La historia del colectivero que ama su trabajo y se involucra con cada pasajero

Darío Billoud es colectivero en la empresa que une a la ciudad de Santa Fe con Paraná. En sus viajes se hizo muy conocido por una sola razón: el buen trato y la empatía que demuestra con sus pasajeros. En Aire Digital dialogamos con él y conocimos su historia.

 

El hecho de tomar un colectivo puede ser moneda corriente para muchos. Pero encontrarse con un colectivero como Darío no tanto. Su impronta hace que llame la atención y sea muy conocido por aquellos que viajan entre las capitales provinciales, especialmente los estudiantes.

En 2015 su nombre se viralizó y fue furor en los medios de comunicación. Un pasajero tomó una fotografía de una picada que Darío les había dado para compartir. Era 12 de abril, su cumpleaños, y quiso celebrar con los suyos la alegría de cumplir un año más.

 

 

A pesar de que se conoció en 2015, su actitud venía desde hacía un tiempo. “Una vez, un estudiante me dijo que tenía hambre, que había salido de cursar con el estómago vacío y ahí se me ocurrió. Esperé a mi cumpleaños y armamos, junto a mi esposa, el tupper con las picadas”, contó para Aire Digital.

Ese gesto continúa haciéndolo e incluso este año la historia llegó a Marcelo Tinelli. El 12 de abril salió, una vez más, con nueve tuppers de picada que preparó junto a su esposa. Lo que hace es elegir a alguno de los pasajeros para que los reparta entre todos. “Una vez que están todos sentados, lo llamo y le pregunto si se puede acercar. Luego les cuento que es mi cumpleaños y que por eso les traje un regalo a todos”.

 

Darío busca “salir de la estructura típica del colectivo”. Busca que hablen, que se rían, que puedan conocer al que está al lado. 

Darío nació en Santa Fe hace 50 años. Tiene dos hermanas y, desde hace diez años, está casado con Carina a quien ama profundamente. “Ella me enseñó mucho de la vida y me la ordenó”, dijo en exclusivo para Aire Digital. Además contó que tiene una hija.

Cuando era adolescente trabajaba en una librería. Primero le tocó estar encargado de la limpieza y de su organización. “Yo no tenía mucha idea de los escritores, pero sabía dónde estaban acomodados todos los libros. Cuando necesitaban alguno en particular, acudían a mí”.

Luego se fue a una empresa rectificadora de motores. “Mi pasión es manejar, el trato con las personas y la venta. En este trabajo me tocaba todo eso porque yo tenía que ir a gestionar con los clientes para que la empresa pueda rectificar los motores”.

En el marco de la inundación del 2003 que azotó a la ciudad de Santa Fe, Darío decidió irse de esa empresa y buscó otro trabajo. Su próximo destino laboral iba a significar un antes y un después en su vida. “Llegué a la empresa Flecha Bus. Ahí hacía muchos viajes, pero me acuerdo del que iba desde La Plata hasta Salvador Massa en Salta, justo en el límite de Argentina. Ese viaje lo hacíamos una vez a la semana y demorábamos un día y medio aproximadamente”.

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Después surgió la posibilidad de Fluviales. “El 12 de agosto de 2013 ingresé a Fluviales. Al principio hacia la línea Paraná – Viale. Me levantaba a las tres de la mañana, me iba a Paraná, me subía a un colectivo vacío y desde Viale salía para Paraná a las seis y media de la mañana. Después cambiaba la bandera y me ponía a hacer servicio rondín, que es el recorrido universitario, hasta las 16 horas”.

Luego lo pasaron a la tarde y desde ese momento realiza el recorrido por las universidades de Santa Fe y Paraná, trasladando a miles de estudiantes. 

“Yo los busco y los veo todos los días. Ellos son pasajeros frecuentes. No conozco a todos, pero en su gran mayoría sí. Sé dónde se van a bajar, qué estudian, a qué Facultad van”, expresó.

Dario habla de involucrarse con sus pasajeros y así lo hace. “Cuando veo que los pasajeros vienen durmiéndose les pregunto si quieren que los despierte en alguna parada determinada. Yo me involucro porque me pongo en el lugar de ellos. Carina, mi esposa, me enseñó de filosofía. Y yo busco eso, que el otro se sienta bien, poder ayudarlo”.

Según cuenta, sólo hace falta un gesto para que el viaje sea distinto. “El coche se transforma ante este tipo de acciones. La gente empieza a hablar. Hay un murmullo arriba del colectivo diferente. Generalmente nadie habla, van todos callados. A lo sumo hablan los que viajan juntos. Está todo tan frío y la idea es que se puedan conocer, que sepan a dónde van y que surja un diálogo”.

Darío Billoud también elige Aire de Santa Fe para informarse. Incluso el día del cumpleaños de Luis Mino se acercó a la radio para entregarle un obsequio.