39 años de Malvinas: los héroes santafesinos recuerdan la guerra que marcó la historia argentina

39 años de Malvinas: los héroes santafesinos recuerdan la guerra que marcó la historia argentina

En un nuevo aniversario del comienzo de la Guerra de Malvinas, tres santafesinos recuerdan lo vivido, lo guardado, lo contado y lo olvidado. Los relatos de guerra de Ricardo Sosa, Marcelino Sandoval y Julio Escobar.

Especial ex combatientes de Malvinas

La Guerra de Malvinas comenzó antes en Argentina. Sin embargo, solo unos pocos lo sabían. La Operación Rosario inició en marzo, pero desembarcó el 2 de abril cuando las fuerzas argentinas desalojaron a las autoridades británicas, establecieron la gobernación militar y conquistaron las islas. De esa operación formó parte Ricardo Sosa, que viajó en el destructor ARA Seguí. Mientras aquel santafesino arribaba al archipiélago, en Argentina Julio Escobar esperaba para salir en el buque de guerra Comodoro Py y Marcelino Sandoval deambulaba en la noche, patrullando, junto a los demás miembros del Ejército Argentino.

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Julio Escobar

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"La guerra es un infierno", dice Julio Escobar con la voz baja como si el pensamiento se le escapara sin querer. "Y nosotros volvimos del infierno", agrega. Es santafesino y desde el 2 de abril de 1982 fue cabo segundo del buque de Guerra Comodoro Py. Aunque sabe muy bien que la guerra es parte de su pasado, quedó impregnada en Julio. En la forma en la que le tiemblan las manos cuando recuerda el rescate de los compañeros del ARA Alférez Sobral que había sido averiado por los ingleses, en sus ojos lagrimosos que mezclan la tristeza y el recuerdo cuando dice que todos los 2 de abril cambia su actitud, se pone mal. Para estas ocasiones tiene un rincón en su casa donde "siempre se cae una lágrima". Pero Julio aprendió a vivir con eso y sostiene que "ya está instalado en la persona, adentro".

En 1982 Escobar estaba en la escuela de suboficiales. Cuando sus compañeros tomaron Malvinas -no lo sabía-, permanecía en Puerto Belgrano y les anunciaron que había que salir a navegar. "Al principio mucho no entendía", rememora. El santafesino sostiene que se dio cuenta que estaban en guerra cuando en el rescate del ARA Alférez Sobral se enteró de las nueve bajas. "Ahí tomé conciencia", indica. Lo que más lo marcó, como a muchos, fue el hundimiento del crucero Belgrano.

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Escobar tenía su puesto dentro de un cañón, por lo que la mayor parte del tiempo la pasaba junto a sus compañeros en silencio. "El capitán me daba las órdenes y yo cumplía, después no pensaba en otra cosa", cuenta.

El recibimiento de la gente cuando regresó a su antiguo barrio "fue enorme", relata el ex combatiente. "Me invitaban a comer para que les cuente la historia de Malvinas", agrega. Para Escobar, el pueblo en general los recibió bien y siente que tienen respeto hacia el.

El brillo en los ojos de Julio cambia cuando afirma que está orgulloso de los excombatientemente. "Nosotros fuimos a defender la Patria", dice.

Ricardo Sosa

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A mediados de marzo de 1982 Ricardo Sosa comenzó a notar mucho "movimiento" en la base naval de Puerto Belgrano: camiones con cargamento, combustible, municiones. "Sabíamos que era inminente un conflicto pero no teníamos en claro con quién", cuenta. Es que Sosa, como muchos otros, se enteraría que estaba en guerra apenas unos minutos antes de combatir contra los ingleses. "En un principio temíamos que fuera una guerra civil por la situación interna del país, después tomamos rumbo al sur y ya había dos opciones: contra Chile o contra Gran Bretaña", recuerda.

Cuando sus comandantes abrieron los sobres con las instrucciones llamaron a una reunión en el comedor de tropa del ARA Seguí que había marchado desde el 28 de marzo. "Nos informaron la misión y un capellán nos hizo una misa. Ahí nos dio a entender que íbamos a una guerra y teníamos que dejar de lado lo humanitario porque había un enemigo que venía a matarnos y si no nos defendíamos nos mataban", parafrasea el excombatiente.

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Sosa era soldado conscripto de la clase 1963 y fue incorporado a la armada como personal del destructor ARA Seguí. Cuando se inició el conflicto tenía ocho meses en el Servicio Militar Obligatorio. En marzo llegó de un franco largo de fin de año y se le asignó un destino en el sur. Tenía 19 años pero recuerda que había compañeros de 15 que antes de la guerra estaban en la Esma.

A 39 años del inicio de la guerra, Ricardo recuerda claramente que en ese momento sus sentimientos eran contradictorios. Por un lado, se sabía protagonista de un momento histórico para Argentina, pero por el otro no sabía si iba a regresar con vida. Como era auxiliar de foguista, pasaba de la caldera con 35° al frío de la intemperie del océano en cuestión de segundos. Es que su trabajo era abastecer de municiones a los cañones del buque. Cuenta que durante el combate no podía pensar en nada porque "había que estar muy concentrado". Pero después de la acción venía la calma y el cuerpo se le caía a pedazos.

Para Sosa es clave la unión que lograron los ex combatientes en Santa Fe, porque cuando regresaron de Malvinas hubo "falta de contención" por parte del Estado. "Llegamos y pasamos desapercibidos. A muchos compañeros del Ejército los ocultaron porque tenían menos peso", indica.

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Ricardo relata que "la gente era otra" y que "el mundo era distinto". Los resultados del Mundial de España del '82 los supo recién varios años después. "Parecía que uno regresaba de un sueño, de una pesadilla", señala.

Para el santafesino el tiempo hizo que entienda aún más la importancia de lo que había hecho. "Uno en ese momento se sentía como un jugador de la selección que representaba a su país, nosotros fuimos a defender la Patria", afirma. Para Ricardo, por suerte, la gente ya es más consciente de lo que ocurrió y de que ellos, los ex combatientes, son "la historia viviente del país".

Marcelino Sandoval

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A Marcelino Sandoval lo llevaron hasta Paraná, lo subieron junto a 450 hombres en un avión de carga y lo trasladaron hasta el sur. Si bien era de la clase 63 y ya debían darlo de baja, los mezclaron con soldados un año más chicos para que les enseñen. "Cuando llegamos ya era otra cosa", afirma. Sandoval arribó a Comodoro Rivadavia y comenzó a ver buques cargados, armamento. Durante 15 días hicieron patrullaje. "Estábamos bastante bien, la pasábamos bárbaro porque nos tocó cuidar una escuela y nos daban chocolate, teníamos todo", recuerda con la única sonrisa que se le escapa en el relato.

En el transcurso de varios días los movieron varias veces de ubicación, hasta que les avisaron que "pasaban a Malvinas". La primera noche le tocó hacer guardia en la casa del gobernador y luego, hasta el final de la guerra, permanecieron en la guardia de Puerto Darwin donde había aviones y armamento.

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El 26 de abril Marcelino cumplió sus 19 años, ese mismo día bombardearon el depósito de municiones. Ese mismo día, Sandoval y sus compañeros se dieron cuenta que estaban en guerra. "No dieron de baja el depósito completo, por suerte no estábamos tan cerca", relata.

Sandoval confiesa que esos primeros bombardeos le dieron un poco de miedo. "En los simulacros era un juego, pero acá las bombas y municiones eran de verdad. Te tenés que cuidar o sino ya sabés lo que pasa", explica. A medida que fue atravesando más combates, Sandoval recuerda que fue perdiendo el miedo. Puntualmente fue luego de que una bomba que cayera muy cerca de ellos no explotara. "Nos dimos cuenta que teníamos un Dios aparte y salimos", dijo. Desde entonces, "ya era ir para adelante nomás", recuerda el excombatiente.

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"Era otra la historia cuando volvimos, no teníamos nada. El mismo ejército que te volvió, te trajo encerrado", narra Sandoval sin poder evitar derramar algunas lágrimas. Dice que no suele contar su historia. "Nos trajeron tapados para que no vean cómo estábamos", señala y afirma que "fue triste" porque no sabía que hacer. "Fuimos con 60 kilos y volvimos con 50, las bolsas pesaban más", se lamenta.

Para Marcelino a medida que pasa el tiempo la gente "se va dando cuenta" de todo lo que pasó. Eso lo entusiasma y lo anima a contar. A Malvinas no volvió. Sostiene que va a volver, pero sin pasaporte.