Un mes en cuarentena: nueve historias de santafesinos atravesados por una pandemia histórica

Un mes en cuarentena: nueve historias de santafesinos atravesados por una pandemia histórica

Kiosqueros, agentes de quiniela, personal de salud, choferes de colectivos, ciudadanos, trabajadores. La vida en cuarentena desde nueve miradas que revelan inquietudes, temores, incertidumbre, calma y contradicciones.

El 20 de marzo comenzó el aislamientos social preventivo y obligatorio por el coronavirus en el país.

Desde entonces, toda la población entró en cuarentena obligatoria, con la excepción de unos pocos que, como desarrollan actividades esenciales, fueron excluidos de la medida. Argentina ya lleva un mes de confinamiento. Mientras tanto, las vidas de cada uno de los ciudadanos continúa con preocupaciones que van más allá de cuestiones de salud. Aire Digital realizó este especial de nueve historias de santafesinos atravesados por la pandemia del coronavirus.

A pesar de la cuarentena

Ricardo Peralta tiene 53 años y hace 10 que está al frente del almacén del barrio en la esquina de Milenio de Polonia y San Martín. Su carisma evidencia el cariño que le tiene la gente de la zona, que hace un mes ya no lo visita con la misma frecuencia. En su local repleto de mercadería también funciona la agencia de quiniela de su pareja, que desde el 19 de marzo está imposibilitada a trabajar.

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A diferencia de la mayoría de los comercios y a pesar del impedimento para circular, en el negocio de Ricardo aumentaron las ventas. “El almacén levantó por los vecinos que siguen comprando todo acá”, aseguró. “Tenemos suerte en el negocio porque la quiniela de mi mujer no está generando ingresos”, explicó. Para trabajar se turna con su mujer y mientras uno se queda atendiendo el local, el otro descansa en la casa ubicada en el piso de arriba. “Gracias a Dios, el inmueble es nuestro y por eso podemos pelearla”, sostuvo. “Porque los impuestos siguen llegando pero no hay descuentos”, aclaró.

Ricardo. A pesar de la cuarentena. Historias de santafesinos en tiempos de pandemia

“Tenemos un hijo de 20 años que trabaja en una empresa de comida durante la tarde y la mañana”, contó Ricardo y se lamentó: “el también está expuesto”. La familia también está conformada por otra hija de 20 años que estudia y realiza algunos trabajos a pedido, que con la cuarentena no son viables; y un pequeño de tres años que es difícil de entretener en el encierro.

La pareja sigue trabajando con normalidad pero con horarios acotados: abren a las 9 y cierran cerca de las 20. A las tareas habituales se le suman los encargos de los vecinos de mayor edad que para no salir le piden que le acerquen la mercadería. “A varias personas le acercamos las compras porque tienen miedo de salir”, contó Ricardo y relató que van hasta la casa con guantes y barbijos y le depositan la mercadería en la puerta. “Lo hacemos porque sabemos que no hay otra forma de que esa gente mayor pueda comprar, no se tienen que mover de la casa”, afirmó.

Ricardo y su esposa suelen salir al mercado para abastecerse o entregar los pedidos en las casas de los vecinos. Además, todos los días están en contacto con los clientes y los proveedores.

--¿Te preocupa contagiarte?

--Si, por supuesto, pero nos va a tocar a todos. Va a ser como una gripe a fines de mayo.

Piensa.

--Pero tenemos que seguir trabajando, no nos queda otra.

Sin respuestas desde el 19 de marzo

El 19 de marzo las computadoras de todos los agencieros de quiniela de la Argentina se apagaron. Desde el comienzo de la cuarentena, María Laura Schisitto mira la máquina en busca de respuestas pero lo que ve es siempre lo mismo: una pantalla en blanco. “Heredé la quiniela de mi papá, o sea que tiene más de 20 años y nunca estuvo sin funcionar durante tanto tiempo”, aseguró.

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“Estamos re afectados porque no hay ninguna ayuda ni respuesta”, contó. “Hay clientes que jugaron pero no se realizaron los sorteos y no sabemos si nos van a pagar”, se quejó. Los agencieros se están movilizando para pedir respuestas pero no tienen a quién reclamar su abandono. María Laura sostiene lo mismo que su esposo: “Por suerte, tenemos el negocio, sola con la quiniela no sé que hubiese hecho”.

María Laura. Sin respuestas desde el 19 de marzo. Historias de santafesinos en tiempos de pandemia.

A diferencia de Ricardo, ella nunca se puso a pensar en qué puede pasar con su salud al exponerse: “Elijo no pensar en que puedo contagiarme”. Sin embargo, sí le preocupa la exposición de ellos y de su hijo. “Nosotros vamos al mercado donde hay mucha gente y es casi imposible respetar las distancias. Cuando llego a casa me quiero bañar en alcohol en gel”, indicó. “De todos modos siempre tomamos las precauciones necesarias. Lo mismo cuando vamos a repartir los pedidos a los vecinos”, contó. Para María Laura , “el miedo siempre está”.

Para enfrentar el virus, la calma

Claudio Manfredi es chofer de la móvil 1 del 107 emergencias. Conduce las ambulancias que van a buscar a los pacientes en sus casas para llevarlos a los hospitales. Para los casos confirmados o sospechosos de coronavirus utilizan un móvil especial. “Hacemos lo mejor que podemos para ayudar a la comunidad”, remarcó Claudio en varias oportunidades.

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Con la calma que lo caracteriza y es significativa en momentos de pandemia, aseguró que siempre toman todas las precauciones indicadas y siguen todos los protocolos. “Cuando hay un paciente con Covid-19 o un caso sospechoso el médico y el enfermero se colocan los trajes. También llevamos un traje nosotros por si es necesario que el chofer los ayude”, explicó y contó que ya le tocó trasladar a algunos casos confirmados. “Fuimos a la casa de una señora que tenía coronavirus y se hizo el traslado sin ningún problema”, narró.

Claudio. Para enfrentar el virus, la calma. Historias de santafesinos en tiempo de pandemia

Claudio vive con su esposa y sus dos hijas. Antes de salir de su trabajo, se cambia de ropa. Cuando llega a su casa la pone a lavar y también se baña. “Nosotros nos tomamos la situación con tranquilidad y responsabilidad”, aseguró. “Como trabajadores de la salud estamos expuestos pero hacemos todo lo posible para no contagiarnos”, dijo el chofer del 107. A la gente le aconseja “no consumir toda la información que circula y desvirtúa lo que pasa”.

--¿Qué pensás del trabajo de todo el personal de salud?

--No hay palabras -dice con un emotivo brillo en los ojos-; por como están actuando en este momento, no hay palabras. La verdad, me saco el sombrero. Me emociona porque todos ayudamos desde el lugar que nos toca.

--¿En estos días te preguntaste 'por qué me toca ser personal de salud en este momento'?

--No, nos tocó, es así y hacemos siempre lo mejor. Estamos expuestos pero si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hace?

A Claudio la situación le parece “preocupante” porque el contagio puede ocurrir “de un momento a otro por alguien que no tiene síntomas pero sí coronavirus.

La espera eterna de clientes

Detrás de las rejas del kiosco ubicado en la esquina de Aristóbulo del Valle y JM Zuviría y por medio de una ventanita, Andrea dijo: “cuando empezó la cuarentena decimos cerrar pero como se alargó abrimos hace unas semanas”.

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Estudia magisterio y vive en San José de Rincón con su hermano, quien es dueño del comercio que hace dos años les proporciona el único ingreso en su hogar. “Generalmente atendemos los dos, cada uno un turno”, contó Andrea. “Pero ahora me dejó todas las horas a mi porque sino él me tiene que dar plata todo el tiempo”, aclaró.

Andrea. La espera eterna de clientes. Historias de santafesinos en tiempos de pandemia.

El kiosco, que en los días normales se nutre de los chicos que van a la escuela de la vuelta o de los clientes de paso, ahora está horas sin recibir clientes. “Pensamos que con la flexibilización se iba a mover un poco más pero está demasiado tranquilo”, confesó mientras buscaba algún cliente con la mirada en la calle. “Estamos acá para esperar lo que se junte, lo que se pueda”, reflexionó Andrea. “Pero no es nada”, se sinceró.

Durante la cuarentena su turno laboral es de 9 a 17 y en la constante espera de algún cliente que compre cigarrillos o galletitas, Andrea lee, estudia para su carrera que no sabe cuándo ni cómo podrá continuar.

Salir de casa con miedo

Con lentes, su chaleco verde, rastrillo y, por supuesto, barbijo, desde hace una semana Viviana volvió a trabajar en la cooperativa que se encarga del mantenimiento de parques y plazas. Mientras barría y juntaba el pasto del Parque Garay contó que volvió a trabajar después de dos semanas sin poder salir de su casa. “Con la cuarentena trabajamos con turnos y permisos”, explicó.

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Viviana vive en Alto Verde, por lo que tiene que tomarse el colectivo para llegar a los lugares donde suelen trabajar. En el camino, ve “mucha gente que no respeta la cuarentena” y le preocupa que “den la orden de levantar el aislamiento”.

Viviana. Salir de casa con miedo. Historias de santafesinos en tiempos de pandemia.

Le molesta que aquellos que tienen que quedarse en sus casas no lo hagan. “Yo tengo que dejar a mi familia, salir y rogar para llegar bien y sano después”, expresó. “Vivís pensando todo el tiempo en el riesgo que corrés”, agregó y dijo que tiene miedo por sus hijos y su nieto que vive con ella.

Como muchos otros trabajadores durante la cuarentena, Viviana tiene que salir a trabajar porque es el sustento de su familia. Sus sentimientos son contradictorios: teme contagiarse pero a la vez no puede dejar de trabajar.

Al frente

“La cuarentena nos cambió nuestro día a día de forma bastante significativa. Lo normal era llevar a los chicos a la escuela antes de venir al hospital y hoy ya venimos directo a trabajar”, aseguró Ignacio Nossa, médico cirujano y jefe de la guardia de los miércoles del Hospital José María Cullen.

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También contó que la higiene se redobló al igual que todas las precauciones, cambiaron las rutinas en el trabajo y en la casa. “Yo soy cirujano y eso no lleva el mayor riesgo pero sí es cierto que tenemos precauciones diferentes a las habituales” contó, pero destacó que “en casa las cosas sí cambiaron bastante”. Cuando sale de la guardia se cambia de ropa y ni bien llega a su vivienda implementa un protocolo que toda su familia se aprendió perfectamente. “Uno no sabe qué más hacer para convivir y cuidar a los suyos, sobre todo en los casos que tenemos padres mayores de 80 años. Yo parezco carcelario pero me encargo de llevarles la comida a la puerta y me voy”, relató.

Ignacio. Al frente. Historias de santafesinos en tiempos de pandemia

Desde que la pandemia llegó a país, Nossa recibió múltiples consultas de familiares y amigos a quienes les recomienda que el aislamiento y la higiene son lo más importante para combatir el virus. El cirujano ve un avance desde que comenzó la pandemia. “Evidentemente la cuarentena sirvió y la gente tomó conciencia”, aseguró. Sin embargo, hay un porcentaje de la población que no respeta la cuarentena. “Nuestro país es muy diverso y hay personas que por desconocimiento, ignorancia o imprudencia rompen las normas”, explicó y agregó que también hay otros “responsables que cumplen con todos los protocolos”.

Ignacio forma parte de un equipo compuesto por cuatro cirujanos más. “Estoy orgulloso del trabajo de mis compañeros”, sostuvo. “Son momentos difíciles y, a pesar de que no es cómodo atender a pacientes respiratorios, ellos nunca hacen caso omiso y, al contrario, redoblan sus esfuerzos conscientemente”, destacó. También resaltó el apoyo de los directivos: “En medio de esta tragedia, siento el apoyo y la seguridad que me brindan”.

El médico del Cullen prefiere “no hacer futurología”: “me gustaría saber qué va a pasar pero eso me excede al igual que a un montón de gente”, opinó. “Humildemente, quiero hacer lo mejor con resultados que acompañen”, agregó. Nossa aseguró que en su equipo esperan que “termine todo cuanto antes”. La situación del país les genera “esperanza” pero sostienen que “no se podría mantener mucho tiempo porque provoca el desgaste de ilusiones y ansiedades”. El médico contó que todos están “entusiasmados y fortalecidos, tratando de ver la luz en un par de meses”.

Cuarentena en la Casa de las Madres del Hospital de Niños

La Casa de las Madres es un alojamiento para los familiares de los niños que son atendidos en el Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia. Desde que se declaró la cuarentena por la pandemia del coronavirus la asistencia en el hospital disminuyó considerablemente, por lo que en la casita también. Sin embargo, las asistentes sociales siguen asistiendo cada día al hogar. Leticia Martínez es una de ellas.

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“Lo principal fue la intensificación de las medidas de higiene”, contó la licenciada. “Nos cuidamos mucho más en el laburo pero también en casa para no tocar a nuestro familiares, en mi caso, mis dos hijos”, precisó. A Leticia las cuestiones de higiene y la declaración del aislamiento le brindan seguridad. “Uno sabe que toma todas las precauciones, viene a trabajar y después se encierra en su casa”, aclaró.

Leticia. Cuarentena en la Casa de las Madres. Historias de santafesinos en tiempos de pandemia

Hay algo que preocupa a la asistente social y no es justamente el peligro de contagiarse porque “a ese riesgo el personal de salud lo corre siempre”. A la trabajadora de la Casa de las Madres le da “bronca e impotencia” que la gente no respete la cuarentena. “Todo el mundo se tiene que quedar en casa. Salir a trabajar es un justificativo pero después hay volver y aislarse porque de esa manera uno se cuida a sí mismo y a los demás”, indicó. Siente que quienes rompen la cuarentena cometen una imprudencia muy grande. “Yo también quisiera quedarme en casa con mis hijos y sentir que estoy protegida, pero no lo hago porque tengo el deber de trabajar de lo que elegí. Pero da bronca que uno quiera proteger a todos y otros no lo hagan”, reflexionó.

Contribuir desde la humildad

A diferencia de muchos, a Gladis Flores, una modista de barrio Estrada Norte, la cuarentena la ayudó a reactivar su actividad económica. “Antes de la cuarentena no había trabajo, nuestra actividad estaba paralizada”, contó.

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“Cuando empezaron a faltar barbijos, con mis hijas decidimos empezar a fabricarlos y venderlos a un precio accesible”, explicó. Es así como durante el aislamiento por coronavirus, Gladis pasa sus días trabajando en el taller junto a Natalí y Melani.

Gladys. Contribuir desde la humildad. Historias de santafesinos en tiempos de pandemia.

“Soy modista desde los 16 años y no puedo estar sin cocer. Me apasiona cortar, hacer moldes, bordar. Es lo que mejor se hacer y el único ingreso en nuestra casa”, relató Gladis. A partir de la pandemia, la familia vio la oportunidad de hacer barbijos pero también de enseñar y contribuir. “También hice videos en los que explico cómo hacer el molde”, contó orgullosa la modista.

En los últimos días se les hace difícil conseguir las telas, sobre todo encontrar variedad y buenos precios. Sin embargo, decidieron nunca aumentar el costo de los barbijos y de esa manera sienten que contribuyen con la comunidad.

Para entregar los barbijos encargados, las mujeres toman todas las precauciones necesarias. “Melani, mi hija más chica, es asmática y está bajo tratamiento. Por eso nos higienizamos siempre mucho antes de entrar y no dejamos que nadie pase a casa”, narró Gladis, que es la única de la casa que tiene contacto con el mundo exterior.

Conducir colectivos e irresponsabilidades

Damian Muñoz es uno de los 10 choferes de los cuatro colectivos de la línea 9 de Ersa que funcionan con normalidad durante la cuarentena. Hace cinco años que se dedica a conducir coches y remarca que lo que más costó y cuesta es hacer que la gente entienda cuáles son las normas que deben respetar.

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“La empresa y nosotros cumplimos con todas las medidas de prevención: barbijos, guantes, alcohol en gel y hasta la cortina de nylon, pero la gente es un problema común”, advirtió. “Hay muchos que no usan los elementos de protección, hay que advertirle a varios que no se sienten en la primera fila y que respeten las distancias entre pasajeros”, reclamó el chofer. “No toman conciencia, no entienden la gravedad de la situación. No sólo no se cuidan a ellos, sino a todos los demás”, se quejó.

Damian. Conducir colectivos e irresponsabilidades. Historias de santafesinos en tiempos de pandemia

Para Damián, es necesario que se refuercen los controles. “Muchas veces pasamos por los puestos policiales y de la Municipalidad y no nos paran ni suben al coche”, relató. “Pero nosotros sabemos que si pasa algo raro nos tenemos que meter directo al control, aunque después no se suban a supervisar a los pasajeros o pedirles los permisos de circulación”, detalló.

Sin embargo, Damián se siente protegido dentro de los vidrios y la cortina de nylon del colectivo. “Yo tomo todas las precauciones en el coche y cuando llego a mi casa para resguardar a mi esposa y a mi hijo de nueve años”, aseguró. “Soy yo el único que sale a trabajar y a hacer los mandados”, contó.

Durante la cuarentena, Damián trabaja la misma cantidad de horas. “Seguimos trabajando de esto porque lo elegimos y nos gusta, por eso lo hacemos”, explicó el conductor de la línea 9. “Nosotros estamos todos los días en la calle y vemos que la gente no entiende”, agregó y aconsejó: “Es necesario que todos piensen dos segundos lo que puede pasar si no respetan las normas de prevención antes de que sea tarde, el virus entre en la casa y haya que lamentarse”.

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Redacción: Thamina Habichayn

Fotografía y filmación: Maiquel Torcatt