Agustín Falco: el Cine, esa otra manera de decir

Agustin Falco

 

Hacer cine es mucho más complicado, las herramientas de producción son más difíciles, y es un arte un poco angustiante para el que lo quiere hacer porque hay mucha diferencia en lo que uno ve como espectador y lo que puede hacer como realizador al comienzo. Al contrario de la literatura o las artes plásticas en las que uno ve y dice: “esto yo lo podría hacer”, eso es otro tipo de desesperación. Yo tengo todas las herramientas y no puedo resolver igual que el tipo que la hace tan fácil. En cambio, en el sistema de producción para el cine, más allá que sea lo más independiente posible, requiere armar un sistema de herramientas materiales y de organización que están muy lejos de vos espectador.

En Revista TODA se entrevistó al cineasta Agustín Falco con quien compartimos un grato momento.

TS- ¿En qué momento surgió tu pasión por el cine? ¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos?

AF- Hay toda una historia familiar tanto de mi mamá como de mi papá que son del ámbito del teatro, a pesar de que no es lineal, desde chiquito tengo recuerdos de ir a ensayos y de acompañar a mi viejo al lugar donde construían escenografías. En algún momento de mi infancia, empezamos a agarrar con algunos amigos la cámara de mi papá, una vieja Panasonic 8000 y a hacer alguna toma e inventar cortos, inventar historias. Después intenté la escritura, y lo abandoné en la adolescencia, dejé de lado todo lo que tenía que ver con el arte hasta los 18 años, lo cambié por el deporte. Fue una etapa muy interesante por todo lo que tiene que ver con el trabajo en grupo y también porque pude construir ciertas herramientas de personalidad, que me encontraban antes un poco más tímido y retraído. Mientras estudiaba filosofía, fui al taller de cine de la Universidad, el que dirige Raúl Beceyro y ahí hice mi primer cortometraje, mientras que paralelamente hacía otro con unos amigos.

agustin falco

 

TS-O sea que tu búsqueda fue ininterrumpida ya que estabas inserto en un mundo que te decía del cine

AF-Por supuesto, yo empecé yendo al videoclub con mi papá y creo que antes de los 13 años ya había visto todas las películas de Hitchcock que estaban en la videoteca. Me acuerdo que a los 12 años enganché en la televisión “2001 odisea al espacio”, mal doblada y una copia horrible y con cortes comerciales incluso, y dije: “acá hay algo nuevo, algo que no se puede decir de otra manera y que esta dicho inéditamente”. De hecho, es muy difícil decir qué es el cine en sí específicamente como arte. Uno se da cuenta en determinado momento, y son momentos personales, en el que vos decís este tipo tuvo que hacer una película para decir esto porque no había otra manera de hacerlo.

 

TS-¿Qué experiencias han sido claves en tu formación como cineasta? ¿Y qué personas o qué lugares han sido importantes en la construcción de este perfil profesional?

AF-Los momentos importantes son sin dudas algunas películas que vi y me marcaron como realizador, y también obras de otras ramas artísticas, determinados libros, artistas visuales. Cuando me encuentro con algo así y digo: “acá hay algo que me conmueve, algo que va más allá de lo racional”. De hecho yo me conmuevo muy fácil. La personas son los maestros que fui cosechando como Raúl Beceyro, Rolando López, mi entrenador de remo que me enseñó a congeniar en grupo, a perseverar en lugares que hay que hacerlo para crecer. Ni hablar de Fernando Birri que no fue maestro formal mío, no lo tuve frente al aula, pero trabajamos con una película, un film escuela.

TS- ¿Qué es lo que distingue al espectador de cine santafesino? ¿Cuál creés vos que es el vínculo que hay entre el espectador de cine santafesino y el cine santafesino?

AF-Partamos de que hubo vínculos que se rompieron entre el espectador de cine santafesino y el cine en general, y también con el cine santafesino. Esta fue una ciudad donde hubo 24 cines funcionando simultáneamente. Hoy hay dos cines que tienen corte de entradas. Entonces de una cosa a otra hay un camino, yo creo que se está empezando a recomponer, no está recompuesto y no es muy buena la expectativa, pero yo tengo la esperanza que pase un poco con el cine lo que está pasando con el teatro. Con el desarrollo de las tecnologías y de la comunicación, lo que ha sucedido es que hay muchas maneras de ver cine a las de las salas cinematográficas, entonces el evento “ir a la sala de cine y ver la película”, el rito, se fue perdiendo o por lo menos disgregando. El cine santafesino tiene una larga historia de desarrollo cinematográfico y de las artes audiovisuales y eso está presente. Yo creo que el espectador de cine santafesino espera ver inevitablemente ciertas temáticas y ciertos paisajes. Cuando hacemos cortometrajes o productos audiovisuales no pensamos en el público santafesino, sabemos que está incluido porque el audiovisual requiere pensar en públicos más grandes. Vos podés hacer un documental y mandarlo a Japón y en Japón te sacan un artículo del corto y eso es fantástico. El cine santafesino es, de alguna manera, heredero de la escuela de Birri, porque después se disgrega la tradición o esa impronta en principio neorrealista de Fernando, hacia un cine más comprometido en lo social y de corte documental de la escuela del realismo francés que tiene su núcleo en la literatura de Saer, esas son las dos corrientes con una raíz en común: “Juan L. Ortíz”.

TS- ¿Qué es lo que hace que una película conmueva?

AF- Las películas producen como despertares gnoseológicos, una identificación con ciertos personajes que uno los encuentra parecidos a uno y se enfrentan a situaciones que nos retrotraen a nuestra propia experiencia. Creo que lo mismo que ocurre en el teatro sucede en el cine. El cine es de actores, pero de actores y de personajes, incluso en la película más vanguardista hay un rasgo de identificación. En todo caso cuando en las películas no hay un trabajo de dramaturgia es a propósito, es un elemento que también puede llevar a desencadenar ciertas emociones.

TS- ¿Qué es Mucha siesta Cooperativa limitada? ¿Y por qué una cooperativa como modalidad de trabajo?

AF- Es reciente la cooperativa formalmente, un grupo de realizadores que venimos trabajando cooperativamente juntos hace cinco años sin serlo, decidimos conformarla. Algunos de los miembros son cooperativistas y tiene muchísimas ventajas laborales: hay una administración centralizada en la voz del conjunto. Entonces, si vos realizas un producto audiovisual con presupuestos, ya sean públicos, privados o bien mixtos, a la productora le corresponde el 10%, estamos hablando que en muchos casos son millones de pesos, en cambio, si vos conformás un trabajo de tipo cooperativo, mucha de esa ganancia puede estar volcada hacia lo artístico y no sólo hacia lo económico. Mucha siesta en este momento acaba de terminar una serie y tiene dos series más para filmar de televisión, un largometraje documental ganado por concurso en el INCCA y estamos gestionando la realización de dos largometrajes de ficción. Con Mucha siesta estamos logrando hacer lo que tiene que lograr, para mí, el cine, el audiovisual, en sus orígenes nace como una curiosidad técnica, pero nace como ese intento de unir distintas ramas artísticas en una sola. Bregamos por generar productos que signifiquen reunir a distintos actores del quehacer artístico santafesino en un producto industrial. A nosotros nos interesa mucho armar seriamente esto por eso trabajamos siempre en relación a los sindicatos existentes priorizando la parte laboral.

TS-Tenés un amplio recorrido por canal encuentro, por INCAA, ¿son circuitos que elegís por convicciones ideológicas, son circuitos donde es accesible mostrar la producción de un cineasta del interior?

AF-Hay dos cuestiones ahí, en principio, una de las personas que más me ayudó en el desarrollo profesional fue Mauricio Minotti, que es el director de la productora santafesina que se llama Malchiko, que realiza muchos contenidos para Canal Encuentro y para señales de TV y también canal oficial tanto provinciales como nacionales, y me ha convocado muchas veces, y por otro lado hay que decir que el gran productor audiovisual del país, el más grande, lejos, es el Estado. En cualquiera de sus jurisdicciones, el Estado es el productor. Y además, por convicción ideológica, todo lo que realizo tiene una convicción ideológica pero no partidaria. Considero muy positivo dos grandes momentos políticos de la sociedad argentina, uno es la Ley de Cine que es mejorable pero que permite la realización de películas en una mayor escala. Y otro es la ley de Medios.

TS- ¿Cómo fue el recorrido para que una producción local tuya llegue a festivales internacionales y qué significan esas menciones, esos premios?

AF- Fábula, es el corto que ganó un premio como mejor guión del Instituto Nacional de Cine que se llama Historias Breves, se hace todos los años y yo salí en la edición número siete con otros ocho cortometrajes. Eso te da una pantalla de comercialización muy grande a pesar que el cortometraje no es un género comercial, es decir, no tiene recupero, no corta entrada. Sirve como presentación de los realizadores y tuvimos la suerte que fue elegido para la muestra argentina en Cannes entre otros cortometrajes. Entonces se estrena ahí y después, por gestiones mías y de la cooperativa, lo enviamos a otros festivales y fue teniendo su recorrido y reconocimientos.

TS- ¿De qué se trató tu reciente trabajo H13?

AF-Habitacíón 13 es una serie de televisión que tiene como premisa trabajar sobre la modalidad de tapón escenográfico, es la modalidad más común en la sitcom norteamericana, en las que hay un solo decorado y se utiliza para filmar en serie todos los capítulos uno atrás del otro. El decorado es la habitación 13 de un hotel pero cada capítulo es unitario, o sea que son distintos, de manera tal que lo que une a cada capítulo es el lugar donde sucede. El lugar es como el personaje de esta historia y además, el único personaje que se repite es el conserje del hotel, que está interpretado maravillosamente por Raúl Kreig. Rubén Von der Thüsen es el director de actores; él es supervisor de todo el registro, fue imposible trabajar minuciosamente con todos en un mes, son sesenta actores. Ensayaron 13 capítulos, cuatro veces cada uno, si hacés la multiplicación no te da el tiempo físico, entonces elegimos un sistema de directores de puesta en escena. Y utilizamos directores de teatro jóvenes de nuestra generación que trabajaron con cada capítulo diferente, Rubén paseaba por cada capítulo para dirigir a los actores y nosotros para chequear la parte narrativa. Armamos un engranaje que llegó al día del rodaje con ensayos encima, con dirección de actores y con las modificaciones en el guión que nosotros veíamos que surgían.

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