La autofagia, ¿qué es? ¿para qué sirve?
“Es un proceso por el cual una célula digiere y recicla sus propios componentes. Oshumi lo viene investigando desde hace tiempo en un organismo muy sencillo que son las levaduras, los hongos con los que se fabrica el pan, el vino o la cerveza y son un gran modelo de genética y biología molecular”, explicó Diego Golombek, científico argentino e investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
La palabra autofagia proviene del griego y significa “comerse a sí mismo”. Si bien este proceso es esencial para la renovación celular del organismo, no todo sería beneficioso. Sucede que el mecanismo de autofagia también encuentra deficiencias y, ante un mal desarrollo, la posibilidad de causar distintas enfermedades en una persona aumenta notablemente.
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“Las células, en cierta forma, ponen componentes que ya hay que reciclar porque están viejos, porque requieren algún tipo de cambio o marcan algún error dentro de unas ‘bolsitas’ llamadas autofagosomas. En esas ‘bolsitas’ inyectan sustancias para romper los componentes que después salen y son utilizados y reciclados nuevamente”, dijo Golombek.
En los años 60, los científicos observaron por primera vez la destrucción de las células por su propia sustancia, evacuándola hacia un “compartimento de reciclado” llamado lisosoma. Allí nació el concepto de autofagia en el mundo.
“Lo que Oshumi descubrió, más allá del mecanismo, son algunos genes que están relacionados con este proceso de autofagia en las levaduras”, agregó Golombek.
Ohsumi, de 71 años, nació en Fukuoka. Obtuvo su doctorado en 1964 en la Universidad de Tokio. Luego de tres años en la Universidad Rockefeller de Nueva York, regresó a Tokio para crear su propio laboratorio. Desde 2009 es profesor del instituto de Tecnología de la capital nipona.
El concepto surgió varias décadas atrás pero la “importancia fundamental en la fisiología y la medicina sólo se reconoció tras la investigación de Yoshinori Ohsumi”, indicó en un comunicado el comité del Nobel del Instituto de Karolinska, que otorga el premio.
“Lo curioso es que esos genes estaban presentes en mamíferos y en seres humanos. Lo más moderno de este asunto es que estos genes -y el proceso de autofagia- también estarían (es muy importante el potencial) involucrados en la base de algunas enfermedades neurodegenerativas o algunos tipos de insulina y de cáncer”, sostuvo Golombek, uniéndose a la línea de los que creen que si bien los descubrimientos de Oshumi supusieron un nuevo paradigma para comprender cómo la célula recicla su contenido, las mutaciones de genes de la autofagia pueden provocar enfermedades genéticas.
“Esto está muy lejos de un posible tratamiento, pero conocer íntimamente los procesos por los cuales funcionan las células va a ayudar a encontrar blancos terapéuticos para tratar ciertas enfermedades cuando estas cosas funcionen mal”, concluyó Golombek.
Fuente: Infobae
