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Crianza amorosa o temerosa: cuando los límites se diluyen por miedo a no alcanzar el ideal

La crianza de hoy oscila entre el amor y el miedo: padres que no ponen límites por temor a fallar. ¿Cómo acompañar sin desaparecer?

En el programa Ahora Vengo, que conduce Luis Mino, el doctor Andrés Luccisano (M.N. 122248), psiquiatra infantojuvenil y subjefe del servicio de salud mental del Hospital Italiano, analizó en profundidad el fenómeno que plantea la serie Adolescencia, éxito de Netflix que incomoda, sacude y obliga a reflexionar tanto a padres como a hijos.

Con el crimen como punto de partida, la serie interpela desde una pregunta clave: ¿por qué lo hizo? Lejos del morbo, la producción se sumerge en el entramado que atraviesan muchos adolescentes: la escuela, la salud, la ley y, sobre todo, la familia. En ese contexto, Luccisano planteó una idea que resonó con fuerza: "ya no estamos frente a crianzas amorosas, sino temerosas".

El miedo a poner límites

El especialista explicó que en la actualidad existe una profunda dificultad para establecer límites claros en la crianza. La crianza temerosa no nace de la desidia, sino del miedo de los adultos a no cumplir con las expectativas emocionales de los hijos.

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Andrés Luccisano, médico psiquiatra infanto juvenil y subjefe del servicio de salud mental del Hospital Italiano, habló con AIRE sobre la serie del momento: "Adolescencia".

Sin embargo, como advirtió el psiquiatra, una libertad sin responsabilidad deriva en el libertinaje, y la responsabilidad sin libertad se convierte en opresión. La clave está en el equilibrio, en una crianza amorosa con reglas, empatía y diálogo.

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Adolescencia y pérdida de deseo

Luccisano puso el foco también en una problemática emergente: la pérdida del deseo en adolescentes. “Hoy se busca el placer inmediato, pero cuando desaparece, lo que aparece es la angustia. Y muchos adolescentes no toleran la angustia, no saben qué hacer con la falta”, explicó.

El desafío, según el psiquiatra, es enseñarles a transitar esas emociones, no a evitarlas. “Las emociones no se eligen, se sienten. Lo que sí se puede elegir es qué hacer con eso”, planteó, y señaló que el desarrollo emocional es parte del camino hacia la madurez, no un destino que se alcanza de un día para el otro.

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La serie refleja con crudeza el aislamiento emocional que viven muchos adolescentes. Y allí, el rol del adulto es clave. “Los padres muchas veces quieren enseñar lo que saben, pero terminan transmitiendo lo que viven. Y si lo que viven es miedo, eso es lo que aprenden los hijos”, advirtió Luccisano.

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Para el psiquiatra, la verdadera conexión se construye desde la escucha activa, la validación emocional y la empatía, sin caer en la sobreprotección ni en la indiferencia. “No se trata de espiar la vida de los hijos, sino de saber qué hacen, de acompañar sin invadir”, subrayó.

Lo digital como factor de riesgo

Otro punto crítico que abordó Luccisano fue el acceso temprano al mundo digital. Recomendó no habilitar redes sociales hasta los 15 o 16 años y sostuvo que “el anonimato en lo virtual permite una violencia sin consecuencias inmediatas, y eso puede confundir fácilmente a un adolescente en formación”.

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La adolescencia como proceso

La adolescencia es una etapa larga, intensa y extendida. No se limita a la pubertad ni se termina al cumplir 18. “Hoy vemos adolescentes de 30 o 40 años”, ironizó Luccisano, y explicó que se trata de una etapa que debe culminar con la adquisición de libertad y responsabilidad.

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La adolescencia es una etapa larga, intensa y extendida. No se limita a la pubertad ni se termina al cumplir 18.

Pero para que eso suceda, la guía adulta es indispensable. “No se trata de construirles el camino a los hijos, sino de prepararlos para recorrerlo”, dijo. Esa preparación incluye aceptar la singularidad de cada hijo, respetar sus tiempos y emociones, y estar presentes, incluso cuando no sabemos bien cómo.

Adolescencia, la serie, funciona como espejo. Y como advirtió Luccisano, el reflejo que devuelve puede ser incómodo, pero necesario. “Se necesita una comunidad para criar a un niño”, recordó, citando un proverbio africano. Y quizás la invitación más poderosa que deja esta historia –y la entrevista– es esa: volver a criar desde el amor, pero sin miedo.

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