Según explicaron los damnificados, las estrictas reglamentaciones de la empresa prestataria (Litoral Gas) impiden colocar rejas o candados que obstaculicen la lectura del medidor, lo que deja las instalaciones vulnerables ante los delincuentes.
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La semana pasada fue particularmente crítica, con al menos ocho o nueve robos reportados en pocas cuadras. "Es un peligro porque tuvieron la 'delicadeza' o precaución de bajar la palanca de gas antes de arrancar los caños. Si no lo hacían, podría haber sido un desastre", advirtió otra frentista.
Ante la imposibilidad de proteger los medidores con barreras físicas, los vecinos han comenzado a adoptar una solución técnica: la instalación de caños "antirrobo".
"El caño que pusimos es antirrobo, no es de cobre: está autorizado por la empresa, es de acero y es recubierto en plástico. Es antirrobo porque no tiene poder de reventa", afirmó.