El uso de smartphones en las escuelas es un problema global. En Finlandia, desde principios de mes, están prohibidos: sólo pueden utilizarse ante una propuesta pedagógica específica de un docente. La misma decisión se tomó en Dinamarca, mientras que Suecia también estudia regular el uso de smartphones en las aulas. Francia lo hará desde septiembre. En enero también lo hizo Brasil. Mucho más cerca, en la ciudad de Buenos Aires, la prohibición se hizo efectiva en agosto del año pasado.
¿Qué pasa con los teléfonos celulares en las escuelas de la provincia de Santa Fe?
“Es algo más que está en la vida de todas las personas. Desde el Ministerio no consideramos que los extremos sean buenos, ni la prohibición ni la obligatoriedad”, afirma Mariela Bosio, subsecretaria de Educación Secundaria de la provincia. La funcionaria defiende su uso según el criterio docente y “los acuerdos institucionales” de cada escuela.
Lo que asegura es que “hay determinados momentos pedagógicos en los que realmente se usa el celular para enseñar a usarlo, para hablar sobre él y concientizar sobre el uso adecuado, porque tiene determinadas aplicaciones que los chicos deben conocer para después salir al mundo laboral”.
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Los teléfonos celulares en las escuelas, un problema para la educación.
Bosio sostiene una política equidistante: “Ni la obligatoriedad de tener el celular en el aula para aprender determinadas tecnologías, ni la prohibición absoluta, porque también tenemos que saber que es un elemento autorizado desde la casa; si no, no lo tendrían”.
Las dificultades cotidianas
Como “profe” de historia, María Belén Guirado expresa las dificultades del día a día. “Es muy complicado poder trabajar por la distracción”, dice la docente, que también es secretaria de Educación Media de Amsafé Rosario.
“Los compañeros están optando por limitar el uso del celular con las famosas cajas —para guardar los dispositivos— y no se lo toca en toda la clase. Depende del área, del espacio curricular. A veces, los chicos aprovechan y usan el celular para otras cosas mientras están en una tarea asignada”, cuenta la dirigente gremial.
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La dificultad más grave que afrontan, sin embargo, es el uso de la inteligencia artificial. “Hoy en día, el problema es el uso constante del ChatGPT. Nos damos cuenta enseguida de que el trabajo está hecho de esa manera”, señala Guirado.
Es docente desde hace diecisiete años. Hace más de una década realizó el postítulo en TIC que brindó —entonces— el Instituto Nacional de Formación Docente (INFOD). Hoy, las instancias de formación docente sobre la aplicación de la IA son pagas. La tecnología va mucho más rápido que las instituciones.
La tecnología corre
“Las escuelas han pasado por diferentes instancias. Se nota mucho la diferencia desde cuándo empezó, por las aplicaciones que había, las utilidades. En muchos casos ayudaba un poco a entender temas, a acceder a imágenes, cuando los chicos tienen que trabajar con fotocopias y las imágenes no se ven a color”, historiza Guirado.
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La dificultad más grave que se afronta, sin embargo, es el uso de la inteligencia artificial.
En la pandemia, “también fue muy útil utilizar el celular para mantener el vínculo con los chicos, mantener el diálogo, enviar las actividades, para que no se perdiera el momento de brindar los conocimientos básicos. Pero hay un quiebre”.
Además de la distracción y el uso del ChatGPT como una forma de eludir las tareas (no de complementarlas), el otro riesgo está en “las problemáticas a raíz del uso de redes sociales y también de la ludopatía”.
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Guirado lo observa cuando se acerca ante un trabajo asignado y algunos están jugando. “Se dificulta cuando uno les marca que no los utilicen en clases. Y eso implica un excesivo control, que se suma a otras tareas docentes”, señala.
Otra es la mirada de Bosio, desde el Ministerio de Educación: “Cuando hablo de la autonomía y la autoridad del docente es porque cada docente puede determinar si en su clase se usa o no el celular, hasta llegar a tomar una medida disciplinaria si lo usan. Pero también podemos decir que lo ocupamos para determinados ejercicios, para determinadas actividades, y después los guardamos. Los podemos tener todos en silencio”.
Las propuestas adultas
También se pregunta sobre las actitudes adultas: “Decimos los estudiantes, pero ¿el docente lo usa? ¿Recibe llamadas, recibe mensajes? Nosotros decimos dejarlo dentro del aula en un lugar donde no interfiera en la clase; es lo más óptimo. No le podemos prohibir que ingrese a la escuela con el celular porque en el kiosco pagan con Mercado Pago. Es el sentido común también”, asegura la subsecretaria.
Y se distancia de la mirada urbana: “Tampoco podemos generalizar. Tenemos estudiantes que viven en la ruralidad absoluta, donde el único medio de contacto con el mundo puede ser el celular, para conocer un montón de cosas que no lo pueden conocer desde el ámbito en el que viven”.
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Según indican, el problema es que "muchas familias llaman a los pibes en horas de clase".
Apela a la “potestad de cada docente y los acuerdos que se construyan entre cada docente y cada curso”.
Y señala: “También pensemos qué otras cosas les estamos proponiendo a los jóvenes para que no sea el celular. Tenemos experiencias muy lindas desde el deporte, desde el arte y desde clases donde se olvidan que tienen el celular en la mochila, por lo interesante que es la clase, lo importante que es el tema que se les propone o el modo de intervenir en una propuesta”.
La funcionaria asegura: “Cuando ellos pueden desconectarse del celular, les pasa lo que nos pasa a todos: disfrutamos cuando nos podemos desconectar”.
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Bosio pregunta: “¿Qué propuesta le estamos acercando desde el aula para que no necesiten conectarse?”.
Un trabajo realizado por el Centro Cultural y de Estudios Demos, publicado en AIRE en diciembre pasado, reveló que sólo el 18% de los estudiantes encuestados no usa el celular durante clases con fines no relacionados con la escuela.
Una regulación necesaria
Desde la Asociación Civil Si nos reímos, nos reímos todxs, que trabaja fundamentalmente sobre acoso escolar y tiene una fuerte presencia en escuelas, Arístides Álvarez es crítico de la falta de definición gubernamental: “El principal problema es que no hay una normativa clara al respecto de parte del Ministerio de Educación; no se ha expedido sobre ese tema como lo han hecho otras jurisdicciones. Queda determinado a lo que la escuela pueda/quiera/pida”, dice el docente jubilado y presidente de la Asociación.
“Al no haber una normativa que diga ‘se prohíbe’, cada escuela hace lo que puede. ¿Qué hace? Trata de establecer acuerdos: entonces, los chicos lo llevan pero no lo sacan de la mochila, a menos que el docente habilite a usarlo”, describe.
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"El uso del celular en el recreo no permite que los pibes jueguen y socialicen", indican.
“Pero el principal argumento de las familias es cómo se contactan con el hijo si le quieren avisar algo. El problema es que las familias no respetan eso; muchas llaman a los pibes en horas de clase”, apunta Álvarez.
Los peligros son variados: “Si el celular se lleva y se usa indiscriminadamente, en el recreo no permite que los pibes jueguen y socialicen; puede habilitar que graben a alguien y lo viralicen. Es totalmente nocivo y, dentro del aula, distrae: el pibe no presta atención. Lo otro es que los pueden filmar a los compañeros o al docente. Ya vimos casos del uso de la inteligencia artificial para desnudar a chicas en fotos”.
Cómo prevenir los peligros
Se refiere a las denuncias realizadas en octubre del año pasado contra un adolescente de 15 años de la localidad de San Martín (Buenos Aires), que vendía fotos de sus compañeras desnudas modificadas con un programa de IA. Lo mismo ocurrió en Córdoba, en un caso que llega a juicio con un alumno del Instituto Superior de Comercio Manuel Belgrano, de la Universidad Nacional de Córdoba.
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El equilibrio para evitar una mirada tecnófoba es difícil. Bosio sostiene que “el celular está en todas las instancias de la vida” y que la adolescencia es “una edad superoportuna para trabajar sobre todas las consecuencias que trae y las posibilidades que trae la conectividad desde un celular. No solo tenemos redes: hay tantas cosas que convergen y pasan por el celular”.
“Lo que tenemos que revisar todos, desde el Ministerio, los docentes y los padres, es la importancia que se le da o no a la escuela secundaria, para que el estudiante realmente pueda desarrollar todas las habilidades para enfrentar después la vida, donde también va a haber celular y otras cosas más que ni imaginamos”.
Bosio sostiene: “Si hoy no pueden estar en el aula sin conectarse, ¿qué van a hacer dentro de seis meses, cuando terminen el quinto año y tengan que trabajar? ¿Qué harían con el celular en el trabajo?”.