En el día de hoy, se cumplen 42 años de la muerte del primer ídolo italiano -falleció el 21 de agosto de 1979-; y de uno de los delanteros más certeros de la historia, que justifica su lugar entre los jugadores más importantes de la historia del fútbol italiano. Meazza fue el emblema del seleccionado bicampeón del mundo en las Copas Mundiales de la FIFA de 1934 y 1938, de la mano de Vittorio Pozzo como entrenador y bajo la atenta mirada de Benito Mussolini amenazando de muerte constantemente al plantel en caso de no obtener la victoria.
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La selección italiana, dirigida por Victorio Pozzo, que en la foto levanta la Copa Jules Rimet.
El primer “capo cannonieri” del fútbol italiano fue una inspiración para los amantes del fútbol y de la literatura. Galeano le dedicó unas líneas entre sus obras, recreando el momento en que se le cae el pantalón al momento de patear un penal ante Brasil, por las semifinales del Mundial de 1938:
Italia 2:1 Brasil (Semifinales Francia 1938)
“Meazza colocó la pelota en el punto de fusilamiento. Era el galán del cuadro. Petiso pintón enamorado, elegante artillero de penales, alzaba la cabeza evitando al arquero, como el matador de toros en el lance final. Y sus pies, flexibles y sabios como manos, jamás se equivocaban. Pero Walter, el guardameta brasileño, era un buen atajador de penales, y se tenía fe. Meazza tomó impulso, y en el preciso momento en que iba a asestar el golpe, se le cayó el pantalón. El público quedó estupefacto y el árbitro casi se tragó el pito. Pero Meazza, sin detenerse, atrapó el pantalón de un manotazo y venció al arquero desarmado por la risa. Ese fue el gol que lanzó a Italia a la final del campeonato”.
Milán, el lugar futbolístico en el mundo para Giuseppe Meazza
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El Estadio San Siro, que cambia de nombre a "Estadio Giuseppe Meazza" cada vez que juega de local el Inter.
Meazza jugó en los dos clubes de Milan, aunque con ciclos dispares. En el Inter de Milán fue lo más cercano a un Dios, pero en AC Milán, apenas tuvo algunos destellos, por lo cual los aficionados del rossonnero, prefieren llamar San Siro al Estadio que comparten con su más acérrimo rival.
Todos estos laureles se agregan a su picardía y excentricismo fuera de las canchas. Italia entera lo recuerda, mientras el tiempo lo sigue colocando en el olimpo de los grandes futbolistas de todos los tiempos.