La mujer que desafió a la división sexual del trabajo y creó el primer sitio web de Santa Fe
Por Mavi Martínez Sichar
Por cliché o desconocimiento, todos imaginamos a los creadores de sitios web como un grupo de muchachos con grandes anteojos, de escasa musculatura y hablantes de un dialecto bastante extraño. Pero para sorpresa de muchos, la primera world wide web de Santa Fe fue lanzada al mundo de la mano de una joven mujer con ávidos deseos de adentrarse en un mundo poco conocido, al menos, en la Argentina de los ‘90.
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El equipo se conformaba de programadores pero también de comunicadores, entendiendo a esta disciplina como necesaria para darnos a conocer al mundo. Entre ellos se encontraba Milagros Vigil, una joven de 19 años estudiante de la carrera de Comunicación Social. Entonces, la novedad no fue sólo la búsqueda de comunicadores para crear y desarrollar un espacio reservado exclusivamente a números y algoritmos, sino que incluir a una mujer y trabajar a su par constituyó todo un paradigma.
La iniciativa surgió desde el llamado Centro de Telemática de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), entidad que en agosto de 1994 -de la mano del Dr. José Luis del Barco y del Ingeniero Mario Canto- realizó su primera conexión a Internet transformándose en la tercera universidad del país en tener acceso a la red de redes. Por cierto, esa internet era muy distinta de la que conocemos hoy. La conexión era solo posible mediante líneas telefónicas y un módem conectado a una ruidosa computadora que tardaba minutos en mostrar una imagen completa.
Los ojos de Milagros todavía brillan de emoción cada vez que rememora esos tiempos en los que ese planeta de inagotable información significaba toda una revolución. “Empezamos teniendo muy pocas líneas de internet en Santa Fe en el año ‘95 y ‘96, las que se habilitaban para docentes académicos e investigadores con búsquedas muy específicas”, relata. Esto significa que solo algunas personas podían estar conectadas al mismo tiempo; y debido a que navegar en el ciberespacio implicaba disponer de un prolongado tiempo, generalmente se utilizaba internet para el envío de mails o incipientes chats.
Milagros, proveniente de una carrera universitaria en la que la palabra internet apenas comenzaba a sonar, se sumergió en una aventura que implicaba trabajar codo a codo con profesionales que, asegura, la respetaron y vieron como una igual, sin importar su género. “El de la técnica y la tecnología siempre fue un espacio muy masculino”, reconoce.
La propuesta de su profesor Alberto Trossero para pensar y diseñar la web, coincidió con la investigación que ella realizaba sobre los primeros diarios digitales del país y su relación con los tradicionales diarios de papel, por lo que la hazaña se volvió aún más interesante.
Así comenzó a pensarse el primer sitio web de Santa Fe -y uno de los primeros del país- como medio de comunicación abocado a un público extranjero, con el fin de promocionar la cultura, tradiciones y espacios santafesinos. “Ellos eran los que en ese momento tenían más acceso a internet que nosotros”, recuerda Milagros.
Para el diseño de la página web, el aporte de un reconocido dibujante de la ciudad tiñó el proyecto de aún más originalidad. Luis Gaspardo eligió un mosquito como caricatura que sirviera de guía a los usuarios. Su nombre era “Mingo”. Luego de terminada la caricatura en carbonilla, cada dibujo era digitalizado en un disquete para incorporarlo al sitio. “Había diferentes ejes y el mosquito te llevaba a recorrer todo el sitio, fue algo súper innovador para la época”.
De alguna manera, aquella web de la ciudad de Santa Fe dentro del sitio de UNL, significó una oportunidad para decir “presente” en el mundo de los tejidos digitales. “Había información sobre cómo era vivir en nuestra ciudad y pensábamos en el estudiante o trabajador que quería hospedarse acá”, cuenta Vigil. La completitud y actualización del sitio demandaba un trabajo “de hormiga” y una concentración de información totalmente artesanal. Para obtener datos sobre becas, oferta académica, recorridos de transportes y peajes, Milagros recorría oficina por oficina recolectando folletos y realizando anotaciones. Todo un trabajo periodístico que también la llevó indudablemente, a explicar y “vender” ese mundo digital que muchos desconocían o creían imposible treinta años atrás.
Esta información era digitalizada para que aparezca ante el mundo como simple, ilustrativa, llamativa y prolija. Pese a la abundancia del sexo masculino en cada ámbito, Milagros insiste en el respeto y la profesionalidad con la que sus compañeros la trataron, aunque la tecnología se presentó históricamente como un ambiente que excluyó a la mujer. “Ellos me enseñaron a programar en código HTML y a manejar las pocas herramientas de diseño que había en esa época”.
El diseño, creación y desarrollo de un sitio web no es potestad de los hombres. Milagros es un vivo ejemplo de ello y como pionera, celebra la ocupación de los espacios técnicos y tecnológicos por cada vez más mujeres. “Son muchos los ámbitos que estamos empezando a ocupar y muchas veces lo hacemos respetadas en nuestra visión, creatividad y profesionalidad”, sostiene. “También en congresos y capacitaciones a las que asistí me sentí muy cómoda y han respetado y escuchado mi opinión”, asegura.
Como incentivo y efecto “desnaturalizador”, Vigil destaca la creación de clubes, talleres o agrupaciones de mujeres que aprenden y se profesionalizan en sectores tecnológicos como la informática y la ingeniería en sistema. “Está buenísimo, aportan la mirada femenina a espacios tan masculinos”, señala Milagros; pero sobre todo, dan a la mujer ese rol en la producción de contenido y software que tanto “le mezquinó” la sociedad.
Como Licenciada y directora de las carreras de Comunicación de la Universidad Católica de Santa Fe, Milagros Vigil se muestra orgullosa de haber formado parte activa del trascendental primer paso de Santa Fe y Argentina hacia el mundo digital y significar una referencia para las jóvenes y mujeres que quieren mostrarse al mundo “con el micrófono en la mano y no desde atrás, diciendo lo que el hombre tiene que decir”. Porque para sorpresa de muchos, la mujer también puede y quiere ser esa muchacha con grandes anteojos, de escasa musculatura y hablante de un dialecto bastante extraño.
