pitbull, que atacaron directamente a Garrafa.

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"El dueño venía caminando tranquilo por la vereda. Cuando los chicos empezaron a gritar por el ataque, él corrió, abrazó al Pitbull para que soltara a Garrafa, pero después se fue. Dijo que buscaba la camioneta y nunca volvió", relató Lucas, uno de los vigiladores que intentó separar la pelea.

Garrafa falleció a los pocos minutos debido a la gravedad de las heridas. Vecinos de barrio El Pozo aseguraron conocer al agresor y afirmaron que no es la primera vez que sus animales protagonizan ataques similares.

funeral garrafa (2)

Garrafa fue enterrado en la Ciudad Universitaria, al lado de "La Negrita", otra compañera de seguridad. Hoy, el lugar se llenó de flores y ofrendas de los alumnos.

El reclamo por la convivencia ciudadana

La muerte de Garrafa reabrió el debate sobre la tenencia responsable de mascotas y el cumplimiento de las ordenanzas vigentes en la ciudad. Marta, trabajadora del predio, enfatizó: "Hay una ordenanza para inscribir razas peligrosas, el uso de correa y bozal es obligatorio. Esto no fue un accidente, se podría haber evitado".

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Actualmente, los restos de Garrafa descansan en un sector verde cercano al cajero de la Ciudad Universitaria, junto a "La Negrita", otra perra fiel de la seguridad fallecida hace poco tiempo.

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