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Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad: desafíos y oportunidades para la inclusión

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es una condición neurológica que se presenta en la infancia pero que, en muchas ocasiones, puede permanecer “camuflada” y diagnosticarse en la adultez. Gabriel Ainciart, licenciado en psicología y presidente de Flendi, dialogó con AIRE sobre la problemática y los desafíos que esta representa a la inclusión.

Los desafíos del neurodesarrollo como el Trastorno por Déficit de Atención en Hiperactividad (TDAH) necesitan no solo un abordaje individual sino una mirada colectiva. La comprensión de las personas neurodiversas y su plena inclusión son objetivos que implican tanto acciones a nivel de la comunidad como políticas públicas.

Sobre esta problemática, AIRE dialogó con Gabriel Ainciart, licenciado en psicología y presidente de la Fundación Latinoamericana para el Estudio de la Diversidad y los Trastornos de Inicio en la Infancia (FLEDNI). El especialista llegó a Santa Fe para encabezar el conversatorio “TDAH: una mirada integral desde la infancia hasta la adultez”, organizado por el Concejo Municipal.

“Las instancias de concientización son oportunidades para que la gente aprenda sobre las personas con TDAH. Estas pueden tener desafíos —lo que antes llamábamos déficits— como inatención, impulsividad e interactividad; pero también tienen fortalezas y es necesario centrarnos en ellas, por ejemplo, suelen ser personas muy creativas y con mucha energía, una energía que es necesario controlar y focalizar”, explica el psicólogo.

Síntomas: una tríada siempre presente

Los primeros signos del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) pueden aparecer entre los 3 y los 7-8 años. Generalmente, se recomienda hacer el diagnóstico entre los 6 y los 8 años y no antes; ya que hay algunas cuestiones madurativas que pueden demorarse y confundir las señales.

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Ainciart es licenciado en psicología y presidente de la Fundación Latinoamericana para el Estudio de la Diversidad y los Trastornos de Inicio en la Infancia (FLEDNI).

El TDAH afecta el lóbulo prefrontal del cerebro, que trabaja particularmente en la organización, el control de los impulsos, la inhibición y la resolución de las tareas. Los rasgos nucleares de este trastorno conforman una tríada: impulsividad, inatención e hiperactividad. Los tres puntos tienen que presentarse siempre de alguna forma, resalta el psicólogo.

Sin embargo, Ainciart aclara que muchas veces estos síntomas se camuflan: “Hay ambientes que son quizás muy contenedores, reglados o estructurados que tienden a disimular o a compensar estos comportamientos. Trabajo en clínica y hago diagnóstico en la adultez y, cada vez con mayor frecuencia, tengo pacientes que de grandes se empezaron a preguntar si no tuvieron un TDAH”.

El diagnóstico como fenómeno colectivo

Para Ainciart es importante mirar este y otros trastornos desde una perspectiva comunitaria. En este sentido, señala que ya no se trata, como se hacía antes, de corregir o rehabilitar a la persona, sino de hacer cambios en el entorno. Es necesario generar accesibilidad para las personas que procesan lo sensorial de otra manera, y en este punto considera fundamental el rol de las políticas públicas.

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“Si tenés a un chico con TDAH durante una hora y media intentando que preste atención sobre la Revolución francesa, lo estás matando", dice el especialista.

El diagnóstico, según el psicólogo, es un fenómeno individual, en tanto que se trabaja en consultorio; donde, por ejemplo, se pueden dar estrategias para regulación emocional o para mejorar las habilidades sociales. Pero también es un fenómeno colectivo porque en el mismo está involucrado el entorno; es relacional, depende también de los demás.

“A veces se piensa al diagnóstico como una cuestión únicamente neuronal, como si no hubiese una interacción super intrincada y compleja entre las neuronas y el contexto. Es lo que, en términos científicos, se llama epigenética; que muestra cómo el ambiente influye en la respuesta neuronal. El TDAH es una condición del neurodesarrollo que la persona lleva toda la vida, pero la modulación es del ambiente”, detalla el especialista.

“Cuando nos preguntamos cómo generamos inclusión, estamos, si se quiere, colectivizando el diagnóstico. Estamos involucrando al otro porque vivimos en sociedad”, resume.

“La educación tiene que revolucionarse”

Respecto de la inclusión educativa de los niños y adolescentes con TDAH, el especialista indica que las adecuaciones pueden incluir acciones simples que colaboren con la necesidad de estimulación constante que ellos tienen de salir, correr, golpear, etc.

“Si tenés a un chico durante una hora y media intentando que preste atención sobre la Revolución francesa, lo estás matando. Entonces, se puede plantear una pausa activa cada 45 minutos, para que el alumno salga un momento y pueda volver al aula en una situación en la que de verdad pueda aprender”, sugiere el psicólogo mientras aclara que cada persona necesita adecuaciones particulares, por lo que es necesario trabajar caso por caso.

Agrega que también se puede pensar, con algunos recursos extras, en la creación de una sala de regulación sensorial con fidget toys —juguetes diseñados para ayudar concentrarse, calmarse y liberar energía nerviosa sin que resulten peligrosos— con luces cálidas, tenues y paredes rugosas.

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El profesional valora las instancias de concientización ya que son oportunidades para que la gente aprenda sobre las personas con TDAH.

Más allá de las posibles adecuaciones, Ainciart reflexiona sobre la necesidad de cambios profundos en el sistema educativo. “La escuela tiene recetas fijas que se aplican para todos los alumnos de la misma manera desde hace 100 años. La educación tiene que revolucionarse no solo para tener en cuenta la subjetividad neurodivergente, sino también la subjetividad de cada alumno”.

En el mismo sentido, agrega: “Se habla mucho de los problemas de aprendizaje, pero es necesario también que hablemos de los problemas del enseñar. Siempre se pone el foco en los chicos, pero también es un gran desafío problematizar la enseñanza”.

Políticas públicas de inclusión

Las políticas públicas juegan, en la mirada de Ainciart, un papel fundamental a la hora de incluir a las personas con TDAH. Al respecto, elaboró un proyecto que propone construir espacios de regulación sensorial en eventos masivos en la ciudad de La Plata.

Asegura que esta iniciativa puede trasladarse a un sin número de espacios como lugares de trabajo y organismos gubernamentales sin necesidad de grandes inversiones ni recursos. Se trata de pequeños espacios con luz baja, algunos puff, elementos de descarga sensorial y música calma; y no son necesariamente exclusivos para personas con este trastorno, ya que la accesibilidad beneficia a muchas personas, por eso se habla de un diseño universal.

Para finalizar, Ainciart invita a reflexionar sobre la importancia de que la sociedad conozca sobre esta problemática: “Tenemos que trabajar más minuciosamente porque las dificultades de una persona con autismo o TDAH no se ven, son invisibles. A alguien en silla de ruedas nunca le diríamos ‘dale, ponele voluntad, parate y caminá’; sería de una crueldad tremenda. Sin embargo, sí lo hacemos en estos otros casos. Es más difícil construir conciencia acerca de las neurodivergencias, porque son más complejas y no se ven. Por eso es necesario poner el tema en agenda, hablar y saber que estos trastornos existen, aunque no se vean a simple vista”.

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