La Iglesia de Rosario toma distancia de la "sanadora" Leda Bergonzi

La Iglesia de Rosario se deslinda de las actividades y los espectáculos que realiza Leda Bergonzi junto a la agrupación "Soplo de Dios viviente"

La Iglesia de Rosario toma distancia de la "sanadora" Leda Bergonzi.

El arzobispo de Rosario, Monseñor Eduardo Martín, retiró su apoyo a la agrupación liderada por Leda Bergonzi, conocida como la "sanadora de Rosario". Esta medida fue anunciada mediante un comunicado el jueves a la tarde.

Tras un período de oración, escucha y discernimiento, y habiendo consultado con un equipo de sacerdotes, el arzobispo decidió suspender temporalmente todas las actividades pastorales realizadas en nombre de la Iglesia Católica por parte del grupo "Soplo de Dios viviente".

En su comunicado, Monseñor Martín reconoce que el grupo muestra signos positivos, pero también señala la existencia de "elementos significativos que necesitan ser purificados para que resplandezca la obra de Dios". La suspensión se mantendrá hasta que se avance en este proceso de purificación y se cumplan las indicaciones previamente dadas.

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El arzobispo deja en claro que las actividades y espectáculos artísticos ofrecidos por Leda Bergonzi y su grupo en diversos lugares son de su exclusiva responsabilidad, incluso cuando se anuncian imposiciones de manos, un gesto que la Iglesia suele reservar a los sacerdotes para la comunicación del Espíritu Santo.

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Asimismo, el comunicado señala que las declaraciones realizadas por Bergonzi y su grupo a través de los medios de comunicación son también de su exclusiva responsabilidad.

A pesar de estas medidas, la arquidiócesis continuará ofreciendo acompañamiento pastoral y espiritual tanto a Leda Bergonzi como a los demás miembros del grupo. Además, se asegura que los fieles que acuden a las reuniones del "Soplo de Dios viviente" podrán recibir la predicación de la Palabra de Dios, la gracia sacramental y el acompañamiento sacerdotal en las parroquias y comunidades eclesiales de la arquidiócesis de Rosario.

Esta decisión marca una fractura en la relación entre la Iglesia Católica local y el grupo liderado por Bergonzi, subrayando la necesidad de una mayor alineación con las prácticas y enseñanzas oficiales de la Iglesia.