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Escapada a un encantador pueblo cerca de Bariloche con pocos habitantes y sabores exquisitos

Entre casas de madera y plantaciones de frutos rojos, el pueblo invita a una desconexión total con el ritual del curanto como gran protagonista.

La Patagonia argentina nunca deja de sorprender, pero a veces los tesoros más valiosos están a la vuelta de la esquina. A solo unos kilómetros de Bariloche, Colonia Suiza aparece como un portal en el tiempo.

Este pequeño pueblo, que alberga a menos de 400 residentes fijos, combina la arquitectura típica de los Alpes con la inmensidad de los bosques rionegrinos. Si buscás una escapada que mezcle historia, aire puro y una oferta gastronómica imbatible, este es tu lugar.

Escapada a los Alpes Suizos sin salir de Río Negro

Fundada a finales del siglo XIX por inmigrantes suizos y franceses, esta colonia ostenta con orgullo el título de primer asentamiento europeo de la zona. Al caminar por sus calles, vas a notar de inmediato la huella de sus fundadores: casas de madera con techos inclinados y jardines que parecen sacados de una postal suiza.

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Hoy, la localidad mantiene un ritmo pausado que obliga a bajar un cambio. El entorno de montañas y el aire fresco del Nahuel Huapi crean la atmósfera perfecta para quienes necesitan escapar del ruido de las ciudades turísticas más grandes.

Colonia Suiza, escapada a Río Negro (2).png

El microclima de la zona favorece la producción de frutos finos, una industria artesanal que sostiene la economía de las familias fundadoras desde hace más de un siglo.

Qué hacer en Colonia Suiza un pueblo único de la Patagonia: ferias, bosques y aventura

A pesar de su tamaño, la aldea ofrece planes para todos los gustos. La clave aquí es disfrutar sin apuros:

  • Feria de artesanos: Es el corazón social del pueblo. Los productores locales ofrecen desde tejidos y cerámicas hasta licores caseros y dulces que no vas a encontrar en ningún supermercado.
  • Senderos y naturaleza: Rodeada de cerros, la colonia cuenta con caminos ideales para hacer trekking o pasear en bicicleta. Estos senderos te llevan a miradores naturales con vistas panorámicas que cortan la respiración.
  • Ruta de los frutos rojos: En las granjas cercanas podés conocer de cerca el cultivo de frambuesas, frutillas y moras. Lo mejor, claro, son las degustaciones de conservas elaboradas con recetas que pasaron de generación en generación.

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Colonia Suiza, escapada a Río Negro.png

El curanto representa una de las ceremonias gastronómicas más antiguas de la región, fusionando saberes indígenas con productos locales para alimentar a cientos de visitantes cada domingo.

El sabor de la herencia: del strudel al curanto

La gastronomía es, sin dudas, el imán que atrae a los viajeros. La oferta refleja la fusión de dos mundos: las casas de té sirven strudels y chocolates artesanales, mientras que los restaurantes se lucen con platos de goulash, fondue y ahumados.

Sin embargo, el ritual supremo es el curanto. Aunque tiene raíces mapuches, en Colonia Suiza lo transformaron en un símbolo de identidad. Los cocineros preparan carnes y verduras en un hoyo bajo tierra, cubierto con piedras calientes y hojas. Ver la apertura del hoyo es un espectáculo en sí mismo que resume la mística de este rincón patagónico.

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