Los cantidad de tacurús se pierden en la línea del horizonte.

Bajos Submeridionales: un fascinante mundo de espartillos, tacurús y lagunas como ojos

Es un paisaje que puede parecer monótono pero que esconde una enorme belleza y es uno de los principales refugios de fauna de Santa Fe. Aire Digital lo recorrió junto a un equipo de biólogos y naturalistas.

POR GASTÓN NEFFEN

“El caballo apunta a los tacurús”, dice Andrés Pautasso, coordinador a cargo del Museo Ameghino en Santa Fe. Lo sabe porque esta semana hizo una cabalgata de cinco horas -junto a Blas Fandiño y Guillermo Principe del Ministerio de Ambiente y Cambio Climático- para buscar las cámaras trampa que colocaron para detectar la última población de venado de las pampas de Santa Fe en el norte de los Bajos Submeridionales.

Es un gigantesco humedal, pajonal y sabana de más de 3 millones de hectáreas en el que dominan los espartillos "chuza" y los tacurús -son hormigueros de hasta un metro de altura- y también otros ambientes como las lagunas con albardones de bosques y esteros con canutillares.

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El caballo apunta a los hormigueros para morfar. El pasto que crece encima del tacurú es más nutritivo que el duro espartillo que se banca este suelo arcilloso, salitroso, que a veces pasa meses con un pelo de agua de 40 centímetros.

“Cuanto más bajo es un terreno más alto es el tacurú, porque las hormigas tratan de defenderse de las inundaciones. En la parte de arriba del hormiguero, el contenido de salinidad es menor y por eso las plantas forrajeras son de mayor calidad”, explica José Pensiero en una entrevista con Aire Digital. Es ingeniero agrónomo, doctor en Ciencias Biológicas y un referente en el estudio de las plantas nativas santafesinas.

Bajos Submeridionales, un refugio natural en la provincia de Santa Fe

La dinámica de los tacurús es un ejemplo del fascinante mundo que se esconde tras un paisaje que puede parecer monótono y hostil -prueben caminar entre los espartillos con pantalones cortos- y que se abre cuando se recorre con biólogos y naturalistas.

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La laguna La Tigra muestra otro ambiente diferente. “En la Cañada de las Víboras hay varias lagunas rodeadas de albardones de bosque y arbustales, que rompen con el paisaje de espartillares”, destaca Pautasso.

En los albardones, que están más altos, pueden crecer los árboles que no toleran la salinidad del suelo de los bajos y tampoco los largos meses en los que están inundados. Así, se forman islas de bosque y sombra en medio del humedal.

Son lagunas que quedan aisladas cuando los bajos están secos -parecen como “ojos” en la perspectiva del drone- y que se recargan de agua y se encadenan cuando llueve con intensidad. En los ciclos húmedos, La Tigra se conecta con la cuenca del río Salado a través de los arroyos Golondrina -que está cerca- y Calchaquí, en un sistema que está lleno de hermosas lagunas como El Bonete o El Palmar.

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La fauna

Sentado bajo los algarrobos que crecen alrededor de La Tigra, el biólogo Blas Fandiño explica la diversidad de aves que hay en esta región. “En los Bajos Submeridionales se pueden observar unas 240 especies, que son más del 50% de las aves que están registradas en Santa Fe. Se reproducen especies que están amenazadas a escala global, como el águila coronada y el cardenal amarillo”, precisa Fandiño, que integra el equipo de la Dirección de Áreas Naturales Protegidas del Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de Santa Fe.

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La mirada científica pone en foco detalles que se suelen escapar. Cuando se bajan de la camioneta, Fandiño y Pauttaso enseguida hablan de unos pájaros chiquitos y que vuelan muy rápido en la orilla de la laguna.

Son tres tipos de chorlos y playeros (pampa, blanco y rabadilla blanca) y son interesantes porque hicieron miles de kilómetros para venir a La Tigra. “Son especies que se llaman migrantes neárticas porque pasan el verano boreal en América del Norte, donde se reproducen, y luego migran hacia América del Sur para pasar aquí el verano austral”, recuerda Fandiño.

La aventura de recorrer los bajos submeridionales

Los tres ambientes que hay en La Tigra permiten ver distintos tipos de aves: las que están en el humedal (como los chorlos playeros y los flamencos), las del albardón de monte (boyeros, espineros, pirinchos y golondrinas) y las del pastizal de espartillos (ñandú, coludos y doraditos, entre muchos otros). “La población de ñandúes en Santa Fe se retrajo en los últimos años por el avance de la agricultura y la caza”, reconoce Fandiño.

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Los bajos también son el refugio de muchos mamíferos como el aguará guazú, el pecarí de collar, distintos tipos de zorros y el último rincón de Santa Fe en el que se puede encontrar un venado de las pampas, una especie que habitó 14 provincias y que ahora quedó relegada a poblaciones muy pequeñas en zonas puntuales de Buenos Aires, Corrientes, San Luis y La Pampa.

La historia reciente del venado en los bajos se remonta a 1945, cuando un naturalista observó una manada de unos 60 animales. A mediados de los 90’, cuando se consideraba que la especie se había extinguido, vuelven a detectar una pequeña población de cerca de 50 ejemplares.

En los estos últimos años, las cámaras trampa confirmaron la supervivencia de una pequeña población relictual y en peligro crítico de extinción, de venado de las pampas, en el marco de un proyecto del Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de Santa Fe, el Museo Ameghino (Ministerio de Cultura) y la Asociación Bios, que contó con financiamiento de Nación.

Este trabajo de campo también permitió recolectar valiosa información sobre los animales que recorren este enorme humedal. “Los bajos son uno de los principales reservorios de fauna que hay en Santa Fe y hay que entenderlo como un sistema complejo y delicado, que es muy vulnerable a las intervención humana, que busca ampliar los canales o drenar grandes superficies de tierra”, advierte Principe, que también es biólogo y jefe del departamento Fauna de la Dirección General de Manejo Sustentable de Fauna del Ministerio de Ambiente y Cambio Climático.

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La tensión producción y ambiente

La hostilidad de los bajos -suelos salinos e inundables, calor extremo y falta de infraestructura- es uno de los factores que permitió preservar un ambiente que en los 90’ se comenzó a intervenir con canales y otras obras hidráulicas. Ahora vuelven a discutirse proyectos hídricos en una región en la que hay que pensar con cuidado el manejo del agua, porque se alternan grandes inundaciones y severas sequías.

Desde el punto de vista productivo, los bajos son una de las principales regiones ganaderas de Santa Fe, pero con desafíos muy importantes para los productores porque los campos se inundan durante meses cuando llueve y se quedan sin una gota de agua durante las sequías (hasta las aguadas se "salinizan" cuando "la seca" es severa).

Hay productores que intentan sembrar cultivos, sobre todo girasol que se banca mejor la falta de agua. “En los bajos hay limitantes muy fuertes para la agricultura. En primer lugar, la salinidad del suelo y esa característica arcillosa que provoca que si llueve al momento de trillar no hay piso para ingresar con la cosechadora”, avisa Pensiero.

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El especialista coincide en que hay zonas más favorables para la ganadería extensiva. “En las más húmedas hay canutillares -gramíneas flotantes- que tienen aptitud forrajera para los animales”, destaca.

El ciclo del espartillo es distinto. Una mata puede tener dos metros de alto y uno de ancho. El problema es que los novillos no lo quieren. “Los productores prenden fuego los espartillares porque lo que comen los animales es el rebrote del espartillo, que puede aportar hasta 2.500 kilos de materia seca por hectárea”, asegura Pensiero. Por eso, al recorrer los bajos se ven columnas de humo a lo largo de todo el horizonte.

El potencial turístico

No es necesario internarse en lo profundo de los bajos para descubrir la belleza de este paisaje. A 40 kilómetros de Vera -por el asfalto de la ruta provincial 98- está la hermosa laguna El Bonete, que ahora está poblada por miles de flamencos, cigüeñas y biguás.

Está justo en el límite entre la Cuña Boscosa y los Bajos Submeridionales. Unos 40 kilómetros al sur se destaca la laguna El Palmar, uno de los paisajes más singulares de Santa Fe, y el que siga hacia el norte puede recorrer parte de la historia santafesina con la ruta de los fortines, el cauce del arroyo Golondrina y muchos humedales como La Tigra.

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Hay varios desafíos para el turismo. En muchas zonas no hay señal de celular ni asfalto y quien se quede con la camioneta deberá esperar muchas horas. También es fundamental recorrerlos con gente que los conozca -las distancias entre los lugares de interés son largas- y que pueda explicar las características de los distintos ambientes.

Pero es una oportunidad para el ecoturismo y para explorar y aprender de un área de “biodiversidad sobresaliente”, según la Fundación Vida Silvestre Argentina, y uno de los humedales más importantes de la región chaqueña (Wetlands International). La organización internacional The Nature Conservacy identificó a los Bajos Submeridionales como uno de los humedales más importantes y sensibles.

"El turismo que sea amigable con el ambiente es bienvenido, porque trae recursos para la gente y para la provincia", resume Principe. Y ese es el gran desafío para una región que merece un lugar en los circuitos turísticos santafesinos.

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