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Salud mental en Santa Fe: alertan por una situación crítica entre los jóvenes vinculada al consumo

Un especialista advierte que la salud mental en Santa Fe enfrenta una crisis profunda con consumo de drogas cada vez más temprano y suicidios en alza.

El especialista sostuvo que se trata de un proceso que lleva más de dos décadas gestándose y que hoy se manifiesta como un “tsunami” que desborda al sistema.

Un problema que creció durante décadas

El diagnóstico parte de un recorrido territorial de más de 20 años. Según explicó Dalla Fontana, el origen se remonta a la salida de la crisis del 2001, cuando comenzaron a detectarse cambios profundos en los barrios más vulnerables.

En ese contexto, el trabajo social permitió observar cómo el consumo de drogas y los trastornos de salud mental crecían de forma sostenida, aunque sin un registro adecuado ni respuestas institucionales acordes.

Salud Mental (2)

El especialista también advirtió sobre el impacto de las redes sociales como un factor que profundiza la crisis.

“Lo que hoy vemos es un tsunami que se venía gestando hace más de 20 años”, aseguró.

Las cifras que muestran una crisis epidémica

Los datos disponibles permiten dimensionar la magnitud del problema. Antes de la pandemia, estudios oficiales ya indicaban que cerca del 30% de la población tenía algún trastorno de salud mental.

Trasladado a la ciudad de Santa Fe, esto implica que una proporción muy significativa de habitantes –más de 100 mil– podría atravesar este tipo de padecimientos.

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A nivel local, además, los indicadores más sensibles muestran una situación crítica especialmente entre los varones jóvenes, que se consolidan como el grupo más vulnerable. El suicidio en jóvenes aparece como uno de los datos más alarmantes.

El impacto del consumo masivo desde la adolescencia

El crecimiento del consumo es otro de los ejes centrales de la crisis. Un informe del DEMOS Centro Cultural y de Estudios revela que 8 de cada 10 jóvenes santafesinos consumieron sustancias psicoactivas al menos una vez.

El dato más preocupante es que la edad de inicio se ubica entre los 13 y 15 años, con el alcohol como principal puerta de entrada, seguido por marihuana, tabaco, cocaína y drogas sintéticas.

Este escenario se agrava con el policonsumo en edades tempranas y la consolidación de hábitos en la juventud. El consumo precoz expone a los adolescentes a riesgos cada vez mayores.

Los efectos de la redes sociales y pérdida de vínculos

Dalla Fontana también advirtió sobre el impacto de las redes sociales como un factor que profundiza la crisis. Según explicó, los algoritmos actúan como una “nueva agresión ambiental” que incrementa el aislamiento y debilita los vínculos sociales.

A esto se suma la dificultad de los jóvenes para hablar sobre estas problemáticas en sus entornos más cercanos, lo que limita la posibilidad de detección temprana y acompañamiento.

“No hay una condena clara al consumo, y eso hoy se refleja en hospitales y guardias”, sostuvo.

Una “bomba fiscal” que desborda al Estado

Dalla Fontana planteó que el problema excede lo sanitario y se transforma en una crisis estructural que afecta a todo el sistema.

El aumento del consumo, los trastornos mentales y la falta de contención generan una presión creciente sobre hospitales, escuelas y programas sociales, configurando lo que definió como una “bomba fiscal”.

En ese sentido, advirtió que ningún sistema puede sostener en el tiempo estos niveles de demanda sin cambios profundos.

El desafío de reconstruir la contención social

Frente a este panorama, el especialista insistió en que el primer paso es reconocer la gravedad del problema sin minimizarlo. A partir de allí, planteó la necesidad de intervenir de manera urgente y coordinada.

Uno de los ejes centrales es reinsertar a niños y adolescentes en la vida institucional, fortaleciendo el vínculo entre escuelas y clubes barriales y aprovechando la infraestructura existente.

También subrayó la necesidad de ordenar el uso de los recursos públicos, que hoy se encuentran fragmentados, y de reconstruir el rol de la familia en un contexto atravesado por la crisis económica y la pérdida de empleo.

“Si los chicos quedan fuera de las instituciones, en un contexto social deteriorado, el resultado es el que estamos viendo”, concluyó.

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