Baño de monte, una inmersión en la áspera belleza del norte santafesino

En un rincón del noroeste de Santa Fe, hay un sendero que explora el monte del quebrachal, un denso mundo de enredaderas, ramas, espinas y flores. Un viaje que despierta los cinco sentidos y al que cada uno ingresa con sus recuerdos, sueños y fantasmas.

POR GASTÓN NEFFEN

Para que el baño de monte limpie el alma hay que entrar en silencio y recorrer despacio los 2.000 metros de quebrachos, garabatos, mistoles y algarrobos que forman parte del sendero Cumelén –“estar bien” en el dialecto indio araucano- en la estancia Raihue, a 15 kilómetros de Villa Minetti en el noroeste de Santa Fe.

Baño de monte, ecoturismo en el norte santafecino.

El sendero es un sueño de Silvina Asturiano y María Soledad “Yayi” Terré, las dos mujeres que mantienen la senda para que se pueda entrar a esta sofocante y bella “isla" de monte santafesino en la que todavía se preservan las tres variedades de quebracho: blanco, colorado santiagueño y colorado chaqueño.

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En la primera estación –la que despierta el tacto- hay que descalzarse y sumergir los pies en el manto del monte, una “alfombra” entrelazada de tierra, ramitas y hojas secas. “Hay que besar la tierra con los pies”, propone Asturiano, que lleva décadas soñando con un producto turístico del noroeste santafesino.

Al caminar entre las ramas de los árboles, el silencio es esencial para sentir el mantra del monte, un ritmo en el que se escucha más fuerte el canto de las cotorras y el zumbido de las moscas, pero que superpone miles de sonidos más sutiles de todo el universo que suena en el corazón del monte.

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En la segunda estación hay que sentarse para despertar el gusto: hay manzanas y pasas de uva. Hace calor y las ramas de los quebrachos no atajan todos los rayos del sol. Lupe Valenti, coordinadora de Mujeres de Monte, agarra la tierra con las manos y la filtra con los dedos. Se conmueve y se le escapan un par de lágrimas. “Es muy fuerte todo esto. Son los olores y las sensaciones de mi infancia; cuando hacíamos bolitas de barro y nos desafiábamos a trepar los árboles”, recuerda.

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En la próxima parada hay que abrazar un quebracho colorado santiagueño, que está solo a un costado de la senda. ¿Qué se siente al abrazar un árbol? Tamara Ojeda, docente rural en una escuela de Arocena, se prende al árbol durante un largo minuto. El quebracho es todo menos suave y hay decenas de pequeñas moscas que nunca dejan de zumbar, pero cuando suelta el tronco tiene una sensación de paz interior.

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La peregrinación por el monte sigue y de repente aparece un claro entre los árboles. La propuesta es tirar la esterilla al piso y mirar el cielo en un atardecer que tiñe de dorado los espartillos chuza. Son las seis de la tarde y en el norte de Santa Fe el epílogo del sol tiene un horizonte infinito. Nadie dice una palabra y el mantra del monte ahora parece una sinfonía.

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Después de mirar el cielo -y recordar lo que es mirar en serio- comienza la verdadera inmersión: la senda se interna en el quebrachal. Se camina apretado entre las ramas y hay que apartar enredaderas, tener cuidado con las víboras y saltar algunos troncos. Así era el norte santafesino hace un siglo y medio.

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En la última estación hay que sentir los olores del monte. Las esterillas van otra vez al piso para compartir un té riquísimo y con aroma floral. También se sienten otras cosas: la piel pica y hay arañazos en los brazos -a nadie se le ocurrió entrar con pantalones cortos-. El calor no afloja y la remera de AIRE se pega al cuerpo.

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Silvina Asturiano (izquierda) y "Yayi" Terré mantienen el sendero Cumelén y son las guías de esta experiencia en el monte.

Al salir del monte, sentados en pequeños troncos, Silvina y “Yayi” quieren que cada uno cuente lo que le dejó la experiencia. A Lupe el monte la conectó con su infancia y quiere volver con todos los que la quieren. Tamara vuelve a hablar de paz interior y armonía, porque así se siente cuando está en medio de la naturaleza.

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Entre los árboles, Cristian “Colo” Álvarez, de la Secretaría de Turismo de Santa Fe, pensó en la amistad y la camaradería. Está feliz de haber compartido la senda con gente a la que considera amigos, “porque sienten y quieren la tierra”.

Silvina, que trabaja en el área de Turismo del Ministerio de la Producción en Villa Minetti, está emocionada. “Este es un sueño de 20 años”, insiste. En el campo de su familia -que está a un par de kilómetros- tiene un sendero muy parecido: el paseo por los montecitos de chañar y una especie de santuario de lampalaguas. “Son de la familia de las boas y no son peligrosas para las personas”, asegura.

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“Yayi”, que es docente especializada en educación especial, hizo todo el recorrido sonriendo. Está segura que este rincón de monte, que está en el campo de su familia, también va a ser un gran aliado en proyectos ligados a la equinoterapia.

Cada una entra con su historia y las experiencias son diferentes, pero el quebrachal enseña mucho y en los detalles muestra la belleza que se esconde inmersa en el monte santafesino.

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Cómo llegar a Villa Minetti desde Santa Fe, Capital

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Nota de redacción: para organizar y reservar un baño de monte se puede escribir a estos dos mails turismo-villaminetti@hotmail.com o mariasoledadterre@gmail.com. También enviar un mensaje a los teléfonos 3491-442309 (Silvina Asturiano) - 3491-467364 (María Soledad Terré).