Santo del 3 de octubre: Francisco de Borja
Carlos V había oído hablar de él, a través de sus colaboradores. Era la persona idónea para entrar en el palacio y desempeñar algunos servicios. Lo haría bien. Seguro. Y no falló en su ojo clínico. Francisco destacaba por su actitud de servicio y su habilidad ante las dificultades sociales, políticas y culturales. Pero llegó el momento de entrar en una órbita más arriba.
La ocasión se presenta cuando muere de forma inesperada la emperatriz Isabel. Debe ser llevada a Granada donde recibiría sepultura. Su juventud supuso un impacto en todos y también en Francisco. Cuando tuvo que ver a la reina en el féretro, descubrió lo que es la muerte y eso cambió su vida. Cuando vio que el cadáver de la emperatriz estaba desfigurado en el proceso natural de la corrupción, exclamó: “Jamás volveré a servir a señores que se me puedan morir”.
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Desde ese momento busca su misión y entra en contacto con el jesuita Fabro. Le interesa e ilusiona el carisma de Ignacio de Loyola. De hecho ingresa en él a la muerte de su esposa. Ahora las empresas son espirituales. Y llegará lejos revitalizando la vida de la Iglesia hasta su muerte ocurrida en 1572.
Fuente: www.cope.es
