“El daño en el Amazonas es devastador, pero hay suficiente oxígeno para vivir millones de años”

Scott Denning es profesor de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad del Estado de Colorado, en EE.UU. Dialogó con Aire Digital brindando una mirada esperanzadora y aseguró que el incendio “es el resultado de una política intencional”. Además, dijo que es un “mito” que el Amazonas “es el pulmón del planeta”

Por Mariano Ruiz Clausen

 

Scott Denning es Ph.D. en Ciencias de la Atmósfera (el título académico más alto que existe) por la Universidad del Estado de Colorado, Estados Unidos. En pleno caos mundial por los incendios en la Amazonía, sorprendió con declaraciones esperanzadoras e información científica ignorada por muchos, que Aire Digital quiso chequear con la propia fuente, frente a tanto abordaje mediático –justificadamente– apocalíptico. Y ante la no menos ‘caliente’ tensión política entre países en pugna: “el Amazonas realmente no produce el 20% del oxígeno del mundo, no es el pulmón del mundo”, dijo el norteamericano y dejó perplejos a varios.

No conforme con ello, Denning fue por más: «Algunos medios afirman que esto también amenaza el oxígeno que respiramos. El presidente francés, Emmanuel Macron, tuiteó el 22 de agosto que “la selva tropical del Amazonas, los pulmones que producen el 20% del oxígeno de nuestro planeta, está en llamas». Pero la afirmación repetida de que allí se produce 20% del oxígeno planetario se basa en un malentendido, no es real. De hecho, casi todo el oxígeno respirable se originó en los océanos y tenemos suficiente para que dure millones de años. Sí, hay muchas razones para estar horrorizados por los incendios, pero que se agote el suministro de oxígeno de la atmósfera no es una de ellas”».

Scott Denning, Ph.D. en Ciencias de la Atmósfera

Aire Digital quiso profundizar en este análisis del drama ambiental y se contactó con el profesor norteamericano, quien rápida y amablemente accedió a la entrevista.

—Profesor, sus declaraciones causaron ‘sorpresa’ en muchos medios y dieron, en el marco de un desastre ambiental abrumador, algo de esperanza. Ahora bien, ¿cuándo se originó el oxígeno y de qué forma? ¿Por qué durará “miles de de años”?

—Las plantas producen oxígeno (O2) respirable en el aire a través de una reacción llamada “fotosíntesis”. Y usan la energía solar para convertir el dióxido de carbono (CO2) en azúcar. Producen una molécula de O2 por cada molécula de CO2 que consumen, pero casi todas las moléculas de O2 de las plantas son rápidamente consumidas por bacterias y otras criaturas que respiran. La única forma de que el O2 persista es enterrar la materia vegetal antes de que pueda ser consumida por la respiración. La mayoría del entierro de plantas ocurre en sedimentos en el fondo del océano, y una cantidad menor en turberas en tierra. La producción de oxígeno por entierro de plantas ha estado ocurriendo durante al menos 3 mil millones de años. La edad promedio de una molécula de O2 en el aire es de aproximadamente 1 millón de años.

—Entonces si el Amazonas no es “el pulmón del mundo”, ¿cuáles son las “razones para estar horrorizados” cuando está consumiéndose?

—Porque no obstante lo que dije antes, estos incendios destruyen algunos de los ecosistemas más diversos de la Tierra, incluidas plantas y animales raros que no se encuentran en ningún otro lugar. El fuego que arde en refugios forestales desplaza a miles de personas nativas que viven allí. Liberan enormes cantidades de humo asfixiante, contaminan el aire que daña a millones de personas y producen millones de toneladas de CO2 que contribuyen al calentamiento global

En la Universidad que integra, Scott Denning también dirige a un gran grupo de investigación que utiliza observaciones y modelos predictivos para comprender el metabolismo de la biósfera. Además de utilizar imágenes satelitales para ello, su investigación incluye un extenso trabajo de campo en los grandes bosques del norte de Wisconsin, en las granjas de Iowa y en la selva amazónica.

También se desempeña como director de Educación y Diversidad para CMMAP, el Centro de Modelado Multiescala de Procesos Atmosféricos, trabajando para mejorar la comprensión del clima global. Y fue durante cinco años presidente fundador de ciencia del Programa de Carbono de América del Norte, institución central de investigación sobre el cambio climático global.

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Al señalarle que no sólo el Amazonas está en llamas en este momento sino también gran parte de África y de otros países, y consultarle qué análisis hace de ello, el especialista estableció diferencias.

“La gente ha utilizado el fuego para talar bosques tropicales para la agricultura durante mucho tiempo. Además, los pastores en el norte de África tradicionalmente han quemado praderas y sabanas para mejorar el forraje para su ganado. En pequeñas cantidades esta práctica es sostenible. Pero los bosques tropicales contienen mucho más carbono quemable que los pastizales y las sabanas, por lo que esos incendios liberan más CO2″, explicó Scott Denning. 

Y sobre los efectos que ello tiene para el planeta, enfatizó: “A corto plazo todos los incendios grandes producen mucha contaminación del aire que enferma a las personas. En el mediano plazo, los incendios tropicales en todas partes destruyen la biodiversidad y el hábitat de la vida silvestre. A largo plazo, la tala de bosques tropicales contribuye al calentamiento del clima tanto local como globalmente”

 

 

 

— ¿Cuánto oxígeno hay en el planeta? Si toda la materia orgánica se quemara, ¿durante cuántos años habría oxígeno y, por lo tanto, vida humana?

— ¡Hay muchísimo oxígeno respirable en el planeta! El O2 total en el aire es de aproximadamente 35 x 1018 moles (el mol es la cantidad de materia que poseen las partículas, es decir los átomos y las entidades elementales). Eso es aproximadamente 1.1 millones de toneladas (1.1 x 1018 kg) de oxígeno. Si toda la materia orgánica en la superficie de la Tierra se quemara, el fuego consumiría solo el 1% del oxígeno en el aire, dejando intacto el 99% del mismo. La vida humana, por supuesto, desaparecería si eso sucediera, junto con todas las demás vidas, porque somos parte de la materia orgánica. Y si no moriríamos de hambre, porque no quedaría nada para comer. Pero todavía habría mucho oxígeno.

“En síntesis –consideró Scott Denning, quien además es Geólogo–, el cambio en la política de Brasil sobre la protección del Amazonas no amenaza significativamente el oxígeno atmosférico. Como dije, hay suficiente oxígeno en el aire para durar millones de años, y la cantidad se establece por la geología y el uso de la tierra. De todos modos, el hecho de que este aumento de la deforestación amenace algunos de los paisajes más biodiversos y ricos en carbono (CO2)  de la Tierra es razón suficiente para rechazarlo”.

Y profundizó la explicación: “Hay una enorme cantidad de O2 en nuestro aire. Se necesita alrededor de 1 millón de años para generar tanto oxígeno, y hay mucho, mucho más del que puede consumir el fuego. Esta cantidad en el aire no está controlada por plantas, animales y fuego. En cambio, está controlada por la dinámica geológica desde hace millones de años. El oxígeno no es escaso y no está amenazado”.

—Por momentos su análisis parece ‘demasiado’ optimista sobre los incendios forestales. Hace ‘ruido’… ¿Cree realmente que no habrá daños mayores e irreversibles?

—Sin dudas el daño causado por estos incendios es terrible por muchas razones, como he explicado (pérdida de plantas y animales, desplazamiento de personas, humo asfixiante, cambio climático). Algunos incendios son normales, pero el gran aumento de incendios de este año en el Amazonas es el resultado de una política intencional y equivocada. Por supuesto, espero que las personas eviten daños importantes e irreversibles a los bosques en la Amazonía y en cualquier otro lugar.

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Scott Denning explicó que para que el oxígeno se acumule en el aire, parte de la materia orgánica que producen las plantas a través de la fotosíntesis debe eliminarse de la circulación antes de que pueda ser consumida. Por lo general, esto ocurre cuando se sepulta rápidamente en lugares sin oxígeno, más comúnmente en el lodo de las profundidades marinas, bajo aguas que ya se han agotado de oxígeno.

“Esto sucede en áreas del océano donde altos niveles de nutrientes fertilizan grandes floraciones de algas. Las algas muertas y otros detritos se hunden en aguas oscuras, donde los microbios se alimentan de ella. Al igual que sus contrapartes en tierra, consumen oxígeno para hacer esto, pero agotándolo del agua que los rodea (cabe recordar que el agua está formada por dos átomos de hidrógeno y un átomo de oxígeno). Debajo de las profundidades donde los microbios han despojado las aguas de oxígeno, los restos de materia orgánica caen al fondo del océano y están enterrados allí. El oxígeno que las algas produjeron en la superficie del mar a medida que crecían permanece en el aire porque los descomponedores no lo consumen”, profundizó el Geólogo y doctor en Ciencias de la Atmósfera.

 

Por otra parte, Scott Denning explicó que esa materia vegetal enterrada en el fondo del océano es la fuente de petróleo y gas.

“Una cantidad menor de materia vegetal se entierra en condiciones libres de oxígeno en la tierra, principalmente en turberas donde la capa freática evita la descomposición microbiana y este es el material fuente del carbón”, describió a Aire Digital.

Y dijo que “solo una pequeña fracción, quizás el 0,0001%, de la fotosíntesis global es desviada por el entierro de esta manera, y por lo tanto se agrega al oxígeno atmosférico. Pero durante millones de años, el oxígeno residual dejado por este pequeño desequilibrio entre el crecimiento y la descomposición se ha acumulado para formar el depósito de oxígeno respirable del que depende toda la vida animal”.

También, parte de este oxígeno regresa a la superficie del planeta a través de reacciones químicas con metales, azufre y otros compuestos en la corteza terrestre. “Por ejemplo, cuando el hierro se expone al aire en presencia de agua, reacciona con el oxígeno para formar óxido de hierro, un compuesto comúnmente conocido como óxido. Este proceso, que se llama oxidación, ayuda a regular los niveles de oxígeno en la atmósfera”, ilustró.

 —Profesor, ¿qué consejos daría a la población mundial y a los medios de comunicación que están tan preocupados por lo que sucede en los países afectados por el incendio de sus selvas o bosques?

—A los medios, que continúen escribiendo y hablando sobre los incendios perjudiciales y la pérdida de bosques en la Amazonía y en otros lugares. Pero también que no solo ellos, sino toda la humanidad, recuerden que hay aproximadamente 10 veces más carbono (CO) y cambio climático producido por la combustión de carbón, petróleo y gas que por todos los incendios forestales y la deforestación en todo el mundo. Deberían hablar sobre esto muchas veces más de lo que se escribe y habla sobre incendios forestales. Toda combustión de carbono agrava el calentamiento global.

Finalmente, el doctor Denning –reconocido también por su constante reclamo público y académico en contra del cambio climático– reflexionó: “Cada átomo de carbono que se quema, en cualquier parte del mundo, contribuye al calentamiento permanente del clima. Este es el problema más urgente. Empeorará cada vez más hasta que dejemos de empeorarlo, y luego no mejorará por muchos siglos. A menos que dejemos de usar combustibles fósiles, el cambio climático será peor para nosotros que la Peste Negra, las Guerras Mundiales o cualquier otro problema que hayamos enfrentado“.

En línea con ello, enfatizó que “debemos y podemos convertir el sistema energético global dejando de usar carbono, limpiando nuestro suministro de electricidad y luego electrificando todo. Este será un gran cambio disruptivo como las computadoras, Internet y los teléfonos móviles, y costará casi tanto como todas esas cosas juntas. Y al igual que las computadoras e Internet y los teléfonos móviles, resolver este problema creará casi todos los empleos y la prosperidad para la próxima generación“.

— ¿Y eso cómo podría lograrse?

—Como ya dije, la quema de combustibles fósiles emite muchísimo más carbono que los incendios del Amazonas. Esto tiene que parar. El camino más fácil para detenerlo es administrar la economía global utilizando electricidad limpia (solar, eólica, etc.). Eso significa que tenemos que cambiar a autos eléctricos, trenes, fábricas, calefacción, todo, usando fuentes de energía limpia.

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