A diferencia de la tradición argentina, donde predomina la harina de trigo y el horneado, la identidad de la empanada en Colombia reside en el uso de harina de maíz precocida. Esta elección no es menor: le otorga un color amarillo vibrante y una textura rústica y crujiente que se potencia al sumergirlas en abundante aceite caliente. Es una joya de la gastronomía callejera que suele servirse con limón y ají para realzar los sabores del relleno.
El interior de estas empanadas es una mezcla reconfortante que combina proteínas con la suavidad del tubérculo más popular:
El guiso base: se comienza sofriendo cebolla, ajo y tomate. A esta base se le añade la carne molida condimentada con comino y achiote (o color).
El toque de la papa: a diferencia de las versiones de Salta o Tucumán que usan papa en cubitos, aquí se integra un puré de papas suave que amalgama todo el relleno.
El armado: se forman círculos con la masa de maíz, se coloca una cucharada generosa del preparado en el centro y se sellan los bordes en forma de medialuna.
Fritura técnica: deben freírse en aceite a alta temperatura hasta que la capa exterior esté dorada y haga ruido al morderla.
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Paso a paso, cómo se preparan las empanadas colombianas y qué diferencias tienen con las argentinas
¿En qué se diferencian de las empanadas argentinas?
La diferencia fundamental radica en la elasticidad y el método de cocción. Mientras que la empanada nacional es más similar a una tarta pequeña por su masa de trigo, la colombiana se emparenta con los snacks de maíz. Además, el relleno colombiano es más estandarizado, frente a la enorme diversidad argentina que incluye carne a cuchillo, humita o jamón y queso.