Tanto las semillas de girasol como los garbanzos aportan múltiples beneficios. Las semillas, por su parte, son grandes aliadas para incorporar a tus comidas por ser ricas en minerales. Gracias a su contenido de magnesio, favorecen el funcionamiento cerebral, contribuyen mantener la vitalidad y reducir el cansancio. Además, el potasio que aportan contribuye a la función de los nervios y contracción de los músculos.
Los garbanzos, al igual que todas las legumbres, contienen grasas saludables, fibra soluble e insoluble. Su aporte de proteína es fundamental, sobre todo para los que llevan dietas veganas o vegetarianas. No contienen colesterol y son ricas en hierro, potasio y folato.
INGREDIENTES
- 3/4 taza de garbanzos crudos
- 1/4 taza de semillas de girasol
- 2 cucharadas de mandioca
- 1 1/2 taza de agua
- Los condimentos que más te gusten. Puede ser sal marina, pimienta, cúrcuma y ajo en polvo.
- 2 cucharadas de levadura de cerveza
- Un chorrito de aceite de oliva
- El jugo de un gajo de limón
PROCEDIMIENTO
1. Remojar los garbanzos y las semillas de girasol durante toda la noche. A la mañana, enjuagar.
2. Procesarlos junto con todos los demás ingredientes. La fécula conviene tamizarla (pasarla a través de un colador) mientras procesamos los ingredientes, para que caiga en forma de lluvia y no se apelmace.
3. Vertir la preparación en una olla a fuego medio y revolver constantemente. En unos minutos, la mezcla se va a endurecer por acción de la fécula. Cuando esto suceda, seguir revolviendo unos o 3 minutos para que se cocinen bien los garbanzos.
4. Colocar la mezcla en un molde, deja enfriar a temperatura ambiente y guardar en la heladera. Después de una o dos horas, desmoldar y servir.