El Impenetrable, un viaje a la última frontera del Gran Chaco

El nombre “Impenetrable” evoca la imagen de un seco, extenso y polvoriento desierto con unas pocas manchas de bosque bajo y espinudo.

Por Riccardo Tiddi

En realidad el monte chaqueño es la masa boscosa mas grande de América latina después del Amazonas y encierra una increíble biodiversidad aunque su verde no se muestre tan vivo como el de su contraparte tropical. En su entrañas sobreviven animales únicos como el yaguarete, el tatú carreta, el oso homiguero, el tapir, el aguará guazú. En sus ríos abundan surubies, pacúes, yacarés y lampalaguas y sus secretas e inaccesibles lagunas son el paraíso de cientos de aves que van a nidificar en paz. El Impenetrable es el último rincón virgen que queda del Gran Chaco Argentino.

Lamentablemente en Argentina el Chaco se ha visto como una frontera para conquistar y su bosque nativo como un monte que había que remover en pos del desarrollo. En la primer mitad del siglo XX fueron depredados sus quebrachales para la fabricación de carbón, durmientes y tanino y se realizaron grandes desmontes para el cultivo industrial del algodón. Esto empeoró a mediados de los 70 cuando con la llamada “conquista de El Impenetrable” una deforestación masiva asoló el centro del Chaco para la práctica de ganadería vacuna, producción inadecuada y no sustentable para este ecosistema, y que continuó años mas tarde para el cultivo industrial de soja transgénica.

Por suerte el Impenetrable aún sigue siendo enorme y cruzarlo de este a oeste, desde la ciudad de Resistencia a orillas del Paraná hasta llegar a los pies de los Andes en Salta, es una experiencia enriquecedora que necesita preparación, espíritu de aventura y varios días! pero bien vale la pena recorrer esta frontera siguiendo las huellas y las picadas de los expedicionarios que a final del 1800 se internaron a la región. Es un viaje a través del tiempo y del espacio donde cada kilómetro nos regala una página de un Martín Fierro con celulares y motos a lado de chacareros y caballos y donde los Wichi, los Qom y los criollos, los verdaderos dueños del monte, son los huerfanos la historia, una historia olvidada y cuyas heridas todavía están abiertas.

De Resistencia a Juan Jose Castelli y de ahi a Miraflores donde termina el asfalto y es la última oportunidad para hacer la provista y llenar el tanque de combustible. Tomando dirección a Las Hacheras se entra al verdadero Impenetrable, ahí donde el GPS y el celular no sirven más. El camino, intransitable los días de lluvia, es la última defensa de la naturaleza frente al avance de la frontera agropecuaria. A su orillas cientos de garzas, chajas y muchas otras aves acompañan el viaje especialmente en la estación húmeda. En Paraje La Armonía encontramos el ingreso al nuevo Parque Nacional El Impenetrable que en breve debería abrir sus puertas. El Parque Nacional encierra los últimos palmares, esteros, pastizales y selvas en galería que hasta un siglo atrás enriquecían toda la región y donde todavía se pueden avistar con facilidad grandes mamíferos que en sus alrededores ya han sido cambiado por vacas, caballos, perros y chivos.

Continuamos camino hasta llegar a Fortín Arenales, uno de los fortines de la linea que debía sujetar “el salvaje a la civilización” y del que solo queda el nombre, Los criollos más ancianos, si son consultados con paciencia y respeto al lento ritmo del monte, todavía pueden contar detalles impresionantes de esta historia.

En Nueva Población conviven la comunidad criolla con una de las últimas comunidades wichí que todavía no se transladaron a un pueblo. Conversar con los Wichí requiere mucha paciencia. Desconfian del hombre blanco y sin un anfitrion local es muy dificil interactuar con ellos. La impresion que nos acompaña, superficial pero concreta, es de una pobreza y un abandono que no rinde honor a la fuerza espiritual de este pueblo originario.

En Nueva Pompeya es más facil interiorizarse sobre la historia de los Wichí visitando la antigua Mision franciscana que un tiempo fuera su refugio frente al exterminio o la Escuela Bilingüe de Pozo del Sapo. Amerita hacer un desvío hasta Wichi-Pintado Viejo para conocer el río Teuco, un inesperada oasis del seco monte. Tener la oportunidad de bajar el río es la mejor manera para avistar la fauna del Impenetrable pero requiere de alta logística, al menos 4 o 5 días y experimentados guías locales.

Retomando camino se llega Comandancia Frias un pequeño poblado en la frontera con Salta, donde con suerte, si olvidaron hacerlo en Pompeya, es posible recargar combustible. En todo el camino hay parajes criollos y merecen alguna que otra parada para tomarse un mate y poder conocer historias del monte y sus personajes.

En Colonia Rivadavia, en la plaza hay una caldera que puede ser un buen motivo para empezar a  investigar la historia del “barco en el monte”, legendario mito del Impenetrable inspirado en los antiguos barcos de vapor que en tiempo pasado remontaron el río.

A partir de acá el camino es enripiado y puede ser recorrido con lluvia. Poco después de La Unión se empiezan a ver las primeras curvas y subidas del chaco serrano, y mirando hacia atrás y ver el el verde océano del Impenetrable es posible darse cuenta de la enorme extensión del monte chaqueño. Estamos cerca de La Estrella, donde volvemos a encontrar el asfalto y a partir de acá volvemos al mundo nuestro de cada día.

Si en este viaje no se cruzaron con algún personaje que parece salido de un cuento, si no vivieron alguna situación de “realismo mágico”, si no se sintieron con ganas de dejar la oficina y quedarse a vivir para siempre en algún paraje, es que se han equivocado de camino. Y si lo cruzaron, serán de los pocos que lo hicieron, citando una vieja película, sentirán la necesidad de gritar al viento “La puta que vale la pena estar vivo”.

 

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