Relato en primera persona: el día que el Papa lloró porque debía dejar su parroquia en Perú
Alessandra Tafur tenía apenas ocho años cuando acompañaba en las misas del entonces sacerdote Robert, hoy conocido como el Papa León XIV. “Nunca imaginé que de una parroquia tan chiquitita iba a salir un Papa”, contó emocionada.
Alessandra Tafur fue monaguilla del actual Papa León XIV durante su paso por Trujillo, Perú, entre 1992 y 1999.
"Él se puso a llorar y yo corrí desesperada a buscar una servilleta para darle. Cuando se la di, se rió y me agradeció". De esta manera recuerda Alessandra Tafur, una vecina de Trujillo, Perú, el día en que el ahora Papa León XIV se despidió de su comunidad de la parroquia que él mismo había ayudado a construir.
Alejandra tenía apenas ocho años y era monaguilla del entonces padre Albert en la parroquia Nuestra Señora de Montserrat. Los años pasaron, Alejandra sigue viviendo en la casa contigua a la misma parroquia y hoy no sale de su asombro: “Nunca me imaginé que ese sacerdote que predicaba en una iglesia tan chiquita iba a convertirse en el Papa León XIV. Me siento orgullosa de haber sido su monaguilla”.
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En diálogo con AIRE, en el programa Creo, recordó aquellos días y las enseñanzas que recibió de quien hoy es el líder de la Iglesia Católica.
El paso del Papa León XIV por Perú
"Él llegó a Trujillo en 1992 y se quedó hasta 1999. Fundó la parroquia y nos enseñó el amor a Dios, al prójimo, y sobre todo la humildad", contó Alessandra. Durante esos años, el ahora Papa León XIV celebraba misas todos los días y solía compartir actividades con la comunidad, en especial con los niños del catecismo.
“Siempre fue reservado y muy humilde. Le gustaba el deporte, sobre todo el fútbol y el tenis”, agregó.
Una iglesia que creció con él
Alessandra recuerda que la parroquia comenzó siendo apenas una capillita, con espacio para 50 personas. “Él comenzó a construir poco a poco. Hoy es una parroquia grande, con capacidad para más de 500 personas”, detalló.
Además, destacó cómo el ahora Papa León XIV impulsaba el deporte como forma de integración social: “Atrás de la parroquia había una canchita y él jugaba con nosotros”.
La última misa y una emotiva despedida
Uno de los recuerdos más fuertes que guarda Alessandra es el de la última misa que celebró antes de trasladarse a Chiclayo. “Fue muy emotiva. Él se puso a llorar y yo corrí desesperada a buscar una servilleta para darle. Cuando se la di, se rió y me agradeció”, contó.
Ese gesto se transformó en un símbolo que, con el tiempo, adquirió un nuevo significado: “Metafóricamente, siento que él me devolvió el pañuelo cuando lo vi salir al balcón del Vaticano como Papa León XIV. Me llenó de alegría”.
Las similitudes con el Papa Francisco
Alessandra ve muchas similitudes entre el nuevo Papa y Francisco: “Ambos son latinoamericanos, hablan español, conocen la pobreza de nuestros países. Los dos transmiten paz y están comprometidos con los más necesitados”.
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El orgullo de haber sido parte de su camino
Aunque nunca más volvió a verlo, Alessandra sigue yendo a la parroquia y vive al lado de ella. El vínculo con su fe sigue intacto, pero ahora se mezcla con una emoción especial. “Nunca me imaginé que ese sacerdote que predicaba en una iglesia tan chiquita iba a convertirse en el Papa León XIV. Me siento orgullosa de haber sido su monaguilla”.
