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Opinión | Violencia en el fútbol | Ministerio de Seguridad | Club Atlético Colón

Tras las balaceras, Colón jugará a puertas cerradas: ganaron los violentos

El gobierno obliga a Colón a jugar sin público. Una vez más, pagan justos por pecadores. Pero el problema no es la hinchada ni la pasión: son los violentos a los que, tarde o temprano, hay que dejar afuera de las canchas.

El gobierno de Santa Fe tomó la decisión más fácil y más inútil: por orden del Ministerio de Seguridad, el Club Atlético Colón jugará sin público su próximo encuentro como local por la Copa de la Liga Profesional, el sábado 16 de abril ante Independiente de Avellaneda.

El motivo: los incidentes que se registraron el jueves pasado entre dos facciones de la barrabrava de Colón en medio del partido contra Aldosivi. A ese antecedente, el ministro de Seguridad de Santa Fe, Jorge Lagna, le sumó otro: el uso de pirotecnia en la previa del Clásico Santafesino disputado el 19 de marzo en el Estadio Brigadier López.

Hay otros episodios que conmocionan al pueblo sabalero: los ataques a balazos contra la sede del club en febrero y marzo y el enfrentamiento entre una facción de la barrabrava y la Policía, minutos antes del partido entre el Sabalero y Peñarol de Montevideo, por la primera fecha de la Copa Libertadores 2022.

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La saga de hechos de violencia irracional, que enlutan lo que debería ser una fiesta popular, pone en tela de juicio la capacidad del Ministerio de Seguridad y de la Policía santafesina al momento de organizar y articular los operativos de control cada vez que Colón juega de local.

La dirigencia sabalera no es ajena al problema. El propio Lagna señaló que las medidas adoptadas se deben al “incumplimiento” de los acuerdos entre los clubes, la Municipalidad, el Ministerio de Seguridad y la Policía. Todos se tiran la pelota, nadie se hace cargo.

La decisión de Lagna deja a la vista la impotencia de una gestión que no es capaz de atacar el corazón del problema: el creciente poder de las barrabravas, que dirimen sus internas a punta de pistola en medio de miles de hinchas que sólo quieren disfrutar del espectáculo del fútbol.

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“No tenemos 24 horas por día gente controlando quién puede llegar a ingresar pirotecnia”, admitió el ministro Jorge Lagna en relación a los últimos incidentes en la cancha de Colón.

“No tenemos 24 horas por día gente controlando quién puede llegar a ingresar pirotecnia”, admitió el ministro Jorge Lagna en relación a los últimos incidentes en la cancha de Colón.

La sanción disciplinaria contra Colón implica que deberá jugar su próximo partido de local a puertas cerradas. Decenas de miles de hinchas genuinos pagarán las consecuencias de una medida absurda, sólo porque el gobierno no puede, no quiere o no sabe cómo perseguir a un puñado de delincuentes.

Si bien la sanción obedece a los incidentes ocurridos durante el partido ante Aldosivi, en plena Platea Este del Brigadier López, el ministro Lagna aludió una y otra vez al enfrentamiento de la barra con la Policía antes del juego por Copa Libertadores contra Peñarol: “Nosotros sabíamos por inteligencia previa que debíamos reforzar la Puerta 7”. Allí fue donde se produjo la balacera que dejó cuatro policías y un hincha uruguayo heridos.

Lagna aseguró que se están investigando posibles “fallas” de la Policía durante los últimos operativos de seguridad. Pero también admitió que, a pesar de los decomisos, una parte de la barra pudo ingresar pirotecnia al estadio, a pesar de estar prohibido. En forma explícita, el ministro expuso la impotencia estatal para controlar a los violentos: “No tenemos 24 horas por día gente controlando quién puede llegar a ingresar pirotecnia”.

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La decisión cayó decididamente mal entre la parcialidad sabalera. Una agrupación de hinchas organizó una movilización hacia el Ministerio de Seguridad para que se revea la decisión de clausurar las tribunas. Como dice el refrán: pagan justos por pecadores.

No hay un solo detenido por las balaceras contra la sede, ni por las peleas en la Platea Este, ni por el enfrentamiento a plomo limpio contra la Policía. El Estado dice que está investigando a los violentos, pero las sanciones perjudican a los hinchas genuinos y a los socios que –con mucho esfuerzo– dejan parte de sus sueldos para disfrutar del fútbol.

Las medidas son tan injustas y arbitrarias que, desde el mismo sector político del gobierno, salieron a criticarlas: el jefe del bloque de diputados provinciales del PJ, Leandro Busatto, le apuntó directo y sin eufemismos al ministro de Seguridad: “Si no podes resolver el problema al que te comprometiste, al menos no castigues a quien lo padece”.

Desde mediados de 2013, en la Argentina está prohibido el público visitante. Esa medida –que debería avergonzar a toda la dirigencia política y deportiva– no logró ninguno de los objetivos que le dieron origen: la violencia sigue, ahora entre hinchas del mismo club, mientras las facciones internas de las barrabravas disputan sus cuotas de poder a balazos, entre las miles de familias que van a la cancha a disfrutar del fútbol. No son los visitantes: son los delincuentes disfrazados de hinchas.

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Al ex jugador y ex entrenador italiano Arrigo Sacchi se le atribuye una frase que, por su sencillez y claridad, define perfectamente el lugar que ocupa el fútbol en las sociedades contemporáneas: “El fútbol es la cosa más importante entre las cosas menos importantes”. No se puede decir mejor, ni más claro: es fútbol no importa tanto como la vida, la salud, la familia, los afectos... Pero entre las cosas que nos entretienen, que nos provocan algún goce, es sin dudas la más importante.

Nadie va a la cancha a esquivar balazos, aunque lastimosamente ese parece ser el destino de los hinchas genuinos en todas las canchas del país. Colón no es una excepción. Pero el problema no es el fútbol, ni la hinchada, ni la pasión: el problema son los violentos a los que alguna vez –tarde o temprano– hay que dejar afuera de lo que debería ser un espectáculo para todas y todos.

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