El crimen de Julio Cabal movilizó a Santa Fe como pocas veces se ha visto

El crimen de Julio Cabal movilizó a Santa Fe como pocas veces se ha visto

La marcha convocada espontáneamente en las horas posteriores al homicidio derivó en una concentración masiva que quedó en la memoria de todos los santafesinos, aunque no volvió a repetirse.

POR NOELIA VETACH

Fue una combinación de ingredientes que hizo combustión: el hartazgo por la sucesión interminable de hechos delictivos fuera de control, la falta de reacción y respuestas políticas y, sobre todo, la muerte. Pero no cualquier muerte en cualquier lugar. Santa Fe es una ciudad que en los últimos años viene acostumbrada a los robos y a la violencia en sus calles, pero los homicidios en ocasión de robo no son algo común. Además, ocurrió en pleno centro de la ciudad, apenas a una cuadra de la Municipalidad. El crimen a sangre fría de Julio Cabal, joven, trabajador, honesto, querido por todos lo que lo conocían, fue la gota que derramó el vaso de un sector de la sociedad que generalmente no se moviliza ni manifiesta.

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Se auguraba multitudinaria, pero superó las expectativas: a sólo 24 horas del crimen, la masiva manifestación convocada para acompañar a la familia de Julio Cabal y pedir justicia por el asesinato del joven comerciante sacudió a la ciudad aquel miércoles por la tarde. Los carteles y cánticos tenían como principal destinatario al entonces ministro de Seguridad Maximiliano Pullaro, a quien señalaban como el responsable principal de la situación que se está viviendo. Sin embargo, un año después, con un gobierno de otro color político y con otro ministro de Seguridad, el panorama no ha cambiado: los robos y crímenes siguen a la orden del día.

Un miércoles triste y convulsionado

Aquella tarde, la concentración estaba convocada a las 19, pero empezó bastante antes. Miles de personas llegaron hasta Urquiza y Salta y fueron sumándose al grupo inicial. Muchos habían conocido a Julio en vida y el dolor por la pérdida se traducía en los ojos llorosos y los abrazos apretados. En la multitud se destacaban los familiares de otras víctimas de la inseguridad, como la mamá de Lucas Pirovano, asesinado en agosto de 2019 en Santa Rosa de Lima. El silencio llegó cuando los padres del joven accedieron a hablar con la prensa: sólo por ese momento los presentes accedieron a interrumpir los aplausos, los cantos y las exclamaciones de ¡Julio, presente! que colmaron el aire durante el resto de la movilización.

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La mamá del comerciante asesinado recordó con mucha emoción a su hijo y aseguró que “Julio era un soñador”. “Esta muestra de cariño nos llena de amor y nos acompaña en nuestro infinito dolor” dijo María Inés, dirigiéndose a los vecinos que participaban del improvisado acto. Además, agradeció al personal del hospital Cullen –donde también trabajaba–, por el esfuerzo que realizaron al intentar salvar la vida del joven.

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Luego de que la familia se retirara, sumida en el cansancio del dolor pero reconfortada por el masivo acompañamiento, los vecinos autoconvocados decidieron marchar: un grupo se dirigió al Ministerio de Seguridad, mientras que el grueso de la movilización caminó hacia Casa de Gobierno santafesina. Lejos de desanimar a los presentes, la columna fue ganando manifestantes en el camino y haciéndose cada vez más nutrida. Llegaron a la plaza 25 de Mayo alrededor de las 20 y, ya frente a la Casa Gris, las lágrimas dieron paso a los gritos y a las protestas a viva voz, con la gestión provincial como destinataria de todos los reclamos y con la figura de Maximiliano Pullaro como el principal cuestionado: "¡Pullaro, renunciá!" fue el mensaje que creció y se apagó una y otra vez, acompañado de silbidos y palmas.

Convocatoria por Julio Cabal frente al Ministerio de Seguridad, desde el drone de Aire de Santa Fe

El momento de mayor tensión se vivió cuando un grupo de personas subió las escaleras y comenzó a golpear los vidrios y las rejas de las puertas de entrada a la Casa de Gobierno. El ruido era ensordecedor e iba en aumento, pero la situación no pasó a mayores porque otros manifestantes intervinieron para calmar las aguas: “Eso no corresponde. Estamos enojados y dolidos, pero las cosas no se hacen así”, explicó una de las mujeres que pidió tranquilidad al resto de los presentes.

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Poco a poco, ya cerca de las 21, los vecinos se fueron retirando de la plaza, donde sólo quedaron pequeños grupos que seguían intercambiando comentarios sobre el tema obligado: la gran cantidad de personas que se sumó a la movilización, que tenía pocos precedentes en la ciudad. Fue un fuego de combustión espontánea: tan rápido como se extendió, se apagó. El miércoles siguiente se convocó otra movilización con la misma consigna y el nivel de asistencia no llegó ni a un 50% de la primera. De allí en adelante, una escena como la de aquel miércoles 18 de septiembre no se volvió a repetir. Todas las convocatorias por seguridad contaron con escasa presencia desde entonces, a pesar de que el delito, la violencia y la muerte siguen, como ya se dijo al principio de esta nota, a la orden del día.

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