Santa Rosa de Calchines, paisajes y sabores de la costa

Santa Rosa de Calchines, es una pequeña localidad de la costa santafesina, su tranquilidad y los encantos naturales que la rodean se han convertido en un imán para los turistas que eligen este destino para descansar, realizar excursiones y, por supuesto, disfrutar de la pesca deportiva.


Por Ariel Robledo

Guillermo Kees, hace ya varios años imaginó a Santa Rosa de Calchines como un destino turístico, aún cuando nadie apostaba que la costa santafesina podría convertirse en una atracción. Con su complejo El Molino, empezó a recibir la afluencia de los visitantes, los que progresivamente fueron en aumento, como así también fue en aumento la infraestructura disponible en la región.

Hoy Santa Rosa de Calchines luce el emplazamiento de excelentes complejos, entre los que se destaca el emprendimiento de Guillermo, quien incansablemente le suma atractivos a sus cabañas, y le agrega servicios para que los visitantes pasen días inolvidables.

Desde hace bastante tiempo que teníamos pendiente una visita a este maravilloso rincón de la costa.

Luego de algunos meses de inactividad por un accidente doméstico, deseaba con ganas volver a pescar, y fue así que coordinamos todo para pasar un día a pura naturaleza.

Desde muy temprano nos aguardaban en el complejo, Guillermo, su hijo Emanuel, y el hermano de Guillermo, para zarpar en busca de emociones. Con la amplia lancha que poseen para las excursiones, y con un arsenal de elementos para pasar el día en la isla, salimos desde la costa, navegando por el riacho Calchines, después tomamos el San Javier, y la idea era llegar hasta el mismo río Paraná. En la navegación iríamos testeando distintos lugares con la caña y el sedal.

Emanuel, conoce perfectamente cada uno de los recovecos del inmenso delta de la zona, y por su cariño hacia la pesca fue adoptando técnicas que son poco usadas en la zona pero que dan excelente resultados. Si bien el estilo más practicado en la región es la pesca variada con carnada natural, con el paso de los años, y el surgimiento del baicasting, el spinning y el trolling con señuelos, los baquianos han incorporado estas técnicas con muy buenos resultados, siempre y cuando la tonalidad permita que los artificiales surtan efecto.

Lugares de aguas rápidas

En la navegación fuimos parando en algunos arroyos que mostraban fuertes correntadas, pero no tuvimos piques. Tras unos 10 minutos de marcha, Emanuel, nos indicó que íbamos a realizar trolling, o sea, la lancha marchando a velocidad lenta, con los señuelos arrojados y arrastrándose a unos 30 metros de la lancha. Esta modalidad, aplicada con equipos livianos y señuelos de media agua, en la zona de Santa Rosa, nos permite sentir la potencia del pique y además conseguir algunas capturas de buen tamaño. Emanuel, hace tiempo la practica con turistas y nunca le ha fallado.

Tomamos nuestros equipos de pesca y comenzamos a realizar las pasada en un pequeño arroyo que unía dos lagunas, y que era atravesado por un veril. Lentamente efectuamos el recorrido y tuve un pique en mi señuelo, pero no alcanzó a prenderse. Después le tocó a Nico Leones que compartía la lancha. La furia dorada atacó un señuelo de color verde Don Kb, y le propuso una interesante lucha.

Tras el salto del dorado pudimos advertir que se trataba de un hermoso ejemplar. Lo peleó con paciencia y el pez demostró con sus corridas que no iba a entregarse fácilmente. Tras varios minutos y el cansancio en la muñeca del pescador, la presa se fue rindiendo. Una vez en la lancha, inmortalizamos el instante con varias fotos, retratando la alegría de Nico por este excelente ejemplar. Luego de la devolución pasamos un par de veces con algunos piques erráticos, por lo que decidimos seguir navegando.

Desde que salimos hasta el río Paraná son unos 30 minutos de navegación, pero lo interesante de todo esto es que se puede ir pescando en distintos puntos, lo que hace que el viaje sea muy entretenido. Con algunas capturas de doradillos fuimos cerrando la mañana y le dimos paso a la gastronomía.

Comedor natural

En la costa del gran Paraná, la sombra se expande por doquier, por lo que sólo es cuestión de escoger un punto y establecerse para el gran almuerzo. Guillermo y su hermano se quedaron a cocinar, mientras que con Emanuel, salimos en busca de la pesca cercana. Afortunadamente un par de dorados más nos dieron el cierre que pretendíamos, y después de unos 45 minutos regresamos al campamento.

Cuando llegamos, un costillar se doraba a las brasas, junto con una olla de barro en donde se cocinaba un molleja salteada con verduras y tomates cherry. Sinceramente el almuerzo estuvo maravilloso, con pan casero y un buen tinto para regar las anécdotas e historias que compartimos en el lugar.

Como el sol estaba muy fuerte, decidimos quedarnos en la sombra, y disfrutar de la pesca de costa, que en ese sitio es muy efectiva. Aprovechando el agua clara realizamos varios lances con señuelos, y conseguimos varios dorados de mediano tamaño. Carlos Pizighini, Nico y Emanuel, tuvieron piques en sus cañas de dorados que propusieron una aguerrida batalla.

El momento de mayor emoción lo viví cuando en uno de los lances logro prender mi primer cachorro de surubí con señuelo, en la modalidad de baitcasting, algo que jamás me había sucedido y que fue sinceramente inolvidable. Justo en un chorro de agua que se formaba y en donde miles de mojarras estallaban atacadas por los predadores, lance mi artificial y conseguí seducir a un cachorrito que más allá del tamaño, va a quedar grabado en mi mente toda la vida. Le hicimos varias fotos y los regresamos, con la felicidad que solo estos momentos nos pueden dar.

Ates de partir y dejar el maravilloso comedor natural, se nos acercó una lancha con un padre e hijo que estaban pescando y nos mostraron un patí de más de 13 kilos que recién habían capturado y que delante de las cámaras de El Pato procedieron a devolver llenos de felicidad.

Emprendimos el retorno lentamente, con los tiempos regulados, ya que Emanuel tenía reservado un par de sitios en donde podíamos llegar a cerrar el día con excelentes tamaños de dorados.

Su pronóstico no falló: después de probar en un par de lugares, llegamos con el sol cayendo a un arroyo en donde lentamente fuimos probando en la modalidad baitcasting. El resultado, un hermoso dorado que coronó la tarde y que se dejó seducir por mi señuelo. Varios saltos cerca de la lancha y la enorme alegría del baquiano que de esta manera cerraba un día a puro éxito.

Al llegar a las cabañas, Guillermo con mucho orgullo nos mostró la sala cultural que tienen el complejo y en donde todos los meses se realizan exposiciones de artesanías, pinturas y dibujos de autores regionales, y en donde nuestro fotógrafo Darío Traffano, pronto tendrá su espacio para mostrar los excelentes trabajos que ha logrado.

Nos despedimos de la familia Kees, con la promesa de regresar nuevamente en las vacaciones con la familia, ya que todo el complejo y las actividades que está programadas son imperdibles.

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