El 2020 de la universidad argentina: entre las profundas desigualdades y los desafíos inesperados

El 2020 de la universidad argentina: entre las profundas desigualdades y los desafíos inesperados

La educación superior fue uno de los ámbitos que más sufrió las medidas restrictivas dispuestas frente a la pandemia de coronavirus. Tres especialistas dialogaron con Aire Digital y analizaron los principales obstáculos que surgieron en el año, pero también las posibilidades que se abren a partir de las dificultades y realizaron algunas estimaciones de cara al futuro.

A mediados de octubre, se viralizó un video que mostraba la situación de Brian Peresón, un alumno de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) que vive en la zona rural de Lanteri, al norte de la provincia de Santa Fe. En el video, filmado durante una clase virtual de la materia Análisis Matemático II de la carrera de Ingeniería Electromecánica, la profesora Claudia Durnbeck y su ayudante, Danilo Reynozo, expulsaron a Brian de la clase porque el estudiante no podía prender su cámara durante la exposición del ejercicio.

El joven intentó infructuosamente explicar que no disponía de datos suficientes como para activar la cámara de su celular ya que no se encontraba en el interior de su domicilio conectado a un wifi, sino en una calle del pueblo, hasta donde se había trasladado para tener el mínimo de conexión móvil necesaria para poder asistir a la clase, de lo cual dio prueba mostrando una breve imagen que lo mostraba sentado en el piso. Nada fue suficiente: ni la docente ni el ayudante entendieron la situación de Brian y terminaron expulsándolo del zoom.

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Esta escena es una muestra en extremo de la situación que se vivió en las universidades argentinas en este 2020, a partir de la declaración el 20 de marzo del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (Aspo) para hacer frente a la pandemia de coronavirus. La paralización primero y la virtualización después de todas las actividades pedagógicas del nivel superior desnudó como nunca antes las profundas desigualdades socioeconómicas que subyacen en su estudiantado y en el plantel docente.

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Actualmente, la Argentina cuenta con 132 instituciones de nivel superior, entre las que se cuentan 113 universidades y 19 institutos universitarios, distribuidas de la siguiente manera según la forma de gestión (pública o privada):

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Fuente: Síntesis de Información de Estadísticas Universitarias 2018-2019. Departamento de Información Universitaria, Secretaría de Políticas Universitarias, Ministerio de Educación de la Nación.

Fuente: Síntesis de Información de Estadísticas Universitarias 2018-2019. Departamento de Información Universitaria, Secretaría de Políticas Universitarias, Ministerio de Educación de la Nación.

La variedad de instituciones existentes se expresa también en la diversidad del público que asiste a ellas. Desde jóvenes que llegan a la facultad en un automóvil 0 Km. y tienen en sus bolsillos el dinero necesario para afrontar todos los gastos que su formación demanda, hasta estudiantes que viajan a dedo todos los días para poder asistir o se amontonan en pensiones de las grandes ciudades junto a otros desfavorecidos como ellos, con escasos recursos económicos. Estas diferencias, que ya estaban muy marcadas antes del 2020, se convirtieron en abismales una vez que la pandemia se instaló y la educación universitaria pasó a desarrollarse íntegramente en la virtualidad.

Así lo plantea Mariela Capaldo, profesora en Ciencias de la Educación, magíster en Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Educación. Actualmente, ejerce como directora de la Escuela de Perfeccionamiento Docente de la Universidad Católica de Salta (Ucasal) y es referente del Observatorio Argentinos por la Educación. “Las consecuencias de la supresión de las actividades presenciales en la universidad argentina son absolutamente dispares en relación a donde nos agarró la pandemia, a dónde estábamos parados cuando esto empezó; pero, seguramente, la principal consecuencia que va a aparecer en todo el sistema educativo del mundo es que ya no podemos volver a pensar la educación como la veníamos pensando”, afirmó la especialista en diálogo con Aire Digital.

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“La educación empezó a ser otra cosa. Al empezar a pensar la educación desde otro lugar habrá que empezar a hacer educación con otros formatos. El problema es que esta convulsión, que nos encontró en lugares distintos, puso sobre la mesa las grandes brechas que ya había entre la educación de gestión pública y la de gestión privada y los contextos educativos: la ciudad, los pequeños pueblos, el campo, la montaña. En los niveles obligatorios, había que salvar el proceso de enseñanza como se podía porque, precisamente, es obligatorio. Pero a nivel de las universidades, al no ser parte de la educación obligatoria, la desigualdad fue más grande todavía”, señaló Capaldo.

La entrevistada recordó que “hay instituciones universitarias públicas que directamente cancelaron el ciclo lectivo o que en el primer semestre decidieron no iniciar el año académico. En esos casos, nos encontramos con estudiantes y docentes dejados a la deriva, especialmente los ingresantes, que estaban empezando una carrera universitaria y de repente ni siquiera pudieron arrancar. También tenemos que pensar qué pasó en esas facultades con los estudiantes que estaban finalizando su carrera, que tenían que terminar una materia, rendir, o presentar un trabajo final: quedaron absolutamente en el aire".

Por el contrario, hubo otras universidades “que no sólo continuaron con el período lectivo, sino que pudieron mudar toda la presencialidad a la virtualidad con las plataformas propias que ya tenían o que desarrollaron a tal fin”. “Si miramos la foto de abril 2020 en las universidades, vemos dos mundos y en cada uno de esos dos mundos, particularidades y escala de grises. Eso se fue consolidando a lo largo de los meses y llegamos a noviembre 2020 con diferencias muy grandes y, en algunos casos, insalvables. Esto es preocupante, especialmente para aquellas instituciones universitarias más pequeñas y desprotegidas, las que quedaron más atrás”, advirtió la especialista consultada.

Educación superior y universidades en pandemia _ Mariela Capaldo

Con este planteo coincide María Inés Monzón, profesora en Ciencias de la Educación que trabaja en el campo de la Historia y la Política Educativa en UNL, Uner y Uader. “Lo que más costó en esta pandemia fueron las condiciones materiales necesarias para poder concretar todo lo que uno imagina con una propuesta de enseñanza virtual, especialmente los requisitos de conectividad” explicó Monzón a Aire Digital y señaló que esta problemática no se limitó a los estudiantes, sino que también fue un desafío para los docentes: “Muchos profesores tenían internet en su casa como un servicio más, pero llegado el momento se encontraron con que el ancho de banda que pagaban no les alcanzaba para todo lo que tenían que hacer y eso les implicó una inversión extra de su propio bolsillo, que en muchos casos no tenían. Otros docentes tuvieron que sacar créditos para poder comprar un dispositivo propio o único para poder seguir trabajando, y en esto no hubo apoyo del Estado porque los créditos que promocionó la Ansés exigían una serie de requisitos que eran incumplibles para la mayoría de los trabajadores de la Educación”, apuntó la entrevistada.

“Creo que es momento de elevar un reconocimiento a los docentes: la mayoría estuvieron muy preocupados y ocupados en buscar y resolver nuevas formas y estrategias de enseñar en la virtualidad. La intencionalidad pedagógica de enseñar estuvo presente en numerosas iniciativas: desde videos grabados y colgados en la web y clases por Zoom y Meet a clases escritas con todo tipo de materiales disponibles de forma digital, desde las aulas de lectura a la correspondencia constante a través del correo electrónico o los canales internos de las plataformas virtuales, a pesar de las dificultades económicas para acceder a los recursos tecnológicos”, valoró Monzón.

El rector de la Universidad Nacional del Litoral, Enrique Mammarella, abonó lo postulado por las especialistas. Consultado por Aire Digital sobre las consecuencias de la virtualización de la enseñanza en el estudiantado y los niveles de abandono, Mammarella indicó que aún no han terminado de elaborar las estadísticas de deserción, pero que las observaciones que han ido registrando desde la gestión revelan que claramente ha habido inconvenientes en la conectividad y el equipamiento de los alumnos y que eso “probablemente haya sido causa de deserción” en algunos casos. “En otros, las dificultades de conectividad junto a la falta de un espacio de estudio adecuado no les ha permitido a los estudiantes presentarse a examen, a pesar de haber cursado durante el semestre”, alertó el entrevistado.

“El avance rápido de la pandemia hizo modificar fuertemente la planificación de un año que ya estaba previsto para la presencialidad. Esto nos generó mucha incertidumbre porque no sabíamos si con las herramientas que teníamos íbamos a ser capaces de estar a la altura de la necesidad. Pero finalmente en la UNL conseguimos, a través del uso de las tecnologías de la información y la comunicación, poder llevar a un espacio virtual las planificaciones que se tenían para la modalidad presencial”, destacó Mammarella.

El rector de la institución universitaria más numerosa de la región detalló que para poder seguir adelante con el año académico se crearon 1.200 aulas virtuales para poder atender la demanda de todas las carreras. “El resultado fue diferente de acuerdo al nivel de avance de cada uno de los estudiantes. No es lo mismo un alumno avanzado, que generalmente ya tiene formada la autonomía en el estudio, que un ingresante. La gran mayoría de los ingresantes todavía no había empezado a cursar en la UNL cuando se desató la pandemia y el aislamiento”, recordó.

La Universidad Nacional del Litoral contaba a principios de este año con 45.000 estudiantes presenciales, 7.000 estudiantes virtuales y un área de educación a distancia con 20 años de trabajo y experiencia. “Muchos de los docentes que estaban dando clases en la presencialidad también habían dado alguna cátedra en la virtualidad o tenían entornos virtuales para apoyar la enseñanza presencial; pero en otros casos era la primera vez que se enfrentaban a una enseñanza mediada por las tecnologías y asistirlos fue un poco más complejo”, detalló el entrevistado, quien valoró y subrayó el trabajo de acompañamiento que efectuaron las áreas técnicas, académicas y pedagógicas pertenecientes tanto a Rectorado como a cada una de las facultades.

El problema de las decisiones centralizadas

Otro punto en el que coincidieron los entrevistados fue en el perjuicio que significó la toma de decisiones de forma centralizada y unitaria desde el Ministerio de Educación de la Nación, que el 20 de marzo –con la imposición del Aspo– "bajó la palanca" en todo el país, sin permitir que los ministerios provinciales o las universidades nacionales tuvieran la posibilidad de tomar sus propias decisiones de acuerdo a las circunstancias epidemiológicas que fueron atravesando las diferentes regiones de la Argentina.

"El sistema universitario nacional está comprometido con la educación pero han habido grandes dificultades en distintos puntos del país. La centralidad de toma de decisiones desde Buenos Aires no es compatible con los tiempos y las ventanas de oportunidad que hubo en el territorio nacional, ya que no todas las provincias estuvieron en las mismas condiciones sanitarias y epidemiológicas a lo largo del año", opinó el rector Mammarella y agregó que esto sucedió no sólo en el ámbito educativo, sino en general: "Se demoró mucho tiempo en empezar a habilitar a los gobiernos provinciales y municipales para poder discutir cuáles son las actividades que se podrían poner en funcionamiento de modo presencial", advirtió.

Educación superior y universidades en pandemia _ Enrique Mammarella

Capaldo fue aún más dura en sus consideraciones: "En marzo de 2020 nos olvidamos del federalismo en nuestro país. Me hace acordar a las épocas de la discusión por la Constitución Nacional, donde estaba Buenos Aires contra el resto de las provincias. Creo que se tomaron muy malas medidas, bajando una línea que pensaba solamente en la centralidad de nuestra capital federal: no se respetó ni se permitió la toma de decisiones desde las autonomías provinciales", reclamó la especialista y recordó que nuestra Constitución nos plantea un nivel de autonomía provincial que no se respetó en estos meses en un montón de ámbitos, no sólo en la educación".

"Tenemos provincias que estuvieron los primeros meses encerrados sin tener siquiera circulación de gripe. Podríamos haber tomado decisiones más ajustadas a las realidades contextuales, pero esa posibilidad no estuvo en juego, no fue ni siquiera una opción, y eso no está bueno. Hubo ventanas de oportunidad que se perdieron. La variable más fuerte en la educación es el tiempo, y es algo que no podemos recuperar. Hay estudiantes que perdieron todo un año de sus vidas académicas", lamentó la especialista.

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Lo que se ganó

Pero no todo fue negativo en este año de pandemia. “A nivel tecnológico, en estos meses se avanzó lo que no hubiéramos avanzado en 10 años”, apreció Capaldo y pidió “valorar las cuestiones positivas y potenciarlas”, aunque reconoció que ese proceso “va a ser posible en las universidades más favorecidas, no en todas”. Consultada sobre qué va a suceder en el resto de las instituciones, la especialista salteña respondió: “Yo creo que la esperanza siempre existe, sino no sería educadora. Creo en lo posible, pero se necesita una gran apuesta a nivel estatal para definir el rumbo de esto”, advirtió la entrevistada y bregó por “una política educativa muy clara y encaminada a fortalecer el sector del sistema educativo estatal en su conjunto, no únicamente las universidades”.

La referente de la Ucasal destacó también que "todo lo que pasó en el sistema educativo argentino este año, pasó porque se lo pusieron al hombro cada uno de los docentes y de los estudiantes que estaban involucrados en esos procesos. ¿Podemos encontrar huecos y falencias? Sí, pero lo que se hizo se hizo porque las personas decidieron hacerlo, en las condiciones que tenían", subrayó.

Educación superior y universidades en pandemia _ María Inés Monzón

Monzón fue todavía más contundente al analizar este 2020 en las universidades: "Decir que el año académico es una pérdida es una falta de respeto a todo lo que hemos hecho los docentes, los equipos directivos, las familias y los estudiantes. No fue un año perdido: se aprendieron muchas cosas y hubo muchos disparadores para pensar nuevas formas de enseñanza. Para mí no se perdió nada, sino que fue un momento importante para modificar, para cambiar y para hacer preguntas que generalmente no nos hacemos", resaltó.

De cara al futuro

Pensando ya en el año académico 2021, el rector de la UNL anticipó que el inicio va a ser con "escasa presencialidad" y destacó el despliegue que se está realizando desde la institución con los futuros ingresantes y con quienes cursaron primer año en 2020: "Estamos trabajando con ellos para que conozcan cómo es estudiar en estas condiciones, sin el profesor al lado y donde la autonomía es un componente fundamental", explicó Mammarella.

Capaldo, por su parte, recordó que toda actividad de las universidades dependerá de la situación epidemiológica y de los permisos que al respecto otorguen los gobiernos nacional y provinciales. Pero además, vaticinó que "la presencialidad ya no va a ser la misma: vamos a volver para lo que sea realmente necesario. Ya no vamos a volver al aula magna con 300, 400 o 1.000 estudiantes para una clase magistral que perfectamente se puede grabar y colgarla en YouTube", ejemplificó.

"¿Para qué los quiero tener a todos abarrotados y colgados de las ventanas cuando no entran?" planteó Capaldo y siguió: "¿Necesitamos volver? Sí, necesitamos volver al campus, a las aulas, a encontrarnos con el otro. pero pensemos para qué necesitamos ese encuentro y empecemos a pensar procesos formativos que realmente tengan un sustento de la necesidad de vincularse con el otro más allá del contenido del tema 4 de la unidad 5. Esa es la discusión que hay que dar", argumentó la especialista.

Finalmente, sostuvo que lo más importante en este momento es "que los docentes puedan terminar el año sin más presión": "Para esos docentes que estuvieron trabajando todo el año fue un año muy fuerte y muy pesado, y necesitamos que terminen el año más relajados. No son discusiones que estemos pensando en dar con ellos ahora, porque necesitan un poco de paz mental", cerró.

Los entrevistados coinciden en que el año que viene la educación superior se desarrollará de manera bimodal: presencial sólo en los casos en que sea imprescindible y virtual para el resto de las actividades.

Monzón coincidió en que el regreso el año que viene será bimodal: presencial para algunas actividades y virtual para otras, aunque advirtió que para que eso sea posible y fructífero "es necesario discutir políticas públicas reales que atiendan a las necesidades de conectividad del universo educativo, y en esto aún no hay una posición clara de los niveles del Estado ni de los gobiernos".

"Lo que los docentes plantean en este momento es 'cómo voy a seguir el año que viene con esta computadora que ya no da más y se me tilda cada cinco minutos' o 'cómo voy a seguir con este celular que se me descarga la batería continuamente porque lo utilicé todo el año al máximo'", señaló.

Además, destacó que "los docentes pusieron el cuerpo realmente, en el sentido más literal: tuvieron que ir al kinesiólogo, al oculista, al dermatólogo, al neurólogo, por las consecuencias de la sobrecarga de tareas y del estrés sobre sus cuerpos" y denunció que "esto fue soslayado por una intencionalidad generalizada de poner otra vez en escena la figura misionera del docente, esa idea de que el docente tiene que darlo todo sin esperar nada a cambio. El docente puede darlo todo porque tiene una posición política, pedagógica, epistemológica; pero si no hay condiciones materiales, si la virtualidad te pasa factura en el cuerpo y encima genera un impacto a nivel económico, es algo que termina siendo muy difícil de resolver", sostuvo y concluyó apuntando que para poder pensar una educación pospandémica, "la clave pasa por poner en la escena educativa todas estas discusiones y conflictos".