¿Cuál es el deporte que más alarga la vida? La medicina dice haber hallado la respuesta
Por Mariano Ruiz Clausen
“¿Toda actividad física es beneficiosa? Sabemos que es indispensable para la salud, pero ¿importa qué ejercicios o deportes realizamos? ¿Ayudan a prolongar la vida? Un estudio sugiere que sí, y dice cuál nos permitiría vivir más…”
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Con esa tentadora invitación a leer comienza el artículo Actividad Física y Longevidad: ¿Qué Deporte es Mejor? Allí se resumen los resultados de un estudio que se realizó durante décadas en Copenhague, Dinamarca, y que se denominó “Actividades Físicas Diversas en el Tiempo Libre y su Vínculo con las Expectativas de Vida”.
La investigación realizada en la capital del país nórdico comparó a un grupo de personas sedentarias con otras que realizaron actividad física; principalmente tenis, bádminton, fútbol, trote, ciclismo, calistenia (entrenamiento basado en movimientos en donde se usa el propio peso corporal), natación y actividades en gimnasios (caminata en cinta, entrenamiento elíptico y con pesas).
Los autores hicieron un seguimiento de 8577 participantes durante 25 años, en los que evaluaron diversos aspectos de su salud. Con los datos obtenidos realizaron una “Tabla (comparativa) de esperanza de vida” teniendo en cuenta los “años de vida ganados por actividad”. El resultado fue el siguiente:
Todo parecería indicar, entonces, que una forma de prolongar la vida es dedicándose a los deportes con raqueta…
No necesariamente. ¿Por qué?
Porque la investigación, más allá de la numerosa cantidad de personas evaluadas y de todos los años que demandó, tendría sus límites, según admitieron sus propios autores.
Se trató de un estudio observacional. Es decir, no prueba relaciones causales que permitan aseverar que “Hacer X deporte alarga la vida X cantidad de años”. Solo muestra que “los que hicieron X deportes vivieron más tiempo“. Halla una correlación entre dos variables: Tenis – Más Años de Vida Ganados.
Aún así, el dato no es menor, y los científicos lo destacan: “Varios deportes están asociados con mejoras notablemente diferentes en la esperanza de vida. Pero ya que este es un estudio observacional sigue siendo incierto si la relación es causal”.
“No obstante –enfatizan– los deportes de tiempo libre que, en sí mismos, implican una mayor interacción social se asociaron con mayor longevidad, hallazgo que justifica más investigaciones”.
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Dos profesionales dialogaron con Aire Digital y ofrecieron una mirada rigurosa de la investigación de Dinamarca. También, brindaron consejos fundamentales para mejorar la calidad de vida mediante la actividad física.
El santafesino Facundo Gaitán es médico de Atención Primaria egresado de la UNR; profesor de Educación Física del ISEF Santa Fe; licenciado en Educación Física de la UNL; y posgraduado en Fisiología del Ejercicio en la UCA de la Plata.
Además, cursa actualmente la maestría en Fisiología del Ejercicio de la Universidad de Barcelona, temática que es su principal área de especialización.
— Gaitán, ¿qué opinión le merece la investigación realizada en Dinamarca?
—A juzgar por lo leído, escrito por alguien que leyó el trabajo de investigación completo (porque solo disponemos de resúmenes), el estudio consideraría variables diferentes (deporte, condición social, intelectual, entre otras); pero no las relacionaría entre sí. Sin embargo, concluye que jugar tenis alargaría la vida en 9,7 años respecto de otros deportes; pero no menciona en relación a qué (quizás sea respecto a la expectativa de vida promedio).
—Los actividades que implican interacción, creación de vínculos y trabajo en equipo, ¿generan mejor impacto en la calidad de vida de las personas que los practican?
— En mi opinión es absolutamente relativo. Posicionándonos desde la educación física, y atendiendo a este punto, es necesario primero distinguir entre deportes sociomotrices y deportes psicomotrices. Entendemos como deportes sociomotrices a todos aquellos en los cuales existe una interacción social con otros, en calidad de pares persiguiendo un objetivo común. Son los deportes en equipo como el fútbol, el básquet, etc.
“Los sociomotrices se destacan por la acción social, el juego compartido, la táctica y la estrategia colectiva. No importa que sean competitivos o recreativos: casi siempre finalizan con un ‘tercer tiempo’ en el que todos festejan. Lo practican sujetos que en términos generales saben apoyarse en el otro y trabajar en equipo no solo dentro del juego; sino que opera como un aprendizaje para la vida”, profundiza Facundo Gaitán.
Y contrasta: “Por otro lado tenemos los deportes psicomotrices como el tenis, el ciclismo, correr, la natación, etc. Estos caracterizan más bien a sujetos duros, capaces de sobrevivir a situaciones deportivas y de vida difíciles, pero a veces con dificultades para manejar fluidamente las relaciones interpersonales. No suelen pedir ayuda y, la mayoría de ellos, logra acomodarse al Síndrome General de Adaptación de Selye más con la lucha que con la huida”.
Facundo Gaitán habla no solo desde el conocimiento que le aporta su formación académica. También, como deportista experimentado.
“En lo personal, y habiéndome dedicando durante más de una década al alto rendimiento de un deporte psicomotriz, puedo asegurar que esto me permitió sobrellevar momentos difíciles de mi vida; pero cuando dejé de practicarlo a ese nivel pude conocer lo agradable de las relaciones interpersonales, dice el médico y profundiza: “Entonces el impacto en la calidad de vida se vuelve relativo a los contextos de esa vida”.
—Volviendo a la investigación, fue realizada durante muchos años, sobre una población numerosa pero muy homogénea, con una realidad socioeconómica y cultural muy diferente. No obstante, ¿cree que puede tener algún correlato o ser extrapolable?
—Es una pregunta difícil. Si solo intentamos extrapolar un deporte como el tenis en Dinamarca al tenis en Argentina estaríamos proponiendo una mirada un tanto mentirosa. O, mejor dicho, que nos muestra de cerca un árbol que no nos deja ver el bosque. No hay razón biológica para pensar que el tenis ofrecería mayor expectativa de vida que otro deporte, solo por ser tenis. Pero quizás sí si lo pensamos como asociado a un grupo social y económico claramente diferente. En ese caso sí podríamos decir que sería relativamente extrapolable.
“Ahora bien –problematiza Gaitán–. En este caso, y como médico, debo pensar: ¿el acceso a la salud es el mismo para la clase social media – alta que para la clase social media- baja ? Claramente no. ¿Esto podría ir de la mano con la expectativa de vida ? Claramente sí”.
Siguiendo ese razonamiento, el médico y profesor de educación física, lleva la idea ‘un poco más allá’. Y expresa: “¿El acceso al tenis como deporte es el mismo para la para la clase social media – baja que para la clase social social media – alta ? Claramente no. ¿La gente que practica tenis, entonces, podría tener mayor expectativa de vida ? Claramente sí”
Pero no por cuestiones vinculadas a la ventajas de jugar al tenis. Sino por “su asociación a una determinada clase social” que, en general, goza de mejores condiciones de vida.
Finalmente, consultado Gaitán sobre las ventajas entre una y otra actividad teniendo en cuenta la hipótesis de que algunas brindarían mayores expectativas de vida, dijo que tienen más impacto positivo los deportes grupales.
“Sin ser un hombre de las ciencias sociales diría que los deportes sociomotrices siempre serán más ricos, por que el hombre es un ser social por naturaleza. Ya los primeros homínidos se unían socialmente para sobrevivir y 60.000 años después lo seguimos haciendo”, aseguró Facundo Gaitán.
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“Ahora bien, desde lo fisiológico todos los deportes nombrados son buenos, por infinitos motivos que sería imposible enumerar ahora. Desde lo físico, los recomendables son los que estadísticamente estén asociados a menor cantidad de lesiones o accidentes: aquí el primer puesto sin dudas se lo lleva la natación; pero, por otro lado, de sociomotriz la natación no tiene absolutamente nada…”, contrastó.
Finalmente, remarcó: “Hay que destacar que la investigación que estamos analizando habla de expectativas de vida, pero no de calidad de vida. A eso aspecto no lo sabemos aunque sí lo suponemos”.
Y reflexionó Facundo Gaitán: “Lo que podemos concluir desde una mirada tanto médica como desde las ciencias de la educación física, es que el mejor medicamento, siempre, es aquél que no se toma”.
Pablo Chito, profesor de Educación Física y médico especialista en Cardiología también dialogó con Aire Digital sobre la investigación realizada en Copenhague y brindó su análisis de la misma.
Para el profesional –egresado del ISEF de Santa Fe y de la FCM de la UNL–, el estudio no es significativamente comparable con las realidades locales, entre otras razones, porque se realizó en Dinamarca.
No obstante, considera que permite pensar problemáticas de salud globales que desafían tanto a países del ‘primer mundo’ como a sociedades con niveles de ingreso y estándares de vida menores.
Inicialmente, el cardiólogo señala los puntos de coincidencia y destaca que la población estudiada “estuvo compuesta por personas que realizan prácticas deportivas amateur, recreativas”. Asimismo, que los “distintos análisis que rodean a este estudio destacan la importancia de los actividades colectivas, que fomentan la interacción y el disfrute“.
Para Chito –que realizó su residencia en Cardiología en el hospital Cullen de la ciudad de Santa Fe–, esto es de particular relevancia. Fundamentalmente teniendo en cuenta que la adquisición de hábitos saludables como la actividad física (además de la buena alimentación, descenso de peso, cesación tabáquica, entre otros), es más fácil de lograr “si se tiene en cuenta qué es lo que al paciente le gusta hacer“.
“A quienes nos consultan siempre le preguntamos qué les gusta hacer, cuando recomendamos actividad física. De lo contrario la adherencia a los tratamientos es difícil de lograr o sostener”, ilustra en ese sentido.
Otro aspecto que Chito destaca de la investigación es el que muestra que «las actividades que se realizan en gimnasios, individualmente, en condiciones de cierto aislamiento y se vinculan a la búsqueda de ‘cuerpos perfectos’, se relacionan con menos “años de vida ganados” (solo 1.5 en comparación con los otros)».
Para el profesional, esto coincide con diversas problemáticas existentes y crecientes, relacionadas con el culto al cuerpo y a la imagen corporal como un fin en sí mismo; sin tener el cuenta el impacto negativo que ello tiene o podría tener sobre la salud del sujeto, concebida integralmente.
Finalmente, Pablo Chito reflexiona sobre las diferencias entre los deportes de élite individuales de los colectivos, por los distintos niveles de presión psicofísica que ellos suponen para quienes los practican.
“Por ejemplo, para un tenista profesional, de élite, su cuerpo es su instrumento de trabajo. Debe mantener una disciplina rigurosa, estricta, y alcanzar el máximo de su rendimiento en cada partido. La presión es enorme. Él es el único responsable de cada victoria y de cada fracaso”, ilustra el cardiólogo.
Y diferencia: “Contrariamente, y si bien en los deportes grupales los niveles de profesionalización, exigencia y competitividad son cada vez mayores, un jugador de fútbol o de básquet destacado puede tener un mal día; y las consecuencias serán otras, porque hay un equipo que lo contiene, que lo sostiene y la responsabilidad de algún modo se comparte“.
