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Hinchas de Unión por el mundo
La lluvia no frenó la autoconvocatoria en el 15 de Abril y la pasión cruzó el mapa: desde la plaza del estadio hasta Europa, las voces de Pablo Lanfranchi y Diego González mostraron cómo el sentimiento rojiblanco se vive igual, aunque haya cinco horas de diferencia.
El programa especial de AIRE de Santa Fe mostró algo más potente todavía: que Unión no tiene geografía y hay hinchas por distribuidos por todo el mundo.
Desde Barcelona apareció Pablo Lanfranchi, presidente de la filial “Sangre Tatengue Nery Pumpido”, una organización que cumple 25 años y que nuclea hinchas en 23 países y más de 40 ciudades de España. Su historia arranca en 2001, en el Estadio Olímpico de Roma, cuando divisó una bandera de Unión en la tribuna opuesta durante un partido de Argentina. “Fue como un clic. Entendimos que había más tatengues por acá y empezamos a buscarnos”, contó.
Desde entonces, la filial no paró de crecer. El año pasado aportaron 203 socios internacionales al club y el próximo 16 de mayo celebrarán el aniversario con más de 100 tatengues llegados desde distintos puntos del mundo. “La pasión no se apacigua con la distancia. Si Unión juega, no puedo dormir. Y al otro día en el trabajo todos se dan cuenta cómo salió el partido por mi cara”, relató entre risas.
Lanfranchi recordó su vínculo con el club desde la infancia, de la mano de su abuelo, médico del plantel, y evocó imágenes del viejo estadio, de la final del ’79 ante River y de una vida social que iba mucho más allá del fútbol: la filatelia, el casino, el club como espacio formador. “Hay un abismo entre un club de fútbol y lo que es Unión como institución”, resumió.
Hinchas de Unión en Alemania
Desde Berlín se sumó Diego González, presidente del Fan Club de habla hispana de Union Berlin, equipo alemán con el que Unión comparte nombre, colores y una curiosa hermandad que nació en redes sociales cuando el club germano ascendió a la Bundesliga. Hincha tatengue de toda la vida, González encontró en esa coincidencia una nueva forma de sostener la pertenencia lejos de casa.
“Con Pablo no nos conocemos personalmente, pero hablamos todos los días. Si el partido empieza a las tres de la mañana, te quedás viéndolo igual y a las seis y media te levantás para ir a trabajar. Y también allá se dan cuenta cómo salió Unión”, contó.
Su recuerdo más fuerte es compartido con su abuelo y su abuela en la tribuna, recorriendo distintos sectores del estadio. Y como Lanfranchi, coincidió en que es imposible elegir un solo gol: “Los clásicos se gritan distinto, aunque ahora tenga que gritarlos para adentro por los vecinos”.
Ambos coincidieron en algo que sintetiza el espíritu de la noche: la camiseta viaja en la valija, pero el sentimiento va puesto.
Mientras en Santa Fe la gente se agrupaba en la plaza, colgaba banderas y esperaba la medianoche bajo la lluvia, en Europa ya era 15 de abril. Cinco horas de diferencia, miles de kilómetros de distancia, pero la misma vigilia.