La frase que lleva tatuada en su piel —“hoy no es siempre”— resume su proceso interno. “Estaba en el sanatorio, aislado, y escuché a un entrenador decirla. Me hizo clic. Me di cuenta de que nada es permanente, ni lo malo, ni lo bueno”, relata.
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El vóley como refugio y trampolín
Desde los 15 años, el vóley fue parte de su vida. Jugó en clubes de Gálvez y San Carlos, y estaba a punto de sumarse a River Plate cuando ocurrió el accidente. Lejos de abandonar, su pasión por el deporte fue clave en su recuperación.
“Cuando me dieron la prótesis, me dijeron que me la pusiera con calma. Yo al rato ya estaba caminando por la plaza. No podía quedarme quieto. El deporte me preparó mental y físicamente para adaptarme rápido”, recuerda.
Cómo llegó a la Selección Argentina de vóley adaptado
La oportunidad llegó de forma inesperada. Primero lo contactaron desde Entre Ríos, pero Bruno dudó. Luego, lo llamó Mariano Montivero, entrenador nacional. “Ahí me lo tomé en serio. Lo hablé con mi familia, y dije: ‘ya fue, pruebo’. Y me encantó”, dice.
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Imagen ilustrativa: un partido de vóley adaptado.
El vóley adaptado se juega sentado, pero mantiene la intensidad del juego tradicional. “Las sensaciones en cancha son las mismas. Solo cambia lo visual. Es vóley puro”, asegura.
Viaje a Denver y el desafío de financiar el sueño
El próximo 21 de mayo, Bruno viajará con la Selección al Panamericano en Denver, Estados Unidos, donde competirán equipos de toda América. Sin embargo, los deportistas deben costear parte de los gastos.
“Nos cubren el viaje, pero los viáticos corren por nuestra cuenta. El alojamiento, las comidas, todo lo pagamos nosotros”, explicó. Una realidad que se repite en muchas disciplinas adaptadas y paralímpicas del país.
El impacto del deporte más allá de la competencia
Más allá de la alta competencia, Bruno destaca el valor humano del equipo: “Compartir con personas que pasaron por lo mismo me ayudó un montón. Me di cuenta de que muchas de las cosas que yo pensaba que eran malas, no lo eran”.
También hizo las paces con su entorno: “Al principio, me costaba que la gente me mirara, no lo naturalizan. Pero entendí que muchos lo hacen por curiosidad. Hoy trato de llevarlo con más calma”.
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