Ni lujos ni banquetes: la dieta la reina Isabel II para mantenerse vital
Descubrí los hábitos alimentarios de Isabel II: su estricta regla de "cero almidón", el ritual del té y los ingredientes prohibidos para vivir con salud hasta los 96.
La dieta la reina Isabel II para mantenerse vital.
La longevidad y salud de la reina Isabel II siempre fueron motivo de admiración. Lejos de banquetes extravagantes y platos cargados de condimentos, la monarca que gobernó por más de siete décadas mantenía una disciplina alimentaria envidiable.
Según las memorias de su antiguo chef personal, Darren McGrady, la clave de su vitalidad residía en la regla de "comer para vivir, no vivir para comer".
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A continuación, detallamos el menú cotidiano la reina Isabel II:
El despertar: té y galletas
Antes del desayuno oficial, la jornada de la reina comenzaba temprano con una tradición muy británica.
- La primera bebida: una taza de té Earl Grey caliente, servida con leche y sin azúcar.
- Acompañamiento: un par de galletas clásicas para activar el metabolismo antes de su primera cita del día.
El desayuno: sencillez y fibra
Para su primera comida formal, Isabel II solía evitar las complicaciones. Alternaba entre dos opciones principales:
- Cereales: su opción preferida era de una marca comercial muy conocida (Special K), servida desde un recipiente de plástico hermético para mantener la frescura.
- Proteína matutina: ocasionalmente optaba por huevos revueltos con salmón ahumado y una pizca de trufa rallada, especialmente durante las celebraciones.
Almuerzo: la regla del "No Starch"
El almuerzo de la reina se regía por una norma estricta: nada de almidón (no starch). Evitaba las papas, el arroz y la pasta a mitad del día para evitar la pesadez.
- Plato principal: pescado a la parrilla (generalmente lenguado de Dover) o pollo asado.
- Guarnición: espinacas marchitas o calabacines.
El Tea Time: el ritual innegociable
Ningún día estaba completo sin el té de la tarde. Este era su momento de indulgencia moderada.
- Sándwiches de miga: preparados con pepino, huevo con mayonesa o salmón ahumado. Un detalle esencial: se les quitaba la corteza por completo.
- Jam pennies: pequeños sándwiches redondos cortados del tamaño de una moneda de penique, rellenos de mermelada de frambuesa.
- Scones: acompañados de crema coagulada (clotted cream) y mermelada.
Cena: productos de sus tierras
La cena era el momento en que la reina disfrutaba de los productos locales de sus fincas en Sandringham o Balmoral.
- Ingredientes: carne de caza (como el filete gaélico de venado) o filete de ternera servido con una salsa de champiñones, crema y whisky.
- Postre: sentía una debilidad especial por el chocolate oscuro. Su favorito era el pastel de galletas de chocolate, el cual solicitaba incluso cuando viajaba.
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Los "prohibidos" de la reina Isabel II
Para mantener el protocolo y la salud, ciertos alimentos estaban vetados en la mesa real:
- Ajo y cebolla: la reina detestaba el sabor y el olor del ajo, además de ser una medida de cortesía para sus constantes encuentros diplomáticos.
- Carnes poco hechas: prefería la carne bien cocida por razones de seguridad alimentaria.
- Mariscos en giras: para evitar intoxicaciones durante sus viajes oficiales, los mariscos solían quedar fuera del menú.
Este régimen equilibrado, sumado a sus largas caminatas por el campo y su afición por la equitación, fue el pilar que le permitió cumplir sus funciones públicas con lucidez hasta el último de sus días.
