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La recompensa espera al final: piletones naturales de agua termal que brota a unos 30 grados, rodeados de silencio, verde y vapor. El entorno ofrece una sensación de aislamiento absoluto. No hay ruidos artificiales ni estructuras turísticas invasivas, solo naturaleza viva. Por eso, el lugar se convirtió en un santuario de bienestar para quienes logran llegar.
La temporada habilitada para visitar las Termas del Río Jordán va de junio a noviembre. En verano, las lluvias intensas transforman el cauce del río en un peligro, lo que vuelve imposible cruzarlo. Por eso, cada invierno cientos de aventureros se apuran para aprovechar la ventana de acceso antes de que vuelva a cerrarse.
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Además del baño termal, la caminata en sí ya representa una experiencia. El sendero atraviesa una reserva gestionada por comunidades originarias, que preservan tanto el entorno como las tradiciones del lugar. Ellos mismos son quienes acompañan a los visitantes y comparten sus saberes sobre la flora, la fauna y la historia del territorio.
Termas del río Jordán, escapada a Jujuy.jpg
Escondidas en la selva jujeña, las Termas del Río Jordán solo se pueden visitar en invierno y ofrecen una experiencia natural exclusiva.
Para quienes no llegan en temporada, hay opciones alternativas como el circuito de la Fuente del Jaguar, que incluye cascadas, pozones naturales y otros rincones ideales para el descanso selvático.
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Las Termas del Río Jordán no son para cualquiera: hay que caminar, sudar y estar dispuesto a desconectarse del mundo. Pero quienes se animan descubren una experiencia única en el norte argentino. Una escapada que mezcla aventura, naturaleza y relax, y que solo se deja vivir en invierno.