Kayak fishing de invierno en Mar del Plata

Mar del Plata

 

Contrariamente a lo que podemos suponer, en los meses fríos de invierno, la práctica de la pesca en kayak suele ser muy fructífera en la costa de Mar del Plata, incluso con mejores resultados en variedad, calidad y cantidad de capturas, si la comparamos con el periodo cálido o estival.


Texto: Miguel A. Vinciguerra

Fotos: Fabián Castellán y Julio Rolón

Queremos, de algún modo, desmitificar un poco la creencia de muchos pescadores de que el invierno es sinónimo de pesca de pejerreyes solamente. Descubrimos hace años que a solo doscientos metros de la costa y a menos de cinco minutos de remo se hallan interesantes puntos de pesca frente a las playas de la ciudad de Mar del Plata, que albergan una rica y variada fauna ictícola que deambula sobre pedregales en busca de alimento, a veces en compactos cardúmenes, satisfaciendo a los más exigentes pescadores. La vedette que encabeza el elenco de este grupo de peces que rondan en las gélidas aguas es la pescadilla, acompañadas por brótolas, rayas, gatuzos, congrios, pez palo, etc. A media agua encontramos pejerreyes, palometas y anchoas de banco, base de la variada invernal, aunque siempre está latente extraer otras especies no tan comunes en la época.

Preparando equipos

Algo fundamental que debemos considerar cuando pescamos en el mar durante las estaciones frías es contar con la indumentaria apropiada para evitar cualquier cuadro de hipotermia. Por eso recomendamos, para afrontar temperaturas que oscilan en cero y diez grados, colocarse una remera de lycra de manga larga y, sobre ella, un traje de neoprene preferentemente 4/3 mm, medias del mismo material de 5 mm y botitas náuticas. Por último, una buena campera tipo anorak impermeable con bolsillos para llevar algo calórico y de esa forma evitar perder calorías producto de las bajas temperaturas. El chaleco salvavidas, incluso, se puede ajustar debajo de dicha campera y, si hay algo de viento, conviene colocarse, además, guantes para pesca, pasamontañas y gorro. Con todo este ropaje aguantaremos perfectamente unas cuatro o cinco horas de pesca dependiendo de la sensación térmica ya que, si el viento es superior a los 25 km/h, se resistirá muy poco, además de no ser recomendable el kayakfishing en esas condiciones.

 

Todo listo y a la mar

Elegimos un día diáfano, con vientos moderados del sector oeste, casi continental en ese sector. Nos reunimos un grupo de amigos en playa Sun Rider a eso de las nueve de la mañana. El mar se mostraba con algo de leva, pero aceptable y, además, ingresaríamos sobre el lado interno de la escollera de piedra que nos da reparo de la ola para evitar mojarnos o, en el peor de los casos, volcar en la rompiente. Entonces desembarcamos nuestras pequeñas naves alistando los equipos de pesca compuestos por cañas cortas de siete pies (2,1 m), reeles rotativos y aparejos de dos anzuelos de pata larga 2/0 y, como carnada, filete de anchoíta fresca para la variada de fondo y camarón pelado para el pejerrey.

Diagramamos primero recorrer un área cuyo lecho es de arena, que se halla a unos seiscientos metros de la costa, con el objetivo puesto en la pesca de algún lenguado, ya que, en ocasiones y en forma fortuita, aparecieron algunos y de importantes dimensiones. Luego, la idea era visitar el famoso point a escasos 250 metros de la orilla, frente a una pequeña y antigua escollera, la primera ubicada para el lado nordeste de nuestra posición.

Así las cosas, ingresamos al mar sin inconvenientes y en menos de diez minutos de remo llegamos al punto marcado por el GPS. La modalidad de pesca que empleamos fue el trolling, lanzando el aparejo a unos veinte metros y dándole movimiento con la velocidad de la remada, siempre atentos a la pantalla del ecosonda que presentaba las características del fondo marino, la presencia de peces, profundidad y temperatura del agua. Esa es, sin dudas, una herramienta muy útil en la navegación. Una hora intentando dar con los lenguados bastó para pegar la vuelta, ya que solo obtuvimos dos piques fallidos en los pejerreyes de carnada.

Nuestras proas apuntaron, entonces, al pozo donde se hallan los lindos pedregales rebosantes de crustáceos, lombrices y mejillones, alimento ideal para las especies rastreras. Paralelamente, uno de los amigos, Julio Rolón, se movió a otro sector para pescar pejerreyes escardones. Al cabo de unos minutos llegamos al punto elegido y comenzamos la pesca fondeando nuestros kayaks a distancias relativamente cercanas entre sí, incluso varios unidos por medio de un cabo de cinco metros.

Al principio, la pesca fue algo esquiva y solo la presencia esporádica de pescadillas nos hizo olvidar un poco del frío hasta que comenzaron a picar unos excelentes ejemplares de pescadillas que rondaban el kilo, y disfrutamos de sus saltos y corridas, más aún utilizando equipos livianos.

Promediaba la mañana y todos los pescadores estábamos satisfechos, pues la jornada era muy rendidora entremezclándose algún lindo pejerrey que devoraba la anchoíta del anzuelo 2/0. Grata fue la sorpresa al percibir una tremenda llevada de nailon en caña de Fabián Castellán, señal inequívoca de que se trataba de una corvina rubia de buen porte por la forma de cabecear. Luego de unos minutos de lucha se asomó una robusta “corvinota”, seguramente una de las últimas de paso en su recorrido migratorio hacia el norte. Pero no estaba sola, ya que Juan Micich, al unísono, clavó otro hermoso ejemplar exhibido para la cámara. ¡Qué felicidad!

Pasado el mediodía estábamos satisfechos con la jornada de kayakfishing, pero apostábamos a que apareciera una brótola, ejemplar deseado y, en los últimos tiempos, escaso. Como por arte de magia percibo un sutil pique, dejo tragar por un instante el cebo de mi línea y efectúo un cañazo. “¡Sí, –exclamé– viene una brótola!” Dicho y hecho, al levantar el aparejo veo asomar el lomo marrón de este pequeño “tesoro culinario”. Hacía rato que no capturaba un ejemplar de estos. Contentos con el “trofeo”, al ratito vemos en las cañas de Fabián Mateos y de Marcelo Millán levantar a la par sendos ejemplares de lindas de brótolas. Sentíamos que habían arrimado en cardumen y lo aprovechamos con creces, ya que se dieron numerosas capturas hasta el final de la jornada, casi diría, como en los viejos tiempos. Además se sumaron algunas palometas, anchoas de banco y hasta un escurridizo congrio de buen tamaño. Más no podíamos pedir: comprobamos la bondad de la pesca variada invernal que rara vez nos defrauda en ese lugar. Finalizamos la jornada a eso de las 14.00, muy contentos, con buenos ejemplares en nuestros tambuchos que nos harían disfrutar de una magnífica gastronomía en la mesa familiar.

La variada de invierno luce en su máximo esplendor. Están invitados, entonces, a disfrutar de un gran momento de pesca a bordo de estas versátiles embarcaciones y les aseguro que olvidarán por un momento el rigor del frío invierno entusiasmados con esta pasión llamada kayakfishing.

 

Revista El Pato

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