Escapada a un tesoro de Córdoba que comparte nombre con Brasil pero ofrece paz serrana
En las profundidades del norte provincial descansa un paraje de apenas 300 habitantes donde las palmeras Caranday y el río marcan el ritmo diario.
En las profundidades del norte provincial descansa un paraje de apenas 300 habitantes donde las palmeras Caranday y el río marcan el ritmo diario.
Este pequeño pueblo mantiene un estilo de vida sereno, donde el trabajo rural y las tradiciones centenarias definen la identidad de sus vecinos.
Llegar a este rincón cordobés significa entrar en un paisaje que mezcla el monte serrano con el bosque chaqueño. Aquí, el aire puro se combina con una arquitectura rural típica de calles de tierra y espacios abiertos que invitan a bajar la velocidad.
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El entorno natural de Copacabana constituye su mayor orgullo. A diferencia de otros valles de la provincia, este paraje presenta una estética particular donde conviven especies vegetales únicas:
Visitar Copacabana permite conectar con los habitantes originarios de la zona. En los alrededores del pueblo, el terreno resguarda cuevas y aleros de piedra que funcionaron como refugio hace siglos. Los viajeros pueden encontrar morteros de piedra y pictografías en las paredes, registros visuales de las creencias y actividades de los antiguos pobladores.
La historia colonial también dejó una marca imborrable:
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El alma de Copacabana reside en las manos de sus artesanos. Los pobladores dominan la técnica del tejido con palma de Caranday, transformando la fibra natural en piezas únicas: