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El exdelantero vivía en barrio Roma, cerca de la cancha de Newell’s, y describió cómo fue tomando dimensión de lo que ocurría: “Veíamos que pasaba mucha gente. Nos acercamos hasta el Hospital de Niños y ya estaban colocando bolsas de arena. Era todo muy raro. Nunca pensé que el agua iba a llegar”.
El impacto del agua y una ciudad devastada
La inundación avanzó rápidamente y alcanzó niveles impensados. “En la torre donde vivía, el agua llegó hasta el picaporte. Yo estaba en el sexto piso y desde el balcón veía un anfibio flotando. Era rarísimo, no te lo imaginás”, recordó.
Con el correr de las horas, la magnitud del desastre se volvió evidente: “Al otro día amanecer y ver un río... en ese momento no caés. Lo peor fue cuando el agua se retiró. Los gritos de la gente buscando familiares eran desgarradores”.
Además, destacó el impacto emocional y material: “La gente perdió recuerdos. Ahí uno toma dimensión del valor de las fotos y las cosas simples”.
Diego Olivera exfutbolista de union 2003
Diego Olivera, exfutbolista de Unión.
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Entre la emergencia y el fútbol
En medio de la crisis, los vecinos se organizaron para resistir: “Nos trasladaron en lancha hasta otra torre. Había que quedarse a cuidar porque había robos. Nos fuimos con lo que teníamos, leche y pañales, a la casa de mis suegros en el norte”.
Pese a la gravedad de la situación, el fútbol continuó: “A la tarde ya quedamos concentrados. En las calles se notaba el desabastecimiento. Viajamos por Entre Ríos, pasamos por Victoria, Zárate y llegamos a Buenos Aires”.
Sin embargo, la realidad terminó imponiéndose. Olivera recordó una charla clave con sus compañeros: “Entrenamos en Vélez y después el ‘Mago’ Capria empezó a preguntar qué pensábamos. Yo conté lo que me dijo mi mujer: ‘ustedes en lo peor de Santa Fe se van’. Y Capria dijo ‘así no se puede jugar’”.