Excesos en las fiestas: claves simples para aliviar el cuerpo y retomar la rutina
Excesos en las fiestas: cómo aliviar el malestar, hidratarte y volver a la rutina sin culpas. Guía práctica con recomendaciones simples.
Comidas abundantes, alcohol y calor suelen dejar como saldo pesadez, reflujo o falta de apetito.
Los excesos en las fiestas de Navidad y Año Nuevo son habituales y no deberían vivirse con culpa. Comidas abundantes, alcohol y calor suelen dejar como saldo pesadez, reflujo o falta de apetito. “El problema no es lo que pasó en una noche, sino cómo seguimos después”, explica la nutricionista Agustina Gariboldi.
Excesos en las fiestas: por qué el cuerpo pasa factura
Durante las celebraciones se combinan porciones grandes, picoteo constante y menos registro del hambre real. Eso sobrecarga la digestión y altera el descanso.
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“Cuando salimos de la rutina, el cuerpo lo siente rápido. No es alarma, es una señal”, aclara Gariboldi. Reconocerlo permite actuar sin extremos.
Excesos en las fiestas: qué hacer al día siguiente
El objetivo no es compensar, sino volver a lo simple. Así, el organismo recupera su equilibrio natural.
- Elegir comidas livianas.
- Priorizar vegetales y carnes suaves.
- Preferir preparaciones cocidas.
- Tomar agua en forma constante.
“Si no hay hambre, no pasa nada. Podemos comer menos cantidad y más seguido”, señala la nutricionista.
Excesos en las fiestas: lo que conviene evitar
Algunos hábitos empeoran el malestar digestivo y prolongan la sensación de pesadez.
- Evitar mate y tereré.
- No saltear comidas para “compensar”.
- Reducir fritos, alcohol y ultraprocesados.
- No forzar entrenamientos intensos.
Excesos en las fiestas: movimiento suave y descanso
El movimiento ayuda, pero sin exigencias. “Una caminata tranquila activa la digestión y baja la inflamación. No es día para castigarse”, remarca Gariboldi.
Dormir bien, hidratarse y respetar horarios favorece una recuperación más rápida.
Excesos en las fiestas: volver a la rutina sin culpas
No hacen falta dietas detox ni ayunos prolongados. Retomar los hábitos habituales alcanza.
El equilibrio se construye en el tiempo, no se pierde por una comida. “La salud también es social. Compartir una mesa es parte del bienestar”, concluye la especialista.
