“Taruchiando” el pichanas

Como ya se hizo una costumbre para mí y mi familia en los últimos años, una escapada a Villa de Soto,  la  carismática cuidad del noroeste cordobés ( a solo 25 km de la localidad de Cruz del Eje ), es una constaste, no solo por la pesca, que en ocasiones pasa a segundo plano, por la belleza del lugar y la amabilidad de su gente.

Por: Ariel Robledo

El alojamiento,  un clásico para la mayoría de los turistas que eligen ese destino: Complejo Barrancas del Río, su infraestructura, atención y comodidad lo hacen único en la zona.

Cómodamente instalado y disfrutando de las cristalinas aguas del enorme piscina que posee el complejo, la pesca casi ni se me pasaba por la cabeza, los 36 grados de temperatura ayudaban en una gran parte a que esto fuera así.

Pero de ninguna manera Martin pensaba lo mismo, si va a Villa de Soto, le gusta pescar, una “ taruchiada” en el Dique Pichanas no le puede faltar.

Así fue que alrededor de las 16 hs., con un sol más que radiante ( en ese momento ) emprendimos junto a Martín los 15 km que separan la cuidad del enorme murallón del dique.

Al llegar el espejo de agua se veía esplendido, poco oleaje, aguas cristalinas, las últimas lluvias en la región habían levantado el nivel, pero no oscureciendo las transparentes aguas.

Bajar el bote solo demoró unos minutos, en poco tiempo estábamos navegando con motor eléctrico las mansas aguas del dique, es importante aclarar que en el Dique Pichanas no está permitido navegar con motores a explosión.

Lentamente Martín fue navegando hacia una pequeña “mesilla”, apenas inundada, solo unos 70 cm. de agua cubrían el pequeño vallecito.

La claridad del agua era aún mejor que en las cercanías del paredón de contención.

El silencio del motor eléctrico al navegar,más la claridad del agua permitían ver entre chañares y piedras semi o totalmente sumergidas, el moviendo de las taruchas debajo del  agua, la nitidez era tal que hasta perecía posible tomarlas con las manos, si esa iba a ser la cantidad de capturas, la diversión estaba garantizada.

Amarramos el bote a un costado de la mesilla, nos cargamos el chaleco de señuelos y por si acaso algunas mosca, poppers mosqueros, con esa claridad de agua la pesca con mosca se tenía que dar. Cañas en mano y comenzamos a vadear entre árboles y piedras.

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